martes, 23 de junio de 2015

La velocidad de las cosas

Personaje:
Martín

En una sala de estar o un living vemos a Martín (20), a unos metros, sobre su izquierda y de perfil, a la humanidad paralizada de Rosita (30). La mujer ha quedado inmovilizada en momentos en que cruzaba diagonalmente la habitación, en una mano lleva un balde y en la otra un plumero. Sobre la derecha hay un perchero con un abrigo, una bufanda y una bolsa con ropa.

        
MARTÍN: Mi padre se detuvo, mi hermano Ramiro y su mujer también se detuvieron, mi madre obviamente no, mi madre falleció en el ‘95’ y si viviese, pobre, creo que no se hubiese detenido. Mi hermana Vivi, no; yo estoy escribiendo esto, así que tampoco. En el barrio el fenómeno fue dispar, sin lógica aparente, hablo de alguna lógica de este mundo.

Martín se acerca a Rosita, la vigila unos segundos y retoma.

         La cosa es más o menos esta: hoy es jueves, el lunes a eso de las diez, diez y media de la mañana, la gente que iba por la calle para las oficinas, a los súper, a los gimnasios, a casa de otra gente, empezó a andar lento, cada vez más lento, hasta que se detuvo. Así de simple.
Digo la gente que iba por la calle para que la cuestión sea comprensible, pero el fenómeno incluye a los que estaban en sus casas, en las casas donde trabajan, como en el caso de esta (señala a Rosita), en edificios públicos, negocios, iglesias, colegios, automóviles, pizzerías. Cuando sucedió yo dormía, siempre duermo hasta el mediodía, así que al despertar, mientras encendía las hornallas para calentar el café me enteré por la tele.

Vuelve a acercarse a la mujer.

         Esta es Rosita. ¡Saludá, Rosita! (por señas la conmina a girar inútilmente hacia el público) Es una buena mujer, está casada, tiene un par de hijos. Bah, no sé si está casada, sí que tiene un par de hijos, pero eso ahora no tiene importancia. Rosita estaba limpiando, siempre comienza por las habitaciones, sigue por los baños, luego va hasta el balcón y riega las plantas (mientras describe esto camina como intentando reconstruir el trayecto seguido por la mujer) Sí, yo creo que había terminado con los baños y estaba yendo hacia el balcón.
Que es raro, es raro. Ahora bien, ¿cuesta creerlo? A mí no, diría más bien que lo creo perfectamente, como están dadas las cosas en el mundo hoy puede suceder casi cualquier cosa.
¿Estrés, un virus desconocido que ataca al sistema nervioso central? Los genios de los programas de la tarde tartamudean su asombro y nunca se ponen de acuerdo. Como en toda ciudad más o menos organizada se puso en marcha el sistema sanitario y a media tarde aullaron ambulancias trasladando a los primeros a los centros de diagnóstico. Los sometieron a exámenes, los tomografiaron, no habían entrado en pánico, no estaban en estado de shock, sencillamente se habían detenido.
La cantidad total se ignora: digamos que una parte importante de la población. De una familia tipo, por poner un ejemplo, dos se detuvieron y tres no. En nuestro caso, si cuento a mi cuñada como familia, la cifra se invierte: tres sí y dos no.

Va hasta Rosita y le toca un pecho.

         Perdón, pero esto es algo que siempre quise hacer. El martes, mi hermana lloró casi todo el día, por la tarde me insultó como si yo fuese el responsable, por la noche armó un bolso y se fue a lo de nuestra tía Haydée a Mar del Plata.
Los hospitales, como es lógico, colapsaron y las autoridades -ante nada mejor a que echar mano- decidieron dejar a los detenidos allí donde habían dado el último paso.
Mi padre quedó a mitad de camino entre la puerta abierta de su auto y la entrada del taller adonde lo lleva a revisarle el sistema eléctrico. El miércoles lo fui a ver. De mi hermano y su mujer no hay noticias, así que deduzco que también han sufrido su detención.
Yo soy de naturaleza tranquila, no me alarmo, no entro en pánico como esa multitud de desaforados que taponan la subida a la autopista para escapar. No es que no me importe, digamos más bien que guardo ciertas distancias, no tengo demasiadas expectativas en cuanto a lo que pueda suceder con la vida, entonces no dramatizo y trato pensar.
En principio, me gustó la arbitrariedad. ¿De qué depende el haberse detenido o el seguir en movimiento? ¿Hay alguna razón oculta? ¿Es puro azar?
Ayer  salí a ver el panorama. Las calles son como la imagen de una película cuyo proyector acaba de trabarse: un mismo fotograma, vibrante, espasmódico, busca echarse a andar y no lo consigue. Es una pausa rara, impenetrable. Me quedé observando a los detenidos largo rato:

Se acerca nuevamente a la mujer y observa su rostro.

         Todos tienen como una mueca de interrogación, las aletas de la nariz apenas se les mueven, algunos transpiran a mares, otros lloran, las lágrimas les bajan por las mejillas en un acto mecánico, sin gracia. Lo fascinante es la expresión de los ojos: es como si en la última milésima de segundo sus cerebros hubiesen procesado una única imagen, un mismo, exacto pensamiento. ¿Cuál fue? ¿Qué vieron?

Se vuelve hacia el público.

         Estoy ahí, en la calle, junto a un detenido cualquiera y entonces a mis espaldas de golpe escucho un carraspeo. Sé lo que sucede, me corro y doy paso al familiar o al amigo que con un banquito plegadizo, el tejido o el diario de la tarde viene a hacerle compañía al detenido y sigo mi camino: quiero dejarles en claro que no soy un mirón, que no me estoy divirtiendo, o burlando, que sólo trato de entender.
Mi padre dice que soy apático, que desde que terminé de estudiar mi actividad más regular y productiva ha sido proyectar sombra. A él le gusta formular esos juicios de humor dudoso. No lo sé. No es que yo piense que el mundo es un mal sueño, la humanidad un sistema alienado, me encajo los auriculares, me tiro en la cama y que todo estalle en mil pedazos. No. Más bien me aturde el caos, la multiplicación, la velocidad de las cosas. Creo que para que uno se mueva primero tiene que haber alguna dirección hacia la cual ir, y por más que me empeñe no la encuentro.
Con mi padre somos opuestos, él tuvo mil actividades, viajó por el mundo, se casó tres veces, sabe hacer dinero y vive jactándose de sus logros. Pero resulta que ahora yo estoy acá, descorchando las botellas de su vino carísimo, o fumándole los habanos, y él detenido a mitad de camino entre la portezuela abierta de su Land Rover y la entrada del taller de Rodados Mario. ¿No es irónico? Quizás en eso haya algún mensaje, una respuesta a lo que está pasando.

Se acerca a la mujer, la toma por atrás y le aprisiona ambos pechos.

         ¡Te amo, Rosita! ¡Volvé! ¡Recuperate! (la suelta, de nuevo al público) ¿Hay recuperados? Hace un rato, en el canal de noticias por segunda vez se informa el caso de un recuperado -el otro fue el miércoles, había sido primicia de Crónica. Miro la placa con el titular, a continuación las cámaras muestran el lugar de los hechos: el protagonista, un vendedor de panchos en Avenida de Mayo y Florida, dos testigos describen la secuencia: hombre detenido entre otros detenidos, hombre en el que en sus ojos de golpe algo cambia, cuerpo que sufre un espasmo violento, hombre que sacude la cabeza, mira el entorno, se toma unos segundos para volver en sí y huye despavorido. Como la de Crónica el miércoles, la información es falsa. Media hora después otro canal la desmiente, un locutor habla de irresponsabilidad, de amarillismo. Se me ocurre pensar que quizás estamos en las horas finales del mundo y que existe alguien en un canal de televisión que por tres puntos de rating y un ascenso inventa lo que los demás, a gritos, necesitan creer.
A la detención de mi padre no la siento, en cambio extraño a mi madre. En líneas generales la extraño desde que murió, pero creo que si ahora estuviese aquí me ayudaría a comprender. Mi madre era un ser armónico, vivía en paz con su prójimo y eso se malinterpretaba por debilidad. En cierta forma era alguien de otra época, decía que hay que temer a la naturaleza, y dentro de la naturaleza que debemos aprender de los animales. Me inquieta asociar sus palabras con las palomas de plaza Holanda: al principio las palomas de plaza Holanda se mostraban desconfiadas, pero ahora duermen sobre los hombros de los detenidos, los defecan alegremente. ¿Eso qué significa? ¿Por qué ya no les temen?
Mi hermana me llamó por teléfono y me pidió disculpas. Mi hermana Vivi atraviesa la adolescencia, por lo tanto hay momentos en que es un ser normal y otros en que no. Me dijo que cierre la casa, que active las alarmas y que me tome un ómnibus a Mar del Plata, que la tía Haydée nos puede alojar hasta que esto pase. Le respondí que estoy bien acá: la ciudad tarde o temprano tendrá que retomar su ritmo, la mitad en movimiento se acostumbrará al nuevo paisaje, redoblará el esfuerzo para suplir a los detenidos y todos felices y contentos. Además, ¿qué hago con Rosita? ¿La saco a la calle y la pongo en un container?

Va hasta el perchero, saca el abrigo,  la bufanda y la bolsa de ropa. Se coloca el abrigo.

         En la calle escuché un diálogo entre dos individuos que parecían saber de lo que hablaban: uno decía que pasado el período de “incubación” -utilizó esa palabra- el virus debería mutar o desaparecer, con lo que todo tendría que volver a la normalidad; el otro le retrucó que no, que por el contrario la cosa mostraba síntomas de empeorar y que se esperaban réplicas de detenciones en otras latitudes.

Se pone la bufanda, le da un beso en la mejilla a Rosita y se apresta a salir.

         Si alguien me preguntara a mí, me inclinaría por la segunda hipótesis, no es que sea negativo, lo que sucede es que no creo en los finales felices, como cuando veo películas suenan armados, artificiales. Pero no veo de qué puede servir lo que yo opine.  Ahora salgo a ver a mi padre (muestra la bolsa) lo voy a afeitar, le llevo una gorra para el sol, también tengo que cambiarle la ropa humedecida por el rocío. Y voy a aprovechar para verle los ojos, es notable la expresión que tienen en los ojos.

APAGÓN

viernes, 15 de mayo de 2015

Orientación vocacional

Personajes:
Padre
Hijo
Madre

Desayunador de departamento, el PADRE, impecable pantalón, camisa blanca, corbata y sobaquera con pistola, está haciendo lagartijas en el piso, termina, se sirve café, lo toma de parado. Un rehén, encapuchado y amordazado, con precintos en las muñecas, yace a un costado. Entra el HIJO proveniente de su habitación, arma, sobaquera y vestimenta similares a las del   PADRE, trae a otro rehén y lo deposita junto al rehén del PADRE.
PADRE: Buen día.
El HIJO no contesta, se frota los ojos, se sirve una taza de café.
PADRE: Parece que dormimos mal.
El HIJO ídem.
PADRE: ¿A qué hora llegaste?
HIJO: Tarde.
PADRE: Tarde… ¿Tarde a qué hora?
HIJO: Tarde tarde, se me complicó. ¡No rompas!
PADRE: No rompo, okey, no rompo (el PADRE termina su café, observa al HIJO) ¿No vas a hacer las lagartijas?
El HIJO comienza a hacer el ejercicio a desgano.
PADRE: ¿Cuándo llegaste te fijaste en la entrada?
HIJO: Mmm.
PADRE: Otra vez la basura desperdigada.
HIJO: Mmm.
PADRE: ¡Para qué carajo ponen contenedores! Este barrio es un asco, habría que irse.
Entra la MADRE proveniente de la calle, arrastra a su rehén de los precintos de las muñecas, trae una bolsa con verduras. Cuando se saca el abrigo, sobre la blusa lleva sobaquera y arma similares a las del PADRE y el HIJO.
MADRE: Pasaba por el mercado y aproveché. Traje zanahorias, tomates y cebollas (deja al rehén con los otros y revisa la bolsa de verduras)
PADRE: ¿Qué te olvidaste?
MADRE: Un morrón.
PADRE: ¿Vas a hacer lasagna?
MADRE: Si llego, sí. ¿Desayunaste, Carlos?
HIJO: Mmm.
MADRE: Pregunto de nuevo: ¿desayunaste, Carlos?
PADRE: Gladys, ¿por qué insistís con el tema ese del desayuno? A la mañana se toma café negro.
MADRE: Vos tomaras café negro. Él desayuna (de una alacena saca una caja de cereales) Tomá.
HIJO: Hoy no.
MADRE: Tenés que alimentarte, incorporar la energía que vas a consumir durante el día.
HIJO: ¡Por favor, mamá! (señala a su rehén) Anoche se me complicó y llegué a cualquier hora, ahora me duele la cabeza. ¿Es mucho pedir?
Tiempo. El PADRE se ríe.
MADRE: ¿Qué hay?
PADRE: ¿Por qué lo tratás así?
MADRE: ¿Así, cómo?
PADRE: Como a un nene.
MADRE: Porque es un nene.
PADRE: ¡Tiene diecinueve!
MADRE: Sí, tiene diecinueve y qué.  Mientras este bajo este techo, es mi responsabilidad alimentarlo y educarlo (va sobre el HIJO, le pellizca un cachete) ¡Cosita de mamá!
El HIJO se escabulle.
PADRE: Hablando de techo, recién le decía a Carlos que el barrio este no da para más, es una mugre. Tendríamos que mudarnos.
MADRE: ¿Mudarnos? ¿Adónde?
PADRE: No sé, o más para el Bajo, o a Zona Norte. Además, sabés muy bien que necesitamos otro ambiente (señalando a los rehenes) Cuando se nos juntan cuatro de estos no podemos apilarlos en la baulera de la cochera, o adentro del placard como la última vez.
Los rehenes sufren un ataque de pánico, a través de las mordazas gritan y sollozan.
MADRE, PADRE e HIJO: ¡SILENCIO!
Tiempo.
MADRE: No sé, Julio, mamá ya está grande, no quiero irme lejos de su casa.
PADRE (apura el café, mira la hora, se incorpora, va en busca de su rehén y lo agarra de los precintos de las muñecas): Bueno, lo hablamos está noche, ¿dale?
MADRE: Julio, ¿no podés sentarte un momento? ¡Siempre a las corridas! Desayunemos como una familia normal.
PADRE: Okey, tengo cinco minutos.
El PADRE deja al rehén. Los tres se sientan a la mesa. Tiempo.
MADRE: Compré yogur de frutos del bosque, Carlos, ¿te los traigo para acompañar los cereales?
HIJO: ¡Bueno, mamá, dame el yogur de frutos del bosque!
MADRE: ¡Qué hostil que estás! Quería hacerte una pregunta: qué es esa carpeta que estaba anoche arriba de tu cama.
HIJO: Te dije que no me revisaras el cuarto.
MADRE: No te reviso el cuarto, te estaba haciendo la cama y la vi. ¿Qué es?
HIJO: Son folletos.
MADRE: ¿Folletos de qué?
HIJO: De una escuela de actuación.
MADRE: ¡¿Actuación?! ¡ ¿Ahora es actuación?!
HIJO: Estoy viendo mamá, no me hostigues.
MADRE (al PADRE): ¡Te dije que está cada vez más raro! ¡Te dije que empeora! Todo esto empezó cuando le encontraste ese cigarrillo de marihuana.
HIJO: ¡Uy, cortala, mamá!
PADRE: ¡Tiene razón, pará un poco mujer!
MADRE: ¡Deberías estar orgulloso, Carlos!  Esto es lo que tu papá y tu mamá te enseñaron, lo que mamaste de chico. Que a tu edad, cuando la mayoría de los jóvenes no saben qué hacer con sus vidas, vos ya tengas una profesión…
HIJO: ¿Y si no me gusta? ¿Y si no es lo que quiero para mí?
MADRE: ¿Pero qué te pasa? ¡Qué pasa con esta familia!
PADRE: Gladys, no exageres.
MADRE: ¡Vos dejame hablar con mi hijo! ¿De dónde te vienen esas ideas? ¿Actuación? ¿Querés ser actor? ¿Sabés lo promiscuos que son? ¿Sabés que la actuación es un camino directo hacia la disolución de la familia, hacia la droga?
HIJO: ¡No digas disparates, mamá! (tiempo, cambiando) Es difícil de explicar, no sé lo que me pasa.
PADRE: Yo sí lo sé.
MADRE: ¿Ah, sí?
PADRE: Tu hijo se aburre.
MADRE: Carlos, ¿vos te aburrís?
HIJO: No me aburro.
PADRE: ¡Vamos, te aburrís como una ostra, Carlos! Nunca puede hacer las cosas según el protocolo, siempre tiene que agregarle alguna variante, algún toque personal, sin importar los riesgos. Como cuando lo de los empresarios del acero
MADRE: Los hermanos, me acuerdo. ¿Qué pasó?
PADRE: No te dije nada para no amargarte. Había que hacerlos entregar las claves bancarias. ¿Y qué hizo el señor? Usó nuestro contacto en la Morgue Judicial, el inconsciente ese de Cárdenas le consiguió un par de dedos de un NN y este se los envió en una caja a la familia.
MADRE: ¿Y?
PADRE: La caja la recibió el padre, el padre tenía marcapasos y dos bypass, la abrió y quedó seco.
Los rehenes sufren otro ataque de pánico, a través de las mordazas gritan y sollozan.
MADRE, PADRE e HIJO: ¡SILENCIO!
Tiempo.
MADRE: ¡Eso no está nada bien, Carlos…! Pero volviendo a lo de recién, nosotros queremos ayudarte, decinos, ¿cuáles son tus dudas? ¿Cuáles son tus incertidumbres?
HIJO: No lo sé, siento como que el tiempo se me agota. Que necesito conocer todo, investigar todo, cada oficio, cada profesión. Ver absolutamente todo lo que hay disponible... Ya lo sé, es una pavada.
PADRE: No creo que sea una pavada. 
MADRE: Definitivamente, no es una pavada  (tiempo) ¿Pero actor?
HIJO: No vuelvas con eso.
MADRE: Son ateos, Carlos, además de drogarse votan a la izquierda. Si fuera algo más relacionado, la Policía Federal Argentina, por ejemplo. La escuela de cadetes de la Federal.
PADRE: En el Departamento yo tengo contactos.
MADRE: ¡Con esos uniformes azules tan bonitos! ¿Eso no te gusta?
El HIJO se incorpora:
HIJO: Ahora no puedo seguir hablando.
MADRE: “Ahora no puedo seguir hablando” ¡Así arreglan todo ustedes!
PADRE: ¿Y a mí qué me metés?
El PADRE también se incorpora para salir.
MADRE: ¿Ah, no? ¿Y no te estás mandando a mudar vos también?
PADRE: ¡A trabajar, me voy a trabajar! (tironeando de mal modo a su rehén) ¡Vení para acá, vos!
MADRE: ¡Está bien, vayan, desaparezcan!  Las cosas importantes siempre quedan para otro momento. Pero antes yo iba a decirles algo… (piensa) ¡Ah, sí! ¿Anoche quién estuvo en el lavadero?
HIJO: Yo no.
PADRE: Yo tampoco.
MADRE: Nadie, obvio. Entonces el enchastre que había en el piso me lo imaginé.
PADRE: A ver, Gladys, tengamos la fiesta en paz. ¿Había un poco de sangre? Y bueno, sangran, ¿qué querés hacerle? Los traemos, se resisten, los golpeamos y sangran.
Los rehenes sufren otro ataque de pánico, a través de las mordazas gritan y sollozan.
MADRE, PADRE e HIJO: ¡SILENCIO!
Tiempo.
MADRE: Ya sé que sangran, no me quejo por eso. Lo que digo es que cada uno se haga cargo del suyo y limpie sus porquerías. ¿Es tan difícil?
PADRE: No es tan difícil. Tenés razón. Y cuando tenés razón tenés razón (al HIJO) ¿Escuchás lo que dice tu madre?
HIJO: Mmm.
El HIJO toma a su rehén de los precintos de las muñecas  y lo arrastra hacia el interior del departamento.
MADRE: ¿Qué hacés?
HIJO: Voy al baño, ¿no puedo?
MADRE: Sí, mi vida, claro que podés.
El HIJO con el rehén salen.
MADRE: No lo veo bien.
PADRE: Yo te dije.
MADRE: Carlos es un sol, un chico alegre, optimista, pero ya hace demasiado que está así.
PADRE: Está preocupado, Gladys, está buscando su propio camino.
MADRE: Y qué tiene de malo que sus padres lo ayuden,  lo alienten a seguir sus pasos, ¿acaso un abogado, un contador, no contrata a su hijo en sus propio estudio?
PADRE: Pero hay que preguntarse si es lo que él siente. Está buscando, ¿no te acordás cuando el año pasado se le había metido que quería ser médico epidemiólogo?
MADRE: En enero a mí me dijo que iba a ser personal trainer.
PADRE: Es lo que digo. Es un adolescente tardío.
MADRE: ¿Y eso?
El PADRE saca de un bolsillo una página impresa  y la desdobla.
PADRE: Lo leí de una revista en la peluquería. Mirá (lee) “el adolescente tardío está buscando un estado de equilibrio emocional, comienza a tomar decisiones y emergen sus preferencias vocacionales y recreacionales.
MADRE: ¡Fijate vos!
PADRE: En el medio de un bombardeo de sentimientos encontrados debe desarrollar la capacidad de evaluar riesgos y tomar decisiones conscientes, lo que le produce angustia y al mismo tiempo aumenta su capacidad para el pensamiento analítico y reflexivo.
La MADRE se queda abstraída.
PADRE: ¿Qué pasa?
MADRE: Nada, pensaba: todo esto de la búsqueda, de las dudas y la desorientación, ¿no te suena a algo?
PADRE: Por favor, no vamos a volver con eso.
MADRE: ¡Obvio que vamos a volver!
PADRE: ¡Pasó hace 25 años años, Gladys!
MADRE: ¡Pero pasó, Julio, pasó! No habíamos cumplido el año de casados y pasó. Vos me abandonaste.
PADRE: Éramos muy jóvenes, yo no sabía lo que quería.
MADRE: Me abandonaste. Y para hacerte… domador.
PADRE: Mejor sigamos hablando sobre nuestro hijo.
MADRE: No, porque gran parte de lo que está sufriendo es culpa tuya, le viene de tus genes. ¡Domador, Julio! ¿No es para enloquecerse? ¡Y en ese circo de morondanga!  El Circo de los Hermanos... (no puede seguir, se quiebra)
PADRE: Fue un error. Nosotros recién hacíamos los primeros secuestros, todavía no estábamos instalados en el rubro y yo dudé.
La MADRE se incorpora, el PADRE se pone en guardia.
MADRE: Me dejaste sola. 
PADRE: ¡Por el amor de Dios, Gladys, sabés que recordar esto no te hace bien!
 La MADRE saca lentamente su arma y le apunta. El PADRE se parapeta detrás de la mesa y a su vez le apunta a ella.
MADRE: ¡Sos una mierda de persona! ¡Sos un cobarde!
PADRE: ¡Gladys, bajá el arma, por favor! Ya lo hablamos mil veces…
Los rehenes, aterrorizados, comienzan nuevamente a sollozar y a gritar en un in crescendo.
MADRE: Y también estaba esa mujer, la contorsionista.
PADRE: ¡No es necesario, por favor!
MADRE: Contame de ella. ¿Qué te hacía en la cama?
PADRE: ¡Algún día vamos a terminar haciéndonos daño, Gladys, bajá el arma! ¡No quiero dispararte!
MADRE: ¡Y hacelo! ¡Dispará! ¡Maricón! ¡La insensibilidad con que juntaste tus cosas y te fuiste, sin una palabra. ¡Dispará! ¡Si no lo hacés, los mato a estos, te mato a vos y me suicido!
Los rehenes gritan. Entra  el HIJO con su rehén, al ver que PADRE y MADRE apuntándose, el HIJO también saca su pistola y se apuntan los tres.
HIJO: ¡Papá! ¡Mamá? ¿Qué hacen? ¿Se volvieron locos?
Los rehenes aumentan los gritos.
MADRE, PADRE e HIJO: ¡SILENCIO!
Transcurren unos segundos de muda tensión.
HIJO: Ahora a la cuenta de tres vamos a tranquilizarnos y a bajar las armas. ¿De acuerdo?... Uno, dos, tres.
El PADRE, la MADRE y el HIJO bajan simultáneamente las armas.
HIJO: ¿Me pueden decir qué está pasando?
MADRE: Nada, hablábamos sobre tu futuro, una cosa trajo a otra...
HIJO: Y volvieron a la historia del circo, ¿no es cierto?
MADRE: Fue culpa mía. Está todo bien, mi amor.
HIJO: ¿Seguro?
MADRE: Seguro.
HIJO: Bueno, yo ya tengo que salir. Voy a entregar a este y después voy a una reunión informativa en la Escuela Argentina de Buceo.
MADRE: ¿Buceo? ¡Ah, mirá que lindo!
HIJO: Así que no creo que llegue para el almuerzo.
MADRE: No importa. Si te demorás queda la lasagna en el horno, solo tenés que calentarla.
HIJO: Gracias.
El HIJO besa a la MADRE  y arrastra a su rehén de las muñecas. Antes de salir mira por última vez a sus padres.
PADRE: Andá, andá tranquilo.
MADRE: Chau, mi amor.
El HIJO sale, la MADRE aproxima al PADRE.
MADRE: Perdoname.
PADRE: No te preocupes.
MADRE: Sí me preocupo, Julio. Vos no me das motivos para semejante reacción.
PADRE: En ese momento sí los tuviste. Me comporté como un idiota.
MADRE: ¿Ya salís?
PADRE: Si querés me quedo un rato más y te hago compañía.
MADRE: ¿Creés que Carlos va a encontrar su camino?
PADRE: Estoy seguro que va a lograrlo.
MADRE: Sí, ¿no?

APAGÓN

miércoles, 29 de abril de 2015

Perro Fernández

Yo sé que la movilización se nos fue de las manos, como alguno de ustedes señala la cosa se desmadró, se salió de cauce. Aprovechadores, oportunistas que esperan el momento para sacar su tajada hay siempre. La cuestión está en haber confiado, en no haber visto la jugada a tiempo, ¿se entiende? Nos utilizaron, nos jodieron bien jodidos, y ahora con la cúpula desarticulada, la mitad de los compañeros enjaulados, toda esa gente herida gratuitamente, se va a hacer difícil cualquier movimiento futuro. Máxime con la opinión pública, con los medios en contra. Ustedes son periodistas, no es cierto, les hago una pregunta: ¿piensan realmente que no somos más que "perros troskos buscando desestabilizar a un gobierno democráticamente constituido"? ¡Con una mano en el corazón! ¡Es una ingenuidad, es absurdo! De sólo pensarlo se me erizan los pelos. ¡Usted, toque, pase la mano! Si quieren que hablemos seriamente de esto, primero hay que ir por partes: para empezar les digo que antes de lo de la plaza, lo que nosotros sentimos cada vez que golpeamos las puertas del poder fue la peor de las indiferencias, siempre, fue darnos de frente contra una pared. No somos unos improvisados, me entiende, no somos arribistas, no nos compran con un hueso. Nuestra lucha, nuestro reclamo no es de ahora, venimos sufriendo desde hace muchísimo y, tal vez, "el ladrido de plaza Francia" fue la gota que rebalsó el vaso, el punto de saturación. Y que nuestras bases, hambrientas de justicia, inmediatamente abrazaron como símbolo. Miren, yo no voy a justificar nada, pero hasta el peor de los cuzcos pulguientos necesita de un símbolo, de una bandera. Eso a uno lo ayuda a vivir, ¿se comprende? El "ladrido de plaza Francia" fue una reacción totalmente lógica. Ojo, no quiero decir que fue algo planeado, pero era un estallido que ya estaba en el aire, que se olfateaba, ¿me entienden? Sólo era cuestión de tiempo. Lo de aquel paseador, como ustedes bien dicen, fue la chispa que encendió la mecha. Está bien, el pobre chico tal vez tuvo más de lo que se merecía, fue un instrumento, pagó el pato por los abusos que venía cometiendo la Asociación de Paseadores y Afines que, entre paréntesis, nunca se hizo eco de nuestros reclamos. De cualquier forma fue una pérdida gratuita: morir estrangulado por las correas de sus propios clientes, en pleno centro de la ciudad, quizás fue excesivo, lo admito, pero digamos que toda revolución necesita sus mártires, a veces un hecho de esta naturaleza sirve para encauzar el malestar que se viene produciendo por años de expoliación. Inmediatamente, el suceso de plaza Francia se contagió a las plazas vecinas, inquilinatos, edificios de departamentos, hasta sumir a toda la ciudad en un largo y expansivo ladrido de libertad. ¿Libertad contra quién? ¿Cómo libertad contra quién? ¡Cómo quiere que no muestre los dientes, viejo, mire la pregunta que hace! ¡Las ordenanzas municipales sobre deposición en la vía pública, el control del sexo en las plazas, los malos tratos y el hacinamiento a los que nos someten los paseadores, la actitud discriminatoria de las administraciones de consorcio, la torturante vida de preso en balcones de reducidas dimensiones, los intentos de frivolizar nuestros reclamos sacando a relucir la instalación de todas esas peluquerías y boutiques caninas, la importación provocadora de compañeros de otras latitudes, razas trasplantadas de la Siberia o de las campiñas inglesas que sufren el desarraigo y no comprenden nuestra idiosincrasia, que provocan el menosprecio del verdadero habitante de estas tierras, el perro criollo argentino! ¡Libertad contra quién! ¿No le alcanza? ¿Le parece poco, eh? Pero, bueno, centrémonos en los sucesos posteriores: la movilización a Plaza de Mayo. El acto estaba planeado para las cinco de la tarde, a las tres empezaron a llegar las primeras columnas. Por Avenida de Mayo ingresaron las seccionales del interior y del Gran Buenos Aires, que se ubicaron sobre la derecha, cada una con sus pancartas: la Asociación de Lucha contra la Perrera, el Grupo Anti-bozal y el Frente Cachorros de Izquierda ocuparon el lado izquierdo. A las cuatro llegó la columna de Perras Contra la Castración y a las cuatro y media ya estaba todo listo. En primer término tenía que hablar el Secretario General del Gran Buenos Aires, después un representante de Perros de la Calle y como cierre venía yo. Como les decía al principio: nos utilizaron vilmente. El nuestro es un nucleamiento de masas y como tal no hace distingos de ideas ni de banderías, nuestra intención, nuestro mandato fundamental es hacer escuchar la voz de los de abajo, de los maltratados, de los oprimidos, de los sometidos al oprobio y la injusticia. Pero nos utilizaron. Al inicio mismo del discurso del compañero del Gran Buenos Aires ingresaron infiltrados, un grupo de choque, perros dogos con las caras cubiertas, no más de diez, pero que irrumpieron como verdadera jauría (señala a un periodista) Si no me equivoco fue su diario el que publicó que pertenecían a nuestra agrupación. Los medios como siempre tergiversan la verdad. ¡Yo le digo que no, que no pertenecían a ninguna agrupación, me entiende, eran violentos, mano de obra desocupada, mercenarios que se venden al mejor postor! Entraron por el centro, con una pancarta que decía "Brigada Rintintín", fíjense, si hasta parece una tomadura de pelo. Un plan absolutamente orquestado. Atropellaron sin siquiera ladrar, dando dentelladas a diestra y siniestra. Las compañeras de Perras Contra la Castración fueron las primeras en reaccionar. Se produjeron algunas refriegas. Fue la excusa perfecta para el paso siguiente: cuando del lado del puerto avanzó la Brigada de Perros Policías, pastores alemanes dispuestos a reprimir. Ni la peor mente maquiavélica hubiese planeado algo semejante: esos pobres esbirros del poder debiendo hincar el colmillo en su propia especie, traicionar a su propia sangre. Desde el palco, comprendí que debía hacer algo, llegar hasta el micrófono, pedir calma, pero el desconcierto, las corridas habían llegado también al lugar que ocupábamos. Fue ahí, en ese preciso momento, fíjense, que nos dieron el golpe final, el tiro de gracia, como quien dice: primero se escuchó un ruido apagado de motores, alzamos la vista y vimos recortarse en el cielo al Escuadrón de Helicópteros de la Prefectura, que hizo unos vuelos en círculo y se aproximó hasta el centro de la plaza y, fíjense ustedes, cuando estaban a unos veinte metros de altura, los muy traicioneros, abrieron los depósitos y nos bombardearon con un centenar de gatos espantados, que un poco por el susto y otro por la desorientación, empezaron a arañar, a morder y a correr sobre los lomos de los treinta mil compañeros que ocupaban la plaza. Y entonces si vino el descontrol, se imaginarán que la jauría enloquecida ya no estaba en condiciones de razonar, inútil fue alertarlos sobre el manejo tramposo. La masa desquiciada salió a morder, destruir, saquear, incendiar, violar, en una venganza reivindicativa, una locura destructora que no acaba. Finalmente, escúchenme bien: el perro históricamente maltratado, vejado, expoliado, mostró su costado más oscuro y animal. Presten atención, y anoten, porque ahora sí que estamos enfurecidos, ahora sí que van a sufrir nuestra rabia, las fauces babeantes, los ojos inyectados en sangre, porque ya no va a haber compasión. ¡Podrán enjaularnos, medicarnos, matarnos de hambre, pero se acabó! ¡Es la peor de las batallas, es la guerra total! ¿Qué hace, viejo? ¿Para qué llama al guardia? ¡Grrrrrrrr! ¡Arffff! ¡Dirigentes políticos e intelectuales, amas de casa y paseadores, niños y periodistas, ha llegado la hora, me escuchan! ¡Grrrrrr! Hago un llamado a todos y cada uno de los perros del mundo. ¡Estamos rabiosos, finalmente estamos rabiosos: el perro de ciudad y el perro de campo, el perro de montaña y el perro de mar, estamos enardecidos, iracundos y no va a haber escape, no va a haber hueco, agujero o madriguera en el mundo donde ocultarse! ¡La guerra, la conflagración total! ¡Grrrrrrrr! ¡Arffff! Le repito: ¿para qué quiere al guardia? ¡Pero si estoy tras las rejas! ¡Grrrrrrrr! ¡Arffff! ¿Adónde van? ¡Vuelvan a sentarse! ¡Grrrrrrrr! ¡No se vayan, la entrevista no terminó, no se vayan! ¡Grrrrrr! ¡Arffff! ¡Guau, gauuuuu!....

viernes, 17 de abril de 2015

Perro amor explota

Begoña y Miguel confrontan en lo que puede ser una cocina de departamento, él acaba de levantarse (está en chancletas, camiseta musculosa, pantalón pijama), ella de llegar (aun tiene el tapado y una cartera en las manos) Sobre la musculosa Miguel luce un chaleco con cargas de explosivos y un display con una luz titilante que hace las veces de detonador.
ELLA: A vos te captaron.
ÉL: ¡Ay, por favor!
ELLA: ¿Te lavaron el cerebro, Miguel?
ÉL: ¡Cortala con eso!
ELLA: Bueno, entonces explicame.
ÉL: ¿Qué querés que te explique?
ELLA: Cómo alguien puede venir lo más campante y decir “conseguí trabajo, me contrataron de hombre bomba”.
ÉL: Es un empleo como cualquier otro.
ELLA: ¡No es un empleo como cualquier otro! Es un… es… (busca las palabras, lloriquea) ¡Es un delirio, Miguel!
ÉL: Begoña, te pido un favor: respirá hondo y tranquilizate.
ELLA: Me tranquilizo, okey, me tranquilizo. Pero necesito saberlo, necesito que seas sincero: ¿vos sos chiíta, Miguel, sos fundamentalista musulmán…?
ÉL: ¡Pará…!
ELLA:… ¿De esos chapitas que quieren inmolarse por Alá y se excitan con 72 vírgenes desnudas que le esperan en el paraíso? ¡Degenerado! ¡Asqueroso!
ÉL: ¡PARÁ! ¡Estás histérica! Soy católico apostólico romano, estoy enamorado de vos y vamos a casarnos.
ELLA: ¿Y entonces?
ÉL: Que esto no tiene que ver nada con la religión, ni con la política, ni con nada sexual. Es un empleo, un trabajo. ¿Es tan difícil de entender?
ELLA (señalando el chaleco): Por lo menos, ¿podés tener la delicadeza de sacarte esa dinamita mientras hablamos?
ÉL: C4
ELLA: ¿Qué?
ÉL: Que no es dinamita, que son panes de C4, es un explosivo plástico y no puedo sacármelo.
ELLA: ¿Por qué?
ÉL: No sé, es lo que dice el contrato. Lo tengo que llevar puesto las 24 horas, por lo menos durante los dos primeros años.
ELLA: ¡Hacia dónde va el mundo! Te das cuenta, ¿no? ¡La sociedad está enloqueciendo, Miguel! (tiempo, Begoña camina por la habitación mientras lucha con sus pensamientos) Vos perdóname,  pero no puedo asimilar esto. Querría, pero es imposible, no puedo...
Miguel  se aproxima para abrazarla.
ELLA: ¡No te acerques!
ÉL: Es nuestra gran oportunidad, mi amor. Me pagan en una semana lo que en la fotocopiadora ganaba en un año.  Hacé las cuentas: cancelamos la fiesta de casamiento al contado y en cinco años tenemos el departamento.
ELLA: ¿Cinco años? (lloriquea) ¿Pensás que yo voy a soportar esto cinco años?
ÉL: Por ahí menos.
ELLA (temblando): ¡CÓMO MENOS, QUÉ INSINUÁS, QUE ESTÁS DICIENDO…!
ÉL: ¡Tranquila! Lo que quiero decir es que a los cuatro o cinco años te ofrecen dejar el trabajo de campo y pasar a las oficinas.
ELLA: ¡Es absurdo! ¿Quiénes son? ¿Quién ofrece este tipo de trabajos?
ÉL: Es una empresa belga de telefonía, le vio la beta comercial, importó el sistema y ahora ofrece el servicio para toda Latinoamérica y países del Caribe.
ELLA: Un servicio para explotar gente.
ÉL: ¡Uff!
ELLA: ¡Uff, qué! Un servicio que consiste en meterse exprofeso en un lugar lleno de gente inocente, ancianos, niños, amas de casa, perros y hacerlos saltar por el aire convertidos en picadillo de carne.
ÉL: ¡Sos tan negativa!
Tiempo.
ELLA: ¿Y te tomaron así como así?
ÉL: Primero me hicieron un test psicofísico, te piden secundario completo y les interesa el tema de la gordura.
ELLA: Cómo la gordura
ÉL: No sé, qué no tengas sobrepeso. Parece que la grasa corporal en el momento de la explosión absorbe la onda expansiva y reduce el poder de estrago, y creo que también se les complica con el tema de los chalecos. Begoña, ¿podemos parar un minutito con el interrogatorio? ¿Por qué no te sentás? ¿Te hago un te?
ELLA: Tengo el estómago hecho una piedra.
ÉL: Sos demasiado dramática.
ELLA: Y vos un inconsciente (lloriquea) Miguel, por lo menos,  ¿sabés lo que te espera? ¿Cuál es tu expectativa de vida? ¿Te lo dijeron?
Él: Eso se maneja.
ELLA: ¿Qué querés decir?
ÉL: Qué acá no es como en Oriente Medio, es todo más dialéctico, más conversado. Acá los hombres bomba no se detonan casi nunca.
ELLA: ¡Casi nunca! (tiempo. Se suena la nariz) Miguel, ¿y nuestro casamiento? ¿Pensaste en nuestro casamiento? ¿Te parece que con esto vos y yo podemos planearlo? Me habías prometido que en la iglesia ibas a vestir chaquet, ¿y ahora? ¿Vas a llevar ese espantoso chaleco de C44, o como se llame? ¿Y cómo manejamos lo de mamá?
ÉL: A tu vieja yo nunca le caí bien.
ELLA: ¡Es que le servís los argumentos en bandeja, Miguel!  Mamá está enferma, el viernes tenemos que ir a ver el salón, si te ve con eso la tengo que internar. Además, ¿quién nos va a querer alquilar un lugar a riesgo de saltar por los aires? ¿Y los invitados? ¿Pensaste en los invitados? ¿Vos creés que van a querer venir? ¿Y cuando tengamos hijos, Miguel? ¿Pensás que te voy a dejar acercarte? ¿Qué vas a poder alzarlos? ¿Vos vas a ir así a las reuniones de padres del jardín? ¿A los actos del Día de la Bandera? ¡Dale, hablá! ¡Decí algo!
ÉL: ¡PARÁ, BEGOÑA! ¡PARÁ UN POQUITO!
ELLA (lloriqueando): Yo quería que me acompañaras en el parto.
ÉL: Y te voy a acompañar. Pero no me hostigues así. Son demasiadas cosas y no tengo todas las respuestas. Vos me conocés, soy un tipo que mira siempre hacia adelante y con cada cosa que hago imagino lo mejor para nosotros. Cuando apareció esto te juro que se me abrió la cabeza. Me dije “es justo lo que necesitamos para afrontar este momento”. Es una empresa nueva que viene a cubrir un nicho de mercado importante, mal que te pese en este país hay mucha gente que necesita hacer explotar a otra, y si no lo ofrecés vos, va a venir otro a ocupar tu lugar. Seguramente van a abrir subsidiarias en otras capitales de la región, y eso significa que se va a necesitar mucha gente, y gente con experiencia. Si yo puedo superar esta primera etapa y logro no explotar, las posibilidades son infinitas. 
ELLA (cambiando): ¿Vos querés decir que podés llegar a conseguir un puesto gerencial?
ÉL: Es probable.
ELLA: Con casa en el exterior y un ingreso…
ÉL: ¡Alto, muy alto, mi amor! E incluso con la posibilidad de transformarme en accionista. Vamos a poder viajar, vivir donde se nos ocurra, de la manera en que se nos ocurra.
Begoña, queda ensimismada.
ÉL: ¿Qué pasa?
ELLA: No puedo, Miguel. No puedo vernos en un futuro juntos, es mucha presión.
ÉL: No entiendo.
ELLA: Vos me conocés, soy discutidora, me gusta cuestionar, y siento que a partir de este momento no voy a poder ser yo misma. No vamos a poder tener una discusión.
ÉL: ¿Por qué?
ELLA: ¿Y si te enfurecés?
ÉL (atónito): ¿Pensás que yo…?  ¿Vos creés que sería capaz de… detonarnos?
ELLA: La violencia de género es una realidad, Miguel.
ÉL: ¡No lo puedo creer!
ELLA: Es que siempre voy a tener la duda y me voy a reprimir. O cuando te sientas deprimido, o cuando tengas una discusión con el auto en la calle. Voy a estar todo el tiempo con el corazón en la boca, pensando, temiendo. No voy a poder soportarlo (Tiempo. Miguel mantiene la actitud de asombro)  Mirá, anoche estuve investigando por Google y me enteré de cosas terribles. ¿Sabías que el año 2004, en Bagdad, una mujer bomba, haciendo el amor con su marido, tuvo un orgasmo y explotó?
ÉL: Es el único caso registrado. A partir de ahí empezaron a utilizarse detonadores digitales y no volvió a pasar.
ELLA: No, Miguel, dejémoslo acá. No voy a poder.
Begoña alza el tapado y la cartera.
ÉL: Begoña. ¡Pará! ¿Adónde vas?
ELLA: No puedo, Miguel, vos sos un ser destructivo. Habíamos superado lo de tu eyaculación precoz y ahora esto. Te empeñás siempre en arruinarlo todo. No puedo, Miguel, perdoname.
Begoña sale. Miguel queda mortificado. Tiempo. De golpe sufre un ataque de ira, golpea la mesa con los puños.
ÉL: ¡La puta madre, por qué!... ¡Por qué! ¡Por qué! ¡Por qué! ¡Por qué!
De repente, en el display del chaleco comienza a sonar una alarma y se paraliza la luz intermitente.
ÉL: ¡A la mierda! ¡AUXILIO!
APAGÓN. RUIDO DE EXPLOSIÓN

miércoles, 18 de marzo de 2015

Milagro en Cortínez

Curiosidad, conmoción, susto y hasta lágrimas ha causado la aparición de una figura de unos tres centímetros de largo por dos de ancho en el Barrio San Cayetano, en la localidad bonaerense de Cortínez. 
La imagen, aseguran testigos, se materializó en una  vivienda de clase media en un feta de jamón cocido y, aparentemente, muestra a la Virgen Desatanudos o a Santa Cecilia de Roma, de frente y con el brazo izquierdo elevado.
Fue el hijo mayor de una familia de apellido Sampietro quien protagonizó el descubrimiento. El joven asegura que al abrir la heladera para prepararse un sánguche, allí estaba la imagen en un plato, entre el frasco de las aceitunas descarozadas y una lata abierta de anchoas.
La vi ni bien abrí la heladera. No sé cómo explicarlo pero me estaba mirando. Agarré el plato con cuidado y lo apoyé sobre la mesa. Después corrí a decírselo a Marta, mi madre.
¿Qué siento?  Muchísima emoción. Cuando vino a contarme yo estaba regando en el fondo. La verdad que dudé.: “¿Estás fumando otra vez esas porquerías?”, le grité. Pobre ángel, Alexis es buen chico pero ha tenido algunos problemas con las drogas, sabe. Después lo acompañé, entramos los dos en la cocina y cuando me puse los lentes y la miré se me saltaron las lágrimas.
Al parecer, desde el fiambre la extraña figura consigue gesticular, abrir y cerrar los ojos y hasta mover los brazos. Tanta ha sido la sorpresa y la conmoción, que la noticia fue pasando de boca en boca y afuera de la casa comenzaron a juntarse decenas de personas con la intención de ver la enigmática aparición.
Si usted se inclina sobre el plato y la mira fijo, siente que está tratando de decirle algo. Hace un movimiento así con la mano y adelanta la mandíbula como queriendo hablar.
Sin dudas trae un mensaje.
Es Santa Cecilia de Roma virgen y mártir. La reconozco por la túnica y la cicatriz en el cuello.
Mire, señor, todo lo que sucede es por algo. Está escrito en la Biblia, Dios manda las cosas para ponernos a prueba.
Qué Biblia ni qué ocho cuartos, el pibe este es un falopero del año cero, puede haber descubierto a la Virgen de Fátima o al Locomotora Castro tomándose un vermú en el bar de la esquina con los guantes puestos.
El caso es que a cinco días de la aparición, la casa de los Sampietro se ha convertido prácticamente en un museo. Son cientos y cientos de personas quienes se dan cita en la puerta y hacen una larga cola para ver de cerca lo que nunca antes se había visto.
Yo vine ayer pero no alcancé. Hice la fila por tres horas pero no pude entrar.
Es verdad, no se organizan, tranquilamente podrían armar un sistema de turnos.
Según explica la familia, para la exhibición deben tomar algunos recaudos porque al haberse materializado en el fiambre no es conveniente dejar a la imagen mucho tiempo fuera de la heladera.
La cocina es chica, hacemos pasar a grupos reducidos. La pueden mirar, pedirle un deseo y por cuarenta y cinco pesitos le sacan una foto.
¡Cuarenta y cinco pesos la foto es un robo! ¡Son de lo que no hay! ¡Lucran con la fe de la gente, señor!
El vivo ahí es el padre, él le vio la veta al asunto, según comentan en el barrio tiene antecedentes penales, piratería del asfalto, parece.
Los foros y las redes sociales, en tanto, han comenzado a hacerse eco del fenómeno, en general los mensajes expresan escepticismo: “Es plata del Ministerio del Interior, le pagó a estos impresentables para distraernos de los problemas con la droga y la inseguridad”, señala patoflip; “Sí, yo también tuve una aparición: encontré un Godzila del tamaño de un dedo en un panqueque”, sostiene emilySweet.
Una muy conocida marca de fiambres y chacinados, en tanto, se comunicó con la familia Sampietro para ofrecerles una heladera vidriada. La idea es que la “Virgencita del Jamón”, como ya se la conoce, pueda ser exhibida sin la necesidad de interrumpir la cadena de frío.
Transcurridos ya diez días del prodigio, lo cierto es que todavía ninguna autoridad científica o religiosa se ha pronunciado sobre el asunto, ni se ha hecho presente en el Barrio San Cayetano.
Pareidolia.
¿Y eso?
Es el fenómeno psicológico a partir del cual una persona afirma ver imágenes en donde sólo hay manchas, rayas, o cualquier otro patrón difuso.
Usted porque no cree. Esto es un evento ex-tra-or-di-na-rio, se equivoca al buscarle una explicación.
Es verdad, yo la toqué con el dedo y la virgencita estaba tibia. Conteste, ¿cómo puede ser que si el jamón está en la heladera ella esté tibia?
Algo recurrente en lo que casi todos los testimonios coinciden es en el tema del movimiento.
Hace así con la boca, como la seña del ancho falso en el truco y mueve la mano derecha. Nos está transmitiendo un mensaje que nosotros todavía no estamos preparados para comprender.
Pura sugestión.
Lo que yo digo. Supóngase que de verdad es una aparición milagrosa,  ¿para qué hacer señas? ¿Por qué directamente no habla?
Más allá de discusiones y teorías, en las últimas horas se ha producido una novedad relevante: la parroquia local finalmente ha decidido tomar cartas en el asunto y hace instantes acaba de concluir una reunión con la jerarquía eclesiástica zonal y autoridades de otros credos.
El encuentro ha resuelto constatar si la aparición de Cortínez se trata efectivamente de un milagro. Para ello, van a sacralizar dos rebanadas de pan tipo casero, que servirán para el traslado de la feta que contiene a la virgencita hasta la Basílica de Luján. Allí, autoridades eclesiásticas   practicarán en la imagen las pruebas de rigor.
La ceremonia de traslado se realizará el próximo domingo diecinueve, en coincidencia con la celebración de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.
¡Mi-la-gro! ¡Mi-la-gro! ¡Mi-la-gro!
¡Qué milagro ni milagro, esto es pura superchería!
Mire, señora, yo vine a verla el lunes, el martes mi marido se decidió a pintar el frente de casa, a mí nadie va a venir a decirme qué es un milagro y qué no.
Si me permiten, estamos equivocando el eje de análisis, la pregunta que hay que hacerse aquí es si la materialización de esta imagen en una feta de fiambre es accidental o, por el contrario, un dato que revela algo importante.
¡¿Qué dice?!
Que evidentemente es una condena directa hacia una cultura pagana, carnívora y decadente. ¿No se dan cuenta? Aquí hay un claro mensaje vegetariano.
¡Cállese, no sea imbécil!
Como puede apreciarse, en la tranquila localidad de Cortínez se viven horas de agitación, y a la multitud que se congrega desde hace dos semanas frente a la casa de la familia Sampietro, ahora hay que sumar los fieles que provenientes de distintos puntos de la provincia han llegado al barrio San Cayetano y acampan en las cercanías para sumarse a la ceremonia de traslado del domingo.
La procesión, encabezada por la urna conteniendo la feta y las dos rebanadas de pan, partirá a las diez y media de la mañana desde el frente de la casa del milagro. La columna recorrerá la Avenida Néstor Spiga, arteria principal de Cortínez, para salir a la Ruta Nacional Número 7 y, acompañada por una caravana de automóviles, sortear los cuatro kilómetros que separan a la localidad de la Basílica de Luján.
Desde el municipio adelantan que se prepara una importante fiesta de celebración: habrá desfile de comparsas, música en vivo y un concurso escolar de manchas que premiará al retrato que más se asemeje a la Virgencita del Jamón.
Como creyente siento un gran alborozo, esto puede llegar a transformarse en un verdadero hito para nuestra comunidad. Si el prodigio hace feliz a la población de Cortínez, a mí como su Intendente elegido democráticamente también me hace feliz.
¿Y usted qué quiere decir?
Mi nombre es Atahualpa Cevallos, soy vidente y mentalista, matrícula 8803, en mi última sesión la virgencita me pasó un mensaje que quiere que transmita a la comunidad de Cortínez.
¡Ay, por favor, hagan callar a este charlatán!
¡Tranquilidad, señores! A ver, diga cuál es el texto del mensaje.
Dice así: “Hijos míos, despertad al alba, dejad que la vida vaya, luego, que regrese”.
¡Aleluya!
¡Aleluya! Cantemos todos: Señor / me has mirado a los ojos / sonriendo / has dicho mi nombre…
Atención, a escasas veinticuatro horas de la ceremonia de traslado, acaba de conocerse una noticia sobrecogedora. Según fuentes presentes en el lugar, en la mañana de hoy el abuelo de la familia Sampietro, un octogenario que al parecer sufriría de Alzheimer, bajó a desayunar y en circunstancias aún confusas se comió la feta de jamón donde se alojaba la aparición. Como suele ocurrir con los descuidos, todo se desencadenó en un par de fatídicos segundos. La dueña de casa, al bajar de su cuarto se encontró al anciano semidesnudo ya sentado a la mesa, el frasco abierto de la mayonesa, ante sí el plato vacío, y sólo atinó a lanzar un grito de espanto.
¡Apóstata! ¡Satanás!
¡Por favor, es una persona enferma!
¡Es un provocador! ¡Hay que lincharlo!
Según relatan los cronistas presentes en el lugar la noticia cayó como un baldazo de agua fría. Superada la conmoción inicial, la familia al parecer intentó que el anciano expulsase la imagen, pero todos los esfuerzos fueron inútiles. Al conocerse la novedad entre la multitud comenzó a gestarse un profundo malestar.
¡Sacrílego!
¡Delincuente!
En el lugar reina la confusión, hace unos minutos el anciano debió ser trasladado con una fuerte custodia a un centro de la tercera edad y un grupo de vecinas, sumidas en un violento estado de trance, comenzaron a sacudirse y a convulsionar en el medio de la calle. La casa de los Sampietro está siendo atacado a pedradas y la policía ha tenido que acordonar la cuadra.
La vocera de la familia, una hermana de la dueña de casa, salió para hablar con los medios.
¡Por favor! Fue una desgracia, un acto absolutamente irracional. Pido un poco de comprensión.
¡Atorranta!
¡Váyanse del barrio, es lo mejor que pueden hacer!
Les repito, señora, mi hermana y mi sobrino están destrozados. En nombre de la familia, yo lo único que puedo hacer es pedirles perdón.
Caprichosos e insondables, así son los caminos de la fe. Más allá del malhumor y de la exaltación que tarde o temprano se irán aplacando, conmueve ver a trabajadores, a grupos de ancianos, a familias completas vagando por las inmediaciones, resistiéndose a abandonar la zona. Hombres, mujeres y niños dominados por el estupor, preguntándose qué sucedió, a la espera de otro prodigio que les devuelva lo que les fue arrebatado tan absurdamente. Cortínez, ésta tranquila localidad de la pampa húmeda bonaerense, ¿será el sitio elegido para una nueva anunciación? ¿La Virgencita del Jamón le dará a esta buena gente una segunda oportunidad? Difícil predecirlo, en todo caso es el tiempo quien tendrá la última palabra. Hasta aquí Gerardo Lucich, LCB en español, Buenos Aires, Argentina.

domingo, 1 de marzo de 2015

Anestesia total

Desde la mitad en penumbras del estudio se escuchó una voz apremiante:
            - ¡Estamos en el aire!
Fanny Bordelois de Azcuénaga, la popular conductora del ciclo “Fanny de entrecasa”, dibujó una sonrisa en dirección a la luz colorada de la cámara:
            - ¡Hola amigas, cómo están! ¡Que dicen chicos!
A su lado, los dos asistentes, con barbijo, bata y guantes esterilizados, parecían dos extras de la serie “ER Emergencias”.
- Como deducirán por la indumentaria de Teo y Andy, hoy tenemos un trabajito especial, algo re-útil y entretenido para hacer con nuestras propias manos. Y para ello contamos con la ayuda invalorable ¿de quién?
La cámara abrió el plano y delante de conductora y asistentes apareció una camilla, y sobre ella un hombre robusto, cubierto hasta el cuello por una sábana blanca.
- ¡Claro que sí: de Elvio, el portero del Canal, que una vez más, muy gentil, se presta para una de nuestras experiencias! ¡Gracias Elvio! ¡Un fuerte aplauso!
Desde la penumbra se escuchó un parco entrechocar de palmas.
- Aunque mejor agradezcámosle dentro de un ratito, porque está dormido, ¿no es así?  
- Anestesia total –indicó el asistente llamado Teo.
- ¡Bien, muy bien! Bueno, queridas, a lo nuestro. ¿Qué sucede cuando nuestro marido, un tío, un amigo al que queremos mucho, viene de visita a casa y sufre una indisposición de estómago? Y claro, este querido amigo no se cuida en las comidas, abusa de las frituras, mucho café, mucho cigarrillo. Resultado: tiene una ulcera sangrante de estómago y necesita de nuestra ayuda. Lo que hoy vamos a ver es cómo practicar una sencilla operación de estómago en nuestra propia casa, y así ayudar a este ser que queremos tanto. ¿Preparados, chicos?
Los asistentes corrieron la sábana y el voluminoso abdomen del portero ocupó un primerísimo primer plano.
- Con un alicate, un pelapapas en desuso, ese cúter que compró para encuadernar la colección de Vogue y que después quedó olvidado en algún cajón, sin que nos tiemble el pulso hacemos la incisión...
Fanny hundió el cúter en la piel tirante y del tajo saltó un delgado hilo de sangre. El asistente Andy, con buenos reflejos, soltó un pedazo de gasa sobre la herida y el chorro cesó.
La conductora sonrió a cámara:
- El corte puede tener forma de curvita, de onda, con bordecito al bies, eso va en el gusto de cada cual. Una vez hecha la incisión, entre el montón de órganos y vísceras que conforman el interior del cuerpo humano, lógicamente, hay que localizar el estómago. Esta es la parte que a mí me da un poco de asquito y, para eso, tengo la suerte de contar con mis dos ángeles de la guarda, Teo y Andy. ¡Vamos, chicos, a meter la mano en la pancita de Elvio! ¡Un aplauso para mis asistentes!
De la penumbra volvieron a brotar dos mustios aplausos que se elevaron vibrando por unos segundos en el aire y decayeron de golpe. Andy, con la mano derecha introducida hasta la muñeca, revolvía buscando. Fanny volvió a sonreír:
- Pensemos, cuántas cosas beneficiosas se pueden hacer mientras una opera: como nuestras manos están ocupadas, podemos utilizar unas pesitas de arena en cada tobillo y con unas simples elevaciones hacia atrás y hacia los laterales, ir fortaleciendo cuadriceps, endureciendo glúteos...
Teo la interrumpió:
- ¡Fanny, creo que su pulso se está volviendo irregular!
La conductora, clavó los ojos de largas pestañas arqueadas en el rostro pálido del paciente:
- ¡Por ahí le está faltando oxígeno. ¿Por qué no le ponés esa mascarilla?
Obediente, el asistente colocó la máscara en la nariz y en la boca del portero. La conductora retomó:
- Dirán ustedes “hay en qué mala posición está Fanny para practicar la cirugía”. Es verdad, debemos cuidar la postura, siempre derechitas, los hombros para atrás; recuerden, la columna recta para evitar que salga esa joroba que tanto nos afea con vestidos de espalda descubierta.
De golpe, un chorro de sangre grueso como un dedo salto de la herida y bañó la cara de Teo, que emitió un chillido femenino. Fanny dio un respingo hacia atrás.
- ¡Epa, chicos, me van a poner a la miseria!
A Andy comenzaron a temblarle las manos. Tartamudeó:
            - ¡Es-está perdiendo demasiada sangre!
Una vez que consiguió limpiarse los ojos, Teo corrió fuera de cámara, volvió con un libro grueso y empezó a pasar las páginas:
- En caso de hemorragia abdominal inyectar un vaso constrictor. Si no funciona, entonces se debe administrar por vía subdural lidocaína al 5%, más epinefrina al 1%, para evitar los riesgos de una necrosis isquémica.
Fanny aplaudió:
            - ¡Muy bien, Teo, me encanta eso: un vaso constrictor! Amigas, un comentario al margen para tener en cuenta: este tipo de experiencias es importante realizarlas siempre en ambientes ventilados, con buena luz, si es posible con vista a un jardín. Si quieren pueden poner algo de música relajante, y recuerden previamente sanear el ambiente con las piedritas del Feng Shui, una en cada vértice del cuarto para equilibrar las energías.
Colocada la inyección, ahora Andy entreabría los párpados del portero para constatar la reacción. La cámara tomó un primer plano de las órbitas en blanco del paciente:
            - No hay caso, no reacciona…
Teo volvió al libro:
            - Lo que queda, entonces, es masaje cardíaco.
Fanny dio un brinco:
            - ¿Masaje cardíaco? ¡Perfecto! Ustedes taponen para que no vuelva a tirar sangre: de esta parte me encargo yo.
La conductora se inclinó sobre el cuerpo exánime del robusto Elvio:
- Observen, queridas, cómo al practicar el masaje cardíaco podemos trabajar toda esta zona del antebrazo y los tríceps, que con la edad a las mujeres se nos pone blanda y un poquito fofa.
Detrás de cámaras, se escuchó un rumor y un asistente se puso a agitar con violencia un cartel:
            - Bueno, me están indicando que se nos acaba el tiempo, así que yo voy a dejar a los chicos para que terminen y paso a mostrar el material necesario para nuestra experiencia de hoy.
La cámara siguió a la conductora, Fanny se movió unos pasos hacia la derecha, se ubicó junto a una pizarra y comenzó a enumerar:
            - Para una operación de estómago se necesita: un paciente con úlcera de estómago (si para practicar, previamente, consiguen a alguien del personal doméstico, o de maestranza del edificio donde viven, tanto mejor); un bisturí que como ya dijimos puede ser un pelapapas en desuso, un cúter o un alicate previamente esterilizado; hilo sisal, tanza o un par de cordones que quedaron de nuestras viejas zapatillas de running para suturar la herida;  algodón, fibra de vidrio o el relleno de algún almohadón que no necesitemos, para taponar la úlcera...
Mientras la conductora hablaba, en torno a la camilla se generó una violenta agitación, a los asistentes que iban y venían se agregó otra gente que cuchicheaba y daba órdenes. Con la sonrisa esculpida en el rostro, Fanny procuraba salvar la situación:
            - ¡Qué bochinche estamos haciendo hoy, chicos! Hay mucha alegría, seguramente debe ser el cumpleaños de alguien del equipo. Bueno, y ahora para cerrar, voy a pasar a mostrar un trabajito terminado.
Una mujer con uniforme de personal doméstico, se aproximó a la conductora:
- Ella es Olga, mi mucama, que se prestó generosamente. ¡Un aplauso para Olga!
De los controles esta vez no hubo respuesta.
            - A ver, querida, mostranos esa pancita.
La mujer, se desabotonó el uniforme y, roja como una remolacha, mostró el abdomen.
            - Fíjense que para la cicatriz de Olga elegimos la formita de la sonrisa. Luego, si quieren, con crayones o marcadores de colores podemos hacerle unos lindos dibujos decorativos. Y con esto, queridas, lamentablemente tenemos que irnos. Para la próxima nuestro tema va a ser: “construyendo nuestra propia piscina tántrica”. Luego tendremos una entrevista exclusiva con el especialista en rimmel ecológico Yael Swami Yaipur. ¡Hasta la próxima!
Cuando se apagó la luz colorada, Fanny estalló:
            - ¿PERO QUÉ MIERDA LES PASA QUÉ ARMAN SEMEJANTE QUILOMBO, ME QUIEREN DECIR?
Teo se acercó con expresión descompuesta:
            - El portero entró en paro. Llamamos al SAME y se lo llevaron.
Fanny reparó en dos desconocidos de traje que la observaban a un costado.
            - ¿Y esos, quienes son?
            - De la Policía, parece que alguien que estaba viendo el programa hizo la denuncia.
            - ¡Lo único que faltaba! ¿Y yo que tengo que ver? ¡Que hablen con el productor, él es el responsable!
Teo empezó a lloriquear y a retorcerse las manos
            - ¡Desapareció, Fanny! ¡Agarró sus cosas y se fue! ¡Te dije que esto estaba mal!
            - ¡Ay no seas maricón, haceme el favor! ¡El programa es una mierda pero algo hay que hacer, sino quedamos afuera, nos come la competencia!
Los desconocidos se acercaron, Fanny levantó un índice y los encaró desafiante:
            - ¿Quieren censurarme, atentar contra mi libertad de expresión? ¡Bien o mal este un programa didáctico, que ilustra al ama de casa!...
Uno de los policías la tomó del brazo.

            - ¡Qué hace, saque esa mano o no respondo! ¡Teo, comunicate con mi marido ya, llamalo al estudio! ¡Suelte, le digo! ¡Exijo hablar con mi abogado! 

lunes, 9 de febrero de 2015

Hay equipo!

   - Lo que digo es lo siguiente: hasta ahora la vimos siempre de afuera, puteamos, gritamos hasta quedarnos afónicos, ¿y cuáles fueron los resultados?
El que hablaba estiró la mandíbula hacia el resto con la mirada encendida, el grupo de padres formaba un círculo apretado en el centro del vestuario.
   - Tres años seguidos llegando a la final y tres derrotas. ¿Cómo hay que explicar eso? ¿Es la casualidad? ¿El azar?
Gustavo Ducasse era un exaltado, en las reuniones del colegio era igual, trataran el tema que trataran discutía con la directora, le levantaba el tono a las docentes, se paraba y comenzaba a arengar y ya no había forma de calmarlo. 
   - ¡Podrido! ¡Más que eso, re podrido, estoy! Por eso llegó el momento de  darle un corte a esta historia.
Desde el exterior llegaban las voces de las familias y del público reunido en torno la canchita del Colegio Santa Elena. En el largo banco de madera que ocupaba todo un lateral del vestuario, la vista clavada en el piso, mudos y a medio vestir,  permanecían los chicos.
   - A nivel docente, digo yo, algo se está haciendo mal, algo evidentemente no funciona. Tu chico, por ejemplo… -Ducasse clavó los ojos en los de José Dulbeco:- Es un buen pibe, lo vengo observando desde sala de cinco, siguiéndole la evolución: generoso con la pelota, desequilibrante de mitad de cancha hacia adelante, pero –sin ofender-  no le corre sangre por la venas, no tiene mística, pareciera que se aburre.
El juicio sumario hizo pestañear al papá de Mati Dulbeco, consciente de la dureza de sus palabras Ducasse se vio en la obligación de aclarar:
   - Ojo, estoy poniendo de ejemplo a su hijo, pero lo hago extensivo a los de todos. El zanguango del mío es todavía peor.
Brunito Ducasse, que enrollaba y desenrollaba en un dedo el cordón de una de sus zapatillas, se paralizó. Un pelirrojo delgadito que estaba a su lado empezó a lloriquear. Su progenitor dio un paso hacia el banco pero Ducasse lo cortó en seco:
   - ¡Dejalo nomás! Que aprenda que en la vida no todo es joda, que hay obligaciones, que hay sacrificios. Que tres campeonatos perdidos al hilo son una mancha, una vergüenza que debería atormentarlos por el resto de sus vidas.
De afuera golpearon la puerta, pero el líder pareció no escuchar:
   - Por eso alguien en este colegio tiene cosas que explicar. ¡Tutoría Conductual, Gabinete Psicopedagógico! ¿Alguien sabe para qué sirve un gabinete psicopedagógico?  
El círculo negó con énfasis, el apoyo encendió aun más al orador:
   - ¡Exacto: para una mierda, no sirve para una mierda! O mejor dicho, sí sirve, sirve para pudrir las cabezas de estos nerds sin sangre que hoy tenemos como hijos. ¡Con lo que cuesta este colegio de mierda yo quiero un campeonato! ¿Es mucho pedir un campeonato?
   - ¡No es mucho pedir! –lo apoyó Vaninetti, un cincuentón entrado en carnes que parecía estar bebiendo sus palabras.
   - Por eso, caballeros, como decía al comienzo: los invito a enfrentar la situación. Más que eso, los invito a cambiar la historia…
Volvieron a golpear con más insistencia y esta vez Ducasse se avino a responder:
   - ¡YA VA!
Los miró uno a uno a los ojos:
   - ¿Estamos de acuerdo?
   - ¡Estamos!
   - Entonces hay que actuar rápido: en ese bolso hay un juego de camisetas. Espero que no les moleste, son de “los cascarudos”, mi equipo de veteranos.
Los chicos seguían en el banco de madera, inmóviles; Vaninetti y otro padre de apellido Martino comenzaron a distribuir las casacas, eran camisetas blancas con vivos rojos. Un calvo con pinta de cajero de banco se sacó la corbata, el saco, la camisa y las colgó prolijamente de un gancho adherido a la pared, el padre del pelirrojo que aún lloriqueaba puso el celular en vibrador y se inclinó para meterse las botamangas del pantalón dentro de las medias, Vaninetti  y Dulbeco se habían subido las suyas hasta las rodillas y se masajeaban las pantorrillas.
Mientras se preparaban, Gustavo Ducasse sacó del bolsillo un papel doblado en cuatro, se ubicó en el centro y lo abrió: la hoja mostraba un dibujo con círculos y flechas hecho a las apuradas. Las cabezas volvieron a reunirse en círculo.
   - Vamos a salir con un esquema 3-2-1 hasta ver qué tienen para ofrecer ellos, después vemos si modificamos. Usted, Vaninetti, que está unos kilos arriba, va al arco; Ordoñez y Martino me agarran los laterales, Salvatierra de central. Dulbeco de enganche, y vos, que tenés zapatos con suela de goma te ocupas de barrer el medio. Yo estoy con un tirón en un gemelo así que voy a ir de punta. ¡Vamos, caballeros, los quiero encendidos, necesitamos un triunfo! ¡Hay equipo, hay equipo!…
   - ¡HAY EQUIPO! –corearon los demás.

Sin que nadie lo dispusiera se encolumnaron de cara a la salida moviéndose en el lugar, cuando se abrió la puerta los chicos todavía continuaban en el banco, lívidos y compungidos. La escuadra salió en fila, los padres que iban adelante comenzaron a trotar. Tras la baranda metálica que rodeaba la canchita se escuchó un murmullo de asombro, en el arco más alejando, correteando, despreocupados, esperaban los alumnos del tercer grado C del Colegio Santa Cecilia, el equipo rival.