martes, 13 de agosto de 2019

Instrucciones para cumplir cincuenta años


Nazca por cesárea o parto natural, preferente en una maternidad privada. Si es en una clínica u hospital públicos la operación puede ser algo más azarosa pero también vale.

Una vez alumbrado y vacunado acompañe a sus progenitores a lo que va a ser su primer hogar. Usted vivirá allí los primeros meses alimentándose primero de leche materna, luego de carne, variedad de frutas y verduras preferentemente en forma de papilla o cortadas en trozos pequeños.

Con los días notará en usted una serie de cambios corporales, comenzará a ver con más definición, irá creciendo y le saldrán dientes. Luego emitirá algunos sonidos con la garganta y a continuación aprenderá a decir “papa” para manifestar que quiere comer, “kabón” si quiere decir jabón y así sucesivamente.

La mayor parte del tiempo no va a comprender nada de lo que sucede a su alrededor, sobre todo le resultarán impenetrables los comportamientos de un grupo de desconocidos que visitarán su hogar y que al acercársele practicarán morisquetas, moverán las manos y hablarán como imbéciles.

Usted no se alarme. Siga viviendo, siga viviendo y a los ocho o nueve meses notará que se estira un poco más y un tiempo después lográ incorporarse en sus dos pies y consigue caminar de una forma bastante aceptable. Esto significa que usted ya está en condiciones de ser extraído del hogar e introducido al sistema tradicional de enseñanza por los próximos diecisiete o dieciocho años.

Cumplidos los doce meses y una vez al año, como se acostumbra en los países occidentales, en su hogar se celebrará una fiesta. Con estas animadas reuniones en las que se sirven coca cola y sánguches de miga las personas de su entorno darán a entender que están contentas por su aparición en el mundo y conmovidas por el esfuerzo que usted hace para insertarse en él.

Como dijimos, cumplidos los tres o cuatro años será extraído del hogar para ingresar en una institución de asistencia obligatoria, de lunes a viernes y en horario fijo. En esos sitios abarrotados de otros infantes como usted, deberá socializar, no agredir ni permitir que lo agredan y sobretodo tratar de prestar atención a un grupo de mujeres adultas llamadas “seños” que le irán enseñando una serie de claves programáticas para convertirlo en algo útil.

En esta experiencia grupal va a notar que con algunos seres que lo acompañan logrará congeniar, a esos comenzará a llamarlos “amigos”. A los demás solo “compañeritos”, o si se lleva mal “forros”.

Siga viviendo, siga viviendo, y en algún momento impreciso pero que podríamos situar entre el cuarto y el sexto grado, notará que comienza a mirar a un compañerito de forma persistente, y cuando lo hace piensa cosas absurdas, como que quiere casarse en secreto con él y huir juntos del hogar, lejos de sus padres. Ceda a esa pulsión, la experiencia se llama “noviazgo”. Dele besos, comparta golosinas con esa persona y no haga caso de las bromas que el resto de sus camaradas le harán en los recreos.

Luego siga viviendo, viviendo, cumpla ocho, cumpla nueve, cumpla diez y de no mediar una enfermedad mortal o un accidente trágico, alrededor de los trece notará que entra en una etapa desagradable denominada “adolescencia”. Se dará cuenta porque sus progenitores automáticamente pasarán a ser débiles mentales y a usted le crecerá bello en zonas antes despobladas, que podrá depilarse o no, de acuerdo a la moda o a sus preferencias estéticas o de género.

Por esta época experimentará un dejavú: como en sus primeros meses de vida el mundo volverá a ser es un sitio nebuloso y estúpido. Tal intuición, más no bañarse o hacerlo cada diez minutos, más dormir doce horas de una sentada, más encerrarse con llave en su cuarto a escuchar música a todo volumen, lo convencerán de que es un ser único y genial, y como todo genio un incomprendido.

Una advertencia: por este tiempo ya va a estar en condiciones biológicas de engendrar. Trate que esto no suceda ni loco. No es el momento para ser padre o madre, sino la época para asistir a previas y a juntadas, a matinés y a lollapaloozas. En esas primeras salidas nocturnas no consuma demasiado alcohol ni drogas, o si lo hace que no sea al punto de tener que internarlo para un lavaje de estómago.

Siga viviendo, siga viviendo, por momentos va a sentirse frágil, vigoroso, anhelante, devaluado, pacífico, belicoso, hundido, esperanzado, crédulo, escéptico, iracundo, risueño, afligido, excitado, en forma alternada o todo al mismo tiempo. No se asuste ni entre en pánico, es normal.

Usted siga viviendo y mientras tanto vaya terminando el colegio, haga el viaje a Bariloche, anótese en el Ciclo Básico Común y ahora sí podrá enfocarse en un deseo que arrastra prácticamente desde que nació: irse a vivir solo, libre, lejos de la órbita molesta de su padre, de su madre, de sus hermanos menores, de su tía Karen y el novio, de su abuelo Ernesto; gente que a esta altura ya no entiende en que idioma hablan en los almuerzos, en qué creen o por qué viven.

Según la Organización de Naciones Unidas si usted llegó a este punto, usted está ingresando en la denominada “juventud plena”, sección que se extiende hasta los veinticuatro años aprox. Es un momento curioso, con algunas experiencias que no están mal: debe encarar una carrera, ni se le ocurra estudiar algo como Historia del Arte o Astronomía, elija oficios o profesiones con los que pueda hacer algún dinero.

Si continua en el hogar practique pequeños trabajos para aportar a la casa, estire su cama, enjuague algún vaso. Si se produce alguna discusión de convivencia y le dicen “vago” o “parásito”, hágales comprender que usted es una personalidad fascinante y compleja que aún no explotó.

En otro orden, disfrute del sexo con la debida protección, trate de tener diversas parejas, no se tatúe el nombre de su amante, no se filme ni permita que lo filmen, no se embarace ni deje embarazado. Si consigue el dinero viaje a lugares exóticos como Singapur o el Delta del Okavango, son experiencias que no sirven para nada pero que dan currículum.

Siga viviendo, siga viviendo, cumpla veinticuatro, cumpla veinticinco. Promediando los veintiséis comenzará a plantearse el tema de la felicidad. No como concepto filosófico, sino con un fin puramente práctico. Para ello se le hará imprescindible aplicar el sistema de los plazos condicionales. ¿En qué consiste? Dígase “si hago tal o cual cosa lograré cumplir con esto y lo otro y así seguramente seré feliz”. Verá que una vez llegado al objetivo establecido será feliz solo por un ratito para luego volver al vacío original. 

Establezca entonces un segundo plazo condicional: “si ahora hago esto y aquello, seguramente voy a lograr esto y lo otro y entonces sí, indudablemente, seré feliz”. Volverá a fracasar. Y así en adelante vaya estableciendo cada vez un nuevo plazo y una nueva condición. Nunca conseguirá la felicidad pero por lo menos se mantendrá ocupado.

Por esta época, nuevamente va a sentirse frágil, vigoroso, anhelante, devaluado, pacífico, belicoso, hundido, esperanzado, crédulo, escéptico, iracundo, risueño, afligido, excitado, en forma alternada o todo al mismo tiempo.

Tampoco se asuste, no haga terapia, ni tome antidepresivos, dígase que si llegó hasta allí es porque pudo sortear varias etapas, sigue en este mundo y ha logrado transformarse en una persona adulta. No sé si es para festejar a los gritos pero es algo.

Usted siga, tiene treinta y uno, tiene treinta y dos años, comenzará a reunirse con sus compañeros de secundario para rememorar cosas absurdas, abrirá una caja de ahorros, sus padres lo ayudarán con la mitad del alquiler y ahora se va a encontrar con una encrucijada que definirá el resto de sus días: o sigue solo como un perro, sin responsabilidades ni imposiciones, recorriendo casas de amigos, sin horarios, experimentando, viviendo experiencias nuevas y cautivantes; o decide sentar cabeza.

Obviamente elegirá la segunda opción porque -como la mayoría- a usted le gusta pisar terreno seguro, odia que lo miren de reojo y murmuren, quiere ser una persona normal, integrar alguna vez un grupo de wasap, o formar parte de la comisión directiva o el club de benefactores de algo.

Por lo tanto ha llegado el momento de definir esa historia amorosa que arrastra desde hace tiempo. Hasta ahora el lazo que los unía era lábil, con sus idas y sus vueltas. Tome el toro por las astas y propóngale irse a vivir juntos. Puede optar por la unión de hecho o, si le gustan las fotos y los videos, el casamiento.

Es un paso riesgoso, piense que usted se fue del pequeño universo que lo vio nacer y que le cuestionaba todo, y casi sin solución de continuidad va a entrar en otro igual o peor. Pero sin embargo, íntimamente sabe que junto a él o ella usted la pasa bien. Juntos miran las series del cable y las critican, juntos viajan y exploran hoteles. Juntos, algunas noches, brindan con un buen vino y recostados en la alfombra se burlan del universo entero y ríen como pavotes.

Volverá a experimentar una sensación parecida a la de quinto grado cuando descubrió a su primer amor, pero con la diferencia que ahora paga impuestos y no tiene lugar adónde escapar.

Cumpla treinta y cuatro, cumpla treinta y cinco, cumpla treinta y seis. Usted ha seguido viviendo, ya cuenta con pareja estable, consiguió un crédito hipotecario y compraron un departamentito. Se mira en el espejo y nota que ha comenzado a salirle pancita, o una antiestética adiposidad alrededor de la cadera que en el verano disimula con un pareo. Como el daño está hecho no lo piense más y tenga un hijo.

Hay varios argumentos en apoyo a esta opción: tener hijos es una experiencia necesaria, tener hijos es un aprendizaje, tener hijos está bien visto, una cuna o un corralito con un hijo adentro combina con el juego de living. Finalmente, el más convincente: una sola sonrisa de ese pequeño e indefenso ser que en algún momento va a tener entre sus brazos (y al que llamará Brian, o Roberto, o Ernestito, cuando lo inscriba) vale más que todas las reservas de gas de Vaca Muerta, más la suma de las fortunas personales de los craks del Barza y el Real Madrid juntos.

Suena absurdo pero es así. Además usted debe ser agradecido y recordar que si sus padres hubieran decidido no tener hijos usted no estaría leyendo estas instrucciones que tan bien lo están guiando.

Muy bien, ha pasado el susto y ha tenido su hijo. Ahora siga viviendo, siga viviendo, tiene treinta y siete, tiene treinta y ocho, como se relajó ha tenido un segundo hijo. No se sienta presionado pero esos dos seres ahora dependen absolutamente de usted. Provéalos de alimento, de educación, de salud y de vivienda sea como sea.

Advertirá que los ama y que ellos lo aman a usted, eso se siente bastante bien. Recuerde que para los hijos siempre es necesaria una mascota, así no piensan ni le exigen cosas más onerosas como viajes a Disney o un drone.

En paralelo con la paternidad/maternidad para usted es primordial su trabajo. Estudio y se capacitó con esfuerzo, hizo planes y puso muchas expectativas en su profesión. Al comienzo se ilusionará, se comprará un traje, incluso hará imprimir tarjetas con su nombre.

Pero en muy corto plazo (como el 99,9 por ciento de la masa laboral) descubrirá que usted no es nada del otro mundo haciendo lo que hace, y que lo que hace a su vez no es nada del otro mundo para el progreso de la sociedad de la que forma parte, que a su vez no es nada del otro mundo para el equilibrio del sistema planetario. Usted acepte esta realidad y siga.

Cumpla treinta y nueve, cumpla cuarenta. Llegado a este punto volverá a sentirse frágil, vigoroso, anhelante, devaluado, pacífico, belicoso, hundido, esperanzado, crédulo, escéptico, iracundo, risueño, afligido, excitado, en forma alternada o todo al mismo tiempo.

No tome Melatol Plus ni vaya con los evangelistas, usted ingresó en la llamada “crisis de los cuarenta”, aguántesela, a lo sumo convérselo con sus amigos, pero sufra sin hacer tanto espamento.

Volverá a su cabeza la dichosa idea de la felicidad. Con menos ímpetu que dos décadas y media atrás (la energía lógicamente es otra) practicará un último plazo condicional: “si hago eso, esto y lo otro, voy a concretar aquello, lo de allá y lo de más allá; de esa forma (ya soy padre/madre, soy maduro, tengo otro control) lograré de una buena vez la puta felicidad”.

Con el nuevo fracaso se convencerá de que ya no va a volver a intentarlo: nunca, en el plano terrenal, al menos, conseguirá ser feliz.

A partir de esa certidumbre sucederá algo sorprendente: se va a sentir más relajado. Su entorno percibirá el cambio y por un corto período usted será el centro de las reuniones sociales, tocará el piano, hará chistes ingeniosos, se pasará de copas, será un amante, un padre y una madre casi inolvidables.

Cuando uno comprende que ya no tiene nada que perder puede transformarse en algo realmente vistoso. La celulitis y el sobrepeso, la miopía y la pérdida de cabello ya no serán un problema. Se contemplará en el espejo del baño con gesto recio y decidirá regresar al equipo de vóley senior de las chicas o al fútbol cinco de los borrachos de sus amigos.

Estas citas de los jueves con la actividad física lo llevarán a descubrir que su cerebro da órdenes que su cuerpo ya no recibe, o que recibe con delay, o que recibe para terminar haciendo lo que se le ocurre. Como lo mismo está sucediendo en sus compañeros y rivales, lo que originalmente se había planeado como una cita con el deporte terminará en una patética sucesión de yerros, torpes persecuciones en cámara retardada, caídas y bloopers que lo harán entrar en un estado de desesperación como hace tiempo que no experimenta.

El descubrimiento del no manejo de su cuerpo lo llevarán a preguntarse si usted maneja realmente algo de su entorno. Y si no lo maneja usted, ¿entonces quién lo hace? ¿Una fuerza superior? ¿Nadie? Y si no lo hace nadie, ¿a qué fuerzas oscuras está sometido el Hombre? ¿Hay una dirección? ¿Hay una finalidad? Y si no la hay, ¿cuál es el sentido de la existencia? ¿La buena comida? ¿El porno casero? ¿Hacer turismo?

A esta altura usted  está lleno de preguntas sin respuesta, ha dado casi cuarenta y dos vueltas al sol, teniendo en cuenta las expectativas de vida promedio en el cono sur ha llegado casi a la mitad del camino y -a lo que usted imaginaba- la experiencia no ha sido gran cosa. Pero usted dígase “no me importa” y siga viviendo.

Cumpla cuarenta y dos, cumpla cuarenta y tres, cumpla cuarenta y cuatro, cumpla cuarenta y cinco. Disculpe pero en este tiempo no pasa nada.

Cumpla cuarenta y seis y llegado al segundo trimestre de los cuarenta y siete hará una comprobación fuerte: usted se ha vuelto invisible. Hombre o mujer, podrá verificarlo con facilidad: entre a un lugar poblado de otra gente en plan relajado, salón de té, recepción, pub, disco, acérquese con paso decidido a la barra y la totalidad de los asistentes nunca habrán registrado su ingreso, ni su estadía, ni su egreso.

Es duro. No es que usted busque una aventura o demande una atención especial, pero usted recuerda con melancolía las épocas en que su porte y su aspecto, sus movimientos y su actitud provocaban una inevitable atracción sexual. ¿Y ahora las miradas de esos desnaturalizados lo traspasan como si fuese un puto holograma?

La comprobación de otra puerta cerrada para siempre lo llenará de angustia. ¿Cómo sucedió que pasara todo tan rápido? ¿Dónde quedaron los sueños, las lecturas, la música, los planes alocados con sus amigos, el entusiasmo?

Usted se pregunta y busca afanosamente respuestas, pero de golpe mira la hora y debe correr a la reunión de padres por el viaje a Bariloche, después tiene el turno para la colonoscopía y a las diecinueve la reunión para encarar los trabajos de pintura de los palieres. ¿Qué pueden hacer esos ingenuos planteos sobre la condición humana contra una agenda apretada?

Sin demasiadas opciones usted siga viviendo, siga viviendo, vaya a trabajar, renueve el plazo fijo, vaya a votar, el fin de semana aproveche para dormir. Planee las vacaciones familiares a la costa y vaya, a su regreso cumpla cuarenta y ocho y continúe.

Cada tanto mírese al espejo del baño para comprobar que todavía sigue allí. Cumpla cuarenta y nueve y una noche, regresando al hogar se encenderán las luces y vualá: lo habrán emboscado para otra animada reunión con coca cola y sánguches de miga (a la que ahora habrán agregado un buen vino y cápsulas digestivas)

¡Cincuenta años! ¡Medio siglo de vida ocupando una porción de aires sobre la Tierra! Allí estarán sus suegros, sus padres, sus amigos, sus hijos, todos contemplándolo con cierta curiosidad, como esperando algo. Y es extraño porque usted sentirá que ese que está allí parado no es usted, que el verdadero usted sigue siendo el chico o la chica que se encerraban en su cuarto y querían irse a vivir solos.

Nada más equivocado, usted sí es ese que está allí parado y si en todo este tiempo no lo comprendió usted es medio salame.

Y así vamos llegando al final. A partir de aquí se abre un abanico de posibilidades. En realidad decir “abanico” es algo exagerado: se abren dos, a lo sumo tres posibilidades que no son objeto de este instructivo y que usted deberá descubrir solo.

Puede hacerse budista, o ingresar en un consorcio, comprar un feed lot y dedicarse a la ganadería. Puede pedir el divorcio, ponerse de novio con alguien veinte años menor, o cambiar de sexo, o comprar una bicicleta de ruta alemana y pedalear cincuenta kilómetros diarios.

En suma le estarían restando unos veinticinco, treinta años. El sentido común dice que de aquí en más todo debería empeorar, pero, en fin, usted verá.

miércoles, 10 de julio de 2019

Roland Garros


- No podía arruinarla. De una forma o de otra yo el partido iba a ganarlo.
- Pero no te apures, vayamos por orden. Todavía están en el vestuario, faltan unos minutos para salir, afuera se escucha el público, está repleto, ¿qué pensabas en ese momento?
-  Te lo estoy diciendo: que no podía perder.
- ¿Así nada más? ¿Te decías no puedo perder?
- Me decía: no voy a ser el típico jugador que pierde una final por no salir a buscar el partido, por no agotar todas las posibilidades que tiene a su alcance.
-  Pero vos no te sentías favorito.
- No, obvio. Él venía de una temporada increíble, había ganado Buenos Aires, Montecarlo, Hamburgo, había sido finalista en el Master Series de Miami. Pero yo sabía que había algo que lo emparejaba.
- ¿Qué cosa?
- La pica, la rivalidad.
- ¿Se tenían pica?
- Nos odiábamos. Enfrentarnos era como un clásico del fútbol. No importaba mucho quién estaba mejor o peor, ¿entendés? Y por otro lado, para mí Roland Garros había sido siempre una obsesión. Como una especie de enfermedad, la razón por la que me había dedicado al tenis. Tenía que ganar.
- Bueno, él podía estar pensando lo mismo, ¿no?
- No, él no.
- ¿Por qué?
- Porque era un pecho frío, un jugador increíble, pero frío, sin sangre. Lo importante era que yo había llegado a la final, ¿entendés? Y nada ni nadie me la iba a robar.
- Vayamos al partido: los dos primeros sets para él fueron bastante fáciles. Vos no te podías soltar, no estabas jugando bien.
- Los dos primeros sets yo la estaba pasando mal. Me decía “¡Reaccioná! Estás haciendo el papelón más grande de una final de Grand Slam”. Y lo peor de todo es que no estaba jugando mal, era él que estaba jugando tremendamente bien.
- No te daba una chance.
- No. Viste que generalmente vos vas dos-cero o cuatro-cero y se te da una posibilidad y si hacés el punto ya empezás a conectarte, a jugar un poco más. Bueno, él no me la daba, siempre que lo tenía para ganar me hacía un tiro fantástico, que no sé de dónde sacaba, y ganaba el punto.
- Igual en el segundo sets algo empezó a cambiar.
- Sí, fue en el final del segundo. Peloteando, empecé a darme cuenta de qué comenzaba a emparejarlo. Y ya el tercero lo gané seis-cuatro.
- Entonces se dio lo del calambre.
- Sí.
- ¿Él se acalambró porque estabas vos enfrente, por la rivalidad que tenían, o le hubiese pasado lo mismo con cualquier otro rival? ¿Qué pensás?
- Que no se acalambró.
- ¿Decís que lo simuló?
- ¡Totalmente! Como te dije antes, entre nosotros había un partido aparte, nos detestábamos, la temporada anterior nos habíamos peleado mal. Yo siempre fui muy emocional, algo sacado, si querés, y él lo aprovechaba. Justo antes de enfrentarnos en Madrid hizo correr la bola de que mi novia me estaba metiendo los cuernos con Robby Mueller.
- Bueno, vos no eras ningún inocente, lo acusaste de arreglar partidos por plata.
- Se lo merecía, por no tener códigos, por mentiroso. ¿Vos por qué lo defendés?
- No lo defiendo…
- ¡Sí que lo defendés!
- Yo solo digo que…
- ¡El tipo era una cucharada de moco, un soberbio y una mala persona! ¿Preguntá en el circuito? ¿Preguntá a los que lo enfrentaron las actitudes que tenía en el vestuario? ¡Era una mala persona, era un hijo de mil putas!
- Bueno, pará, bajá la voz porque van a venir a buscarme y vamos a tener que cortar.
- Okey, dale.
- Volvamos a lo del calambre.
- El calambre. Si vos recordás, lo del calambre fue la misma situación que habíamos vivido en Hamburgo. También se había acalambrado y en el tercer sets me ganó dándome el baile de mi vida. Yo sé lo que es acalambrarse, tuve que abandonar un montón de partidos por acalambrarme: no podés moverte. Y si ahora estaba acalambrado, para mí es imposible que jugara un quinto set como después jugó.
- No te adelantes, estamos en el cuarto, cuando vos lo ves  a él rengueando, con dificultades para desplazarse…
- ¿Sos sordo o te falta un golpe de horno? ¡Te digo que no estaba acalambrado!
- Disculpame. Cuando vos lo veías simulando ese calambre, ¿no se te hacía difícil seguir jugando?¿No te afectó la concentración?
- Para nada. No me hizo ningún efecto, ya había aprendido la lección. Estaba ahí para ganar como fuese. Si se acalambraba, si se quebraba una gamba, si le daba un ACV, era lo mismo. Recordá lo que dije al principio: yo iba a ganar.  A ver, por ahí no termino de explicar bien la dimensión de todo esto: ¡era la final de Roland Garros, el sueño de mi vida, la fantasía de cualquier tenista!
- Está claro. Volvamos al cuarto set: ese lo ganaste seis uno.
- Sí, me sentí por primera vez fuerte, pero al mismo tiempo empezaba a pensar en lo que se venía: yo sabía que el quinto iba a ser una guerra.
- En el quinto él tuvo dos match point.
-  Fue muy loco, porque yo nunca me había caracterizado por tener la cabeza fuerte. Pero estaba match point abajo y me decía “Esperá, tranquilo que no te lo gana. El maricón no te lo gana”. Y los levanté las dos veces.
- Y entonces llegó tu oportunidad.
- Exacto, lo doy vuelta, me pongo siete-seis, quince-cuarenta arriba y tengo mi oportunidad de partido.
- ¿Qué pensaste en ese momento?
-  Fue raro, antes de que él sacara me pasaron mil quinientas cosas por la cabeza. Empecé a pensar en todo lo que había vivido desde chico con el tenis, me acordaba de mi familia, de mi primer entrenador. Estaba ahí, ¿entendés?, a nada de ganar. Era el sueño de toda mi carrera.
- ¿Cómo fue ese punto? Describilo.
- Cuando él sacaba yo generalmente le devolvía por el medio, porque si le devolvía a los costados, le daba más ángulo y me hacía correr mucho. Entonces me digo: le devuelvo por el medio la que viene y me va a venir más o menos por el medio. Saca, yo salgo por el medio por el lado del drive  y me tira un paralelo de derecha fuerte, un golpe que no me había tirado en todo el partido. Me desconcierto y medio que la meto así como puedo. Empezamos a pelotear el punto y en ese momento pasa lo que yo ya sabía que en algún momento iba a pasar.
- ¿Qué cosa?
- Me viene a la cabeza el pensamiento más temido. Yo soy un tipo complicado, ya lo sabés, siempre fui de sabotearme, de problematizar, de buscarle el pelo al huevo a todo.  Estamos peloteando entonces me digo: aunque lo tengo match point está mejor que yo. Si levanta este punto seguro que me gana los tres siguientes y pierdo el partido. Era algo más fuerte que una intuición, era una certeza, ¿comprendés? De algún lado me venía esa imagen de lo que sí o sí iba a pasar, y yo no podía hacer nada para impedirlo.
- Y entonces sucedió.
- Sí, entonces sucedió.
- A ver, detengámonos un momento. Desde que estás acá, esto nunca lo contaste en una entrevista, ¿podés hacerlo en detalle?
- Estamos quince-cuarenta, él me deja una bastante fácil al revés y yo le tiro un passing corto y lo traigo a la red. Me la devuelve accesible al drive -en el medio yo tengo este pensamiento insistente, machacándome la cabeza: “está mejor, está mejor, me va a ganar”. Entonces le tiro un globo alto, más alto de lo necesario. Yo calculo los segundos que va a tardar hasta que baje y él pueda devolverlo; y mientras la pelota flota en el aire corro hasta mi banco, abro el bolso, saco la pistola que ya tenía preparada, voy de su lado, me le acerco y le disparo.
- ¡Impresionante!
- Sí, fue bastante impresionante. Una sola bala, le di en la cabeza.
- ¿Murió en el acto?
- Es lo que dijeron los médicos después. A mí me hubiera gustado que viviera unos segundos más para que viera lo que iba a pasar a continuación.
- Te confieso que en mis años de periodista presencié algo parecido: fue el momento más delirante que viví en un partido de tenis. El silencio que se creó en el estadio fue algo único.
- Sí, es verdad.
- ¿Y cómo fue lo del ampayer? ¿También lo tenías planeado?
- Sí, obvio. Yo sabía que si después del disparo el ampayer no anulaba el punto, por reglamento yo lo ganaba y, como estábamos match point, ganaba el torneo. Así que me acerqué a la silla y…
- También le disparaste.
- Sí, en el medio del pecho.
- ¡Impresionante!
- También fue bastante impresionante. Entonces ahí sí, guardé la pistola, tiré la raqueta al aire, me fui al centro de la cancha y se desató la locura.
- No hubo mucha locura. Para ser justos el público no aplaudió.
- ¡Sí aplaudió!
- No aplaudió. Sólo se escucharon las palmas de un par de desorientados que no terminaban de comprender lo que acababa de pasar.
- Para mí fue suficiente. Yo estaba llorando como un chico, finalmente cumplía el sueño por el que había trabajado toda mi vida. Ya era el nuevo campeón y nadie podía quitarme eso. ¡Era el campeón! ¡Era el número uno! ¡Era el mejor!
- Bueno, acá vienen a buscarme. Qué lástima. Me tengo que ir. ¿Puede ser una última pregunta?
- Dale.
- ¿Valió la pena? Quiero decir, ¿en todo este tiempo nunca te preguntaste si no hubiese sido mejor jugar ese punto, que terminar así, en la cárcel, con una condena a perpetua, lejos de tu país quizás por el resto de tu vida?
- Obvio que sí. Por supuesto que valió la pena. Era mi sueño y lo logré. Como te dije al principio, de una o de otra forma yo iba a ganar. No podía arruinarla. Y entré en la historia del tenis, soy campeón de Roland Garros. Soy el campeón. No es poca cosa, ¿no?

martes, 2 de julio de 2019

Caripelas


Sector Cajas, ventanilla, detrás el CAJERO sellando formularios. Llega un cliente que no vemos.
CAJERO: ¡No te puedo creer! (mira el reloj, mira al cliente) ¡Diez minutos! ¡Diez putos minutos para cerrar! ¿Qué le pasa a la gente? ¿No tiene nada mejor que hacer? (sella, mira con disimulo)  Mmmm. Y qué caripela. ¿Por qué moverá así las manos? Raro, ¿no? ¡Ah, bueno, ahora te vas a empezar a sugestionar! No, no me sugestiono. Pero que es raro es raro. Alguien que viene faltando diez minutos y mueve así las manos (deja de sellar) ¡La puta madre, me va a chorear! ¡No te puedo creer! ¡El hijo de mil putas me va a chorear! (vuelve a sellar a velocidad) ¡Y justo un viernes! ¡Cagado por un elefante, más que eso, cagado por una manada entera de elefantes estoy yo! (deja de sellar) Serenidad. No tengo que demostrar emociones (canturrea) Hoy es viernes / joda, joda, joda / Hoy es viernes / joda, joda, joda… Y fijate vos como se hace el desentendido. Estos con cara de desentendidos son los peores, por lejos son los más violentos. Familias disfuncionales, droga. ¿Habrá otro afuera de campana? Seguro. Y un tercero esperando en el auto. ¡Y todos enfierrados! (sella a velocidad y se detiene) ¿Cómo me va a decir? “¿Arriba las manos?” “¿Quédese quieto y deme todo?” Una antigüedad, no. Ahora usan palabras incomprensibles, argot tumbero, lo vi en “Policías en acción” “Eeeeh, eeeehh, salchicha, rescatate y aflojá la bolsa” ¡Pará, pará, pará! ¿Y si no se qué está diciendo cómo voy a responder? ¡Es un riesgo tremendo! Por ahí sin comerla ni beberla no entiendo, contesto cualquier cosa, el tipo lo toma a mal, dispara y pierdo la vida (lloriquea) ¡La puta madre, no tengo que demostrar emociones pero no puedo! ¡Estoy histérico! (se siente el ruido de un pedo)  ¡No te digo que estoy cagado por los elefantes! De los nervios se me escapó un gas (vuelve a sellar, mira con disimulo) ¿Habrá escuchado? No parece. Por suerte son cuescos inoloros. Es lo que le digo a Celeste cuando estamos en la cama y se me escapa uno: “Es solo el ruido, mi amor. Si no tienen olor” Tengo que serenarme y pensar en otra cosa (vuelve a sellar, mira con disimulo) Hoy es viernes / joda, joda…¿Y el fierro? Generalmente se lo calzan en la cintura. Una Berza nueve milímetros, o la Glock que usan los del FBI en “Criminal Minds”. ¿Cómo harán cuando tienen que sacarlo? A mí me temblaría todo, estaría pensando cada momento en que se me va a escapar un tiro. ¿Se te escapan los pedos no se te va a escapar un tiro? Seguro que practica en la casa, se para frente al espejo antes de cada asalto. “¡Eeeeh, eeeh, gato, no te amotinés y aflojá el monedero”… La puta madre, y qué pibes que parecen. Uno los ve así flaquitos, con cara de nada y se dice: no puede ser. Y después resulta que es: tiene diez asaltos a mano armada, veinticuatro secuestros extorsivos, cinco homicidios (por primera vez, hablándole al cliente) ¡Ya te atiendo, eh! (volviendo al soliloquio) ¡Una mierda te voy a atender! ¿Qué soy boludo, yo? A las tres baja el patovica de seguridad y te recontra-recaga a trompadas. ¡Lacras, parásitos sociales! ¡A todos estos hay que pasarlo por las armas! ¿Qué cárcel ni ocho cuartos? ¡Hay que hacerlos mierda! (deja de sellar, mira a un costado de la ventanilla) Si por lo menos funcionara el puto botón anti pánico. Estos cráneos ponen un botón anti-pánico y no lo conectan. “Estimado señor malviviente, la sucursal cuenta con botón anti-pánico. Pero no se inquiete, por cuestiones de reforma y para su mejor desenvolvimiento está desconectado.” ¡Qué país, mi Dios! (vuelve a sellar, espía al cliente) No sé si serán los nervios, pero a esa cara yo la tengo. ¿A quién me hace acordar? (interrumpe abruptamente el sellado) ¡Ya éstá! ¡Al primer novio de Vicky! ¿Cómo se llamaba? Manuel, Nahuel. Pero no puede ser. ¿Cuánto hace que no lo veo? A ver, estuvieron alrededor de año, año y medio cuando Vicky terminó el colegio. 2015. Se enojaron unos meses, volvieron. 2016. Después se pelearon definitivamente. 2017. ¿Y si es? ¿Y si es y por ahí también me reconoció y le digo que deponga la actitud? “Soy yo, Nahuel o Manuel, soy Carlos, el padre de Vicky, ¿no me reconocés? Te gustaban las milanesas con limón. Y cuando venías a cenar hablábamos de Independiente. ¿Recordás? ¡Qué campaña la del rojo ese año!” ¡La puta madre, qué encrucijada! ¿Qué hago? ¿Le pregunto? No, es un disparate (al cliente, de sopetón) ¿Nahuel?... Digo, ¿Manuel?…. N-no, nada, nada, disculpame. Te confundí con alguien. ¡Ya te atiendo, eh! (volviendo al soliloquio) ¡Mierda, te voy a atender! ¿Cómo voy a confundir a un chorro hijo de mil putas con el novio de mi hija? Yo no tengo perdón de Dios. ¡Basuras! ¡Lacras sociales! (vuelve a sellar a velocidad) ¡Ahora vas a ver cuando te agarre el patovica! Me va a divertir mirarlo: es un enfermo de la violencia el tipo ese, le encanta causar dolor. Y mientras tanto, no tengo que  demostrar emociones (canturrea) Hoy es viernes / joda, joda, joda… ¿Pero cómo puedo no demostrar emociones si me van asaltar? ¿Qué soy, de telgopor? ¿De silicona de poliuretano, soy? Tengo que luchar por mi vida, por vos, Celeste, y por Vicky. Debería pensar en algo inteligente. Yo siempre fui un tipo inteligente (sella a velocidad y se detiene) ¡Ahí está! Una señal. Tengo que hacer que doy una señal para alertar al centro de monitoreo. Obvio que no hay ningún centro de monitoreo pero el chorro hijo de puta lo ignora. Me va a ver haciendo la señal y si tiene dos neuronas que le hagan contacto va a deducir que en tres segundos va a caer la Federal, el Grupo Geo, SWAT, Gendarmería, la policía montada y se va a dar a la fuga. ¡Brillante! ¡Plan perfecto!  Entonces, ¿qué puede ser? Algo sutil, un movimiento discreto (mira sugestivamente al cliente y se toca el lóbulo de la oreja,) No, muy femenino. Algo más “Avengers”, más superhéroe. Algún motivo con los brazos, por ejemplo (mira desafiante al cliente, levanta ambos brazos y los cruza por sobre su cabeza) Una payasada, una verdadera porquería. ¿Y algún tipo de clave sonora? (da un gritito, tiempo de espera observando la reacción del otro, da otro gritito, ídem) ¿Pero qué hago? ¿Qué estás haciendo, Carlos? ¡Un poco de amor propio, sos argentino, algo de dignidad! Si te tienen que chorear que te choreen, a asumirlo con la frente bien alta (vuelve a sellar frenéticamente, lloriquea) ¡Qué necesidad, decime vos! Seguir de cajero por este sueldo de miseria, sin seguridad, expuesto a cualquier loquito parecido al ex novio de tu hija. Le tendría que haber hecho caso a Celeste cuando salió lo de cultivar nueces pecanas en el Tigre (de golpe, mira al cliente) ¿Y ahora? ¿Qué está haciendo?  (sale de la caja, muestra decepción) ¿Se va? ¿Cómo que se va? ¿Te arrepentiste? ¿Arrugaste? (tiempo) Ah, no, salió para atender el celular (regresa detrás de la caja y vuelve a sellar) Acá vuelve. Ya sabía yo, no podía tener tanta suerte. ¿Con quién habrá hablado? Con el jefe, obvio. El tipo seguro que lo presionó para que apure la cosa (al cliente) ¡Ya te atiendo, eh! (volviendo al soliloquio)  ¡Mierda te voy a atender! ¿Y si me tiro al piso y me desmayo? Cuando nos quisieron cobrar la multa en Córdoba, Celeste me obligó, hice el desmayo y salió perfecto. ¡Pero no! ¡Basta, viejo! ¡Que se acabe esta locura! ¡A tomar el toro por las astas y a enfrentar lo que venga! (con resolución, al cliente) Ahora sí, decime, querido, ¿qué andás necesitando?…. ¿El ABL? ¿La boleta de ABL, decís? ¿Me estás jodiendo?... N-no, no, discúlpame. Quiero decir, si me hubieras dicho antes. Para el pago de impuestos municipales es en el Banco Ciudad, acá a la vuelta…. No, por favor, chau, chau, querido. ¡¡Jajaja! ¡El ABL! ¡La puta que lo parió! Esto pasa por sugestionarte. Mucha serie policial, mucho Netflix, eso es lo que pasa (ordena la pila de formularios, canturrea) Hoy es viernes / joda, joda, joda. Ahora sí, hora de cerrar (ve llegar a otro cliente) Pero… ¡Ah, no! (mira el reloj) ¡No te puedo creer! ¡Dos minutos! ¡Faltan dos putos minutos! ¿Pero qué le pasa a la gente, digo yo? (se pone a sellar maquinalmente, observa al nuevo) Mmmm, ¿y este? ¡Qué caripela, por Dios! Este sí. Este seguro que sí.
APAGÓN

lunes, 8 de abril de 2019

Selma y la luz

Personajes:
Pastor
Selma

 NOTA: Se distribuirá al ingreso a sala una carilla con la letra de la canción que se va a cantar, nombre de la iglesia y algún logo identificatorio, con un billete de 500 pesos falso abrochado.

Templo evangélico. Mientras ingresa el público vemos al PASTOR brasilero sobre el escenario, trajeado, con lentes negros, y con los brazos extendidos, cantando(1). Tiempo. El PASTOR de golpe espía bajo los lentes, saca un handy de un bolsillo y se pone de espaldas.
PASTOR (en español porteño): ¡Atento, Gladys! ¿Me copiás?… ¡Atento, Gladys!… ¡Estate atenta, por el amor de Dios! Mandá el último (saca un papel de un bolsillo, girando, se saca los lentes, cambia el lenguaje nuevamente a portuñol) Queridos amigus y ahora sí vamus a recibir con un caluroso aplauso a nuestro último testimonio di la yornada, la señora (lee en el papel)  Selma Parmesani viuda de Barzola. La querida Selma, que hoy viene a nuestro templo a contarnos su do-lor, su sufrimi-ento, ¿está viniendo? ¡Ahí, está, adelante, adelante, querida Selma, recibámosla con un fuerte aplauso! ¡Ale-luia, hermanos!…
Ingresa SELMA, desfalleciente, tapado negro, de una palidez verdosa, el cabello apelmasado. Trastabilla, el PASTOR al advertirlo va hacia ella, la ayuda a sentarse en una silla en medio del escenario, pero debe apartar la nariz por el  olor corporal que libera.
PASTOR: Venga, Selma, siéntese. Se la nota abando-nada, se la nota trishte. ¡Quí digo trishte, se la nota deshesh-perada! Tampoco huele muy bien que digamos  (el PASTOR recoge de un costado un desodorante de ambientes, rocía a la mujer y esparce un poco por el escenario) Amigus, observemos a nostra querida amiga, Selma, muchas personas esh-peran, esh-peran y siguen sufri-endu, gimi-endu, aun no han tomado la decisión de buscar a este Dios vivu, a este Dios puru, a este Dios que sana, que cura, que transforma. Aquí estamos con la señora Selma, un ser atormentadu, un ser torturadu, un ser anhe-lante de ayuda. Integrante de una hermosa familia de Don Torcuatu, la señora Selma vivió diez años involucrada con los eshpíritus, era midium. ¡Fuerte ese aplauso! (Selma se ladea, está apunto de caerse de la silla, el PASTOR la acomoda) Y su vida, amigus, de pronto empezó a marchar mal, cada vez más mal, prublemas tras prublemas, falleció shu maridu, falleció shu perru, falleció shu loro, con la liberación del mercadu telefónico los eshpíritus también la abandonaron, ya no se contactaban con ella. ¿Un sufrimiento grande, moito grande, no es así Selma?
SELMA (con un hilo de voz): No.
PASTOR (desconcertado): Y llegó un momentu en la vida de la querida Selma en que la conmoción tuvo su límite, su soledad era pro-funda, su vida no tenía shin-tidu, comenzó a beber licores, a tomar pastillas, ya no quiría más. Pensó en quitarse la vida. ¿No es así, Selma?
SELMA: No.
PASTOR (contrariado): ¿Cómo qui no?
SELMA: Yo estaba en el patio regando los malvones -en casa tengo un patio grande con el gallinero, dos plantas de quinotos, una higuera, una huerta orgánica y dos enanos de jardín (SELMA enmudece y queda estática, se ladea, el PASTOR vuelve a acomodarla, castañetea los dedos frente a sus ojos y ella retoma el relato) Primero sentí una voz, era como un llamado. Debe ser alguno de los espíritus de mi trabajo, pensé, y justo en ese momento se me enterró el taco del zapato derecho en la tierra, tropecé y me fui para atrás. Me pegué acá en la nuca con la puerta del gallinero, y entonces me dije basta de dolores, basta de enfermedades, basta de espíritus...
PASTOR: ¡Claro, basta de sufrir, Selma, basta de sufri-miento! Entonces allí sucidió, escuchó el llamadu de ese Dios vivu, de ese Dios puru, de ese Dios que cura, que sana, y se lanzó con todo el amor y la confianza en sus brazus amorosos. ¿No es así Selma?
SELMA: No.
PASTOR: ¿Cómo qui no?
SELMA: Fui hasta la baulera en la que mi marido guardaba las tenazas, las pejerreyceras, la crema antihemorroidal, buscando el martillo para clavar el taco del zapato que había quedado muy torcido y ahí encontré el arma.
PASTOR: ¿Un arma?
SELMA: Sí, un arma.
PASTOR: Y así nuestra querida amiga encuentra un rivolver.
SELMA: No, una ametralladora semi-automática de fabricación rusa.
PASTOR: Un arma de guerra, Selma.
SELMA: Sí, un arma de guerra, regalo de un sobrino de mi marido, subdirector del RENAR.
PASTOR: ¿Y qué hizo con ese arma?
SELMA: Entonces me arrodille junto a la planta de quinotos. ¡Cuántos dulces de quinoto había hecho yo, lo envasaba, lo rotulaba y los repartía por el barrio! Detrás, desde el gallinero venían las voces cantarinas de las ponedoras que mi Armando criaba y bañaba con tanto apego. Y entonces ahí me quedé reflexionando, reflexionando…
PASTOR: ¿Riflexionó mucho, querida Selma?
SELMA: Hasta el día siguiente hasta las tres y cuarto de la tarde.
PASTOR: ¡Cuánta riflexión, amigus! Eso demuestra el estado de angustia, de deshpe-ranza de nuestra amiga, un ser al borde del abishmo. Y entonces ahí sucedió, nuestra hermana encontró la voz superior, encontró a ese Dios vivu, a ese Dios puru, a ese Dios qui cura, qui sana, qui li dijo: “Selma Parmesani viuda de Barzola, prostérnate, arrodíllate,y abre las portas de tu alma, deja esa ametralladora semi-automática di fabricación china”…
SELMA: Rusa.
PASTOR: ¿Cómo?
SELMA: De fabricación rusa.
PASTOR: “Esa ametralladora semi-automática di fabricación rusa. Prueba un exquisito fruto de la planta de quinotos, iscucha la voz angelical de las aves de granja, libera tu alma torturada, abandona la idea de acabar con tu preciosa vida, pecado mortal que lleva direto al Infi-erno”. ¿No es así, Selma?
SELMA: No.
PASTOR (harto): ¿CÓMO QUI NO?
SELMA: Entonces me suicidé.
PASTOR: ¿Si suicidó?
SELMA: Me suicidé.
PASTOR: Jajaja. Si suicidó. La comicidade, amigus, el humor. Jajaja. Está bon. Es de buen cristiano un chiste. ¡Celebremos, amigus! ¡Aleluia!
SELMA (sin acusar recibo): Dije, “te pido perdón Cati”, Cati es la portera de enfrente con la que charlo mucho y siempre me cuenta de los problemas que tiene con su hijo menor que está en la droga, “te pido perdón Amanda”, Amanda es la dueña del almacén de la esquina, porque le iba a quedar debiendo una botella de Gancia y dos paquetes de arroz (SELMA emudece, se ladea, el PASTOR vuelve a acomodarla, castañetea los dedos delante de sus ojos y ella retoma el relato) Entonces apoyé el arma, cerré los ojos y me pegué quince balazos acá.
PASTOR: A ver, déjeme ver (le desprende el tapado y mira a la altura del estómago, debe apartar la cara por el olor y le echa desodorante de ambientes) Efectivamente, amigus, a nuestra querida Selma se le ven los orificios de varios impactos de bala. A ver, eshpéreme un momentito que ya vuelvo con usted. Amigus, ya vuelvo, mientras tanto entonen “Anoichi soñé”, que tienen allí impresa en sus hojitas (el PASTOR se aleja un par de pasos, saca el handy y se pone de espaldas. En español porteño) ¡Atento, Gladys! ¿Me copiás?… No sé de donde sacaste a esta demente. Me la sacás del escenario ya o vos y tu marido no me pisan más el templo, ¿me escuchaste? (girando hacia el público) ¡Bello! ¡Quí testimonio bello y  al mismo tiempo eshtremecedor! Reflexionemos, amigus, la señora Selma Parmesani viuda de Barzola, pese a tener shu negociu con el ispiritismu, a tener shus gallinas y shus quinotos, shu auto ciro kilómetru, shu dúplex en Santa Teresita, entra en un pozo depresivo y llevada por la disisperación acaba con shu vi-da. Pero de todas formas, una vez muerta de quince balazos en shu estómagu, discubre a ese Dios vivu, a ese Dios puru, a ese Dios qui sana, abre su corazón, si arrodilla ante él y sale completamente renovada.
Mientras el PASTOR termina el parlamento anterior, SELMA finalmente cae al piso y comienza a sacudirse.
PASTOR (al advertirlo): ¡Atensao! ¡Atensao! ¡Ya sabía yo! Esta mujer no podría haber pensado eshtas ideas absurdas del suicidio por sí misma. ¡Era el ángel caído, era el oshcu-ro, era Satán! ¡Aleluia, amigus! En toda la semana no habíamos tenido un solo caso de posesión. Tenemos que estar alegres. Ahora, con su ayuda vamos a ri-mover, vamos a expul-sar al maligno del cuerpo de nuestra querida Selma Parmesani viuda de Barzola. Primero vamos a arrojar billetes, billetes, muito billetes, (el PASTOR saca su billetera y tira billetes encima de Selma,  invita al público a acercarse a poner los suyos o toma los billetes que le ofrecen y los tira encima de Selma)  ¡Vamos, no sea tímidos! Billetes, billetes. Con esto el oshcuro se siente tentado y se desconcentra. Y luego vamos a decir; ¡Fuera Satán, vete demonio, no tienes chance! ¡Fuera Satán, vete demonio, no tienes chance! (el PASTOR se arrodilla, cierra los ojos en trance, mueve las manos limpiando el rostro, el tronco, las piernas de SELMA) ¡Fuera Satán, vete demonio, no tienes chance! Digan conmigo. ¡Fuera Satán, vete demonio, no tienes chance!
En pleno procedimiento Selma se incorpora y tranquilamente vuelve a sentarse.
PASTOR (desconcertado): ¡Caramba! ¡Qué velocidad!  (junta rápidamente los billetes y se los guarda en un bolsillo) Bueno, de todas formas, ¡aleluia, amigus!  El Demonio ha escapado del cuerpo de nuestra amiga, temeroso del amor que le hemos brindado, la ha libe-rado y la ha inun-dado del poder del eshpíritu. ¡Fuerte ese aplauso!  Si el Dj me acompaña (se escucha una cumbia cristiana) Hay que bailar, bailemos todos. Selma usted también.
SELMA: ¿Sí?
PASTOR: Claro, mujer. Exprese su agradecimi-ento a este Dios vivu, a este Dios puru, a este Dios que sana, que cura, que transforma.
Selma se incorpora, levanta los brazos y se mueve sin gracia.
El Pastor aparta la nariz, busca el desodorante de ambientes, le tira y la ayuda a sentarse nuevamente.
PASTOR: Bueno,  ya es suficiente, su olor es realmente forte, Selma. ¿Cómo se siente, ahora, querida Selma? Nuestra amiga ha sido exorcizada, el oshcuro ha escapado y ella esta noche ha sido re-bautizada con el eshpiritu santo. ¿No es así, Selma?
SELMA: No
PASTOR: ¿CÓMO QUI NO? ¿POR QUÉ NO? ¿POR QUÉ SE EMPERRA EN DECIRME TODO QUI NO?
SELMA (se angustia, lloriquea): Perdón, es que son divertículos.
PASTOR: Bueno, tranquilícese. ¿Cómo divertículos?
SELMA: Me agarran de joven, me da un dolor acá que me produce temblores. Después de muerta, habrá sido por los balazos, se me agudizaron, pero enseguida se me pasan.
PASTOR (harto): Bueno, ya no tinimos tiempo, ahora vamos a beber el vaso de agua milagro-sa y con eso nos marchamos en paz a casa.
SELMA: ¿Puedo darle un mensaje a alguien?
PASTOR: Sí, pero sia breve.
SELMA: No sé si me escuchará, pero le quiero decir algo a mi marido Armando: “Armando, todavía me voy a demorar un par de días, tengo que dejar acomodada la casa, me tengo que bañar, hacer los trámites para el entierro. Hay que limpiar las lápidas de la familia que están bastante descuidadas….
PASTOR (interrumpiéndola, trae un vaso con agua y se lo da): Buenu, Selma, livante el vaso. Dios mío bindice este vasu di agua, conságralo, ricibe una nueva vida, la vida de Selma Parmesani viuda de Barzola, un ser que luegu de acribillarse a balazos finalmente encontró la paz en tu senu, una nueva integrante de la Iglesia Neo-Santificadora Cosmológica del Novinu Día.
Selma bebe, le salen chorritos de agua por el estómago agujereado por las balas. Al advertirlo el PASTOR le quita el vaso de mala manera.
PASTOR: Deje, usted no. Voy a beber solo yo y el milagro si va a materializar igual. Celebremos a este Dios pleno, bondadoso, qui acaba con el dolor y con el sufrimiento. Repitamos juntos: Aleluia, salvador, restaña las heridas y cura al qui sufre con los dolores fortes de cabeza, al qui sufre con la envidia,  con el cáncer de colon, con el cheque rechazado y libéralo, libéralo y concédele la vida iterna.  y libéralo, libéralo y concédele la vida iterna. Amén (el PASTOR gira hacia SELMA que tiene la vista fija en la puerta de salida de la sala) Bueno, querida amiga, ha llegado el momento de…. ¿Qué mira?
SELMA: Esa luz, ¿la ve?
PASTOR: ¿La del hall de entrada?
SELMA: No, esa luz al fondo del túnel.
PASTOR (siguiéndole la corriente): ¡Ah, la luz, el túnel! ¡Claro qui sí, Selma! Qué emoción, amigus, nuestra amiga Selma Parmesani viuda de Barzola, luego de eliminarse con quince balazos en shu estómagu, luego de ser poseída por el oshcuro y liberada, antes de irse está en comunicación direta desde el más acá con il más allá. Hagamos silencio, cuente, Selma, discri-ba ¿qué ve?
SELMA: Poco y nada, me encandila la luz del fondo.
PASTOR: Inténtelo, es importante, Selma.
SELMA: Hay como dársenas a los costados, es como la estación Pueyrredón de la línea D antes de la remodelación. 
PASTOR: ¡Impri-shionante! ¿Y ve a alguien?
SELMA: Sí, hay mucha gente.
PASTOR: ¡Notable! Todos eshper-ando, como en el andén en hora pico.
SELMA: Ahí está mi abuela Carla, mis tíos mellizos, los dos  murieron aplastados en un accidente en el Sarmiento. Mi marido Armando, no está.
PASTOR: Mire bien, Selma.
SELMA: ¡Ah, sí, ahí llegó! Siempre tarde a todos lados (al PASTOR) ¿Puedo hablarle?
PASTOR: Sí, pero apure. Escuchemos, amigus, este hecho único en nostra Iglesia Neo-Santificadora Cosmológica del Novinu Día. La señora Selma se comunicará con su marido fallicido recientemente, quien ya habita la casa de ese Dios vivu, de ese Dios puru, de este Dios que sana, que cura, que transforma.
SELMA: Armando, le decía acá al pastor, que si no te molesta me voy a demorar un poco porque tengo que hacer un montón de cosas.
PASTOR: Vaya, Selma.
SELMA: ¿Cómo dice?
PASTOR: Que vaya ahora, que no se demore.
SELMA: ¿Le parece? Es que todavía me quedan varias … como le contaba, estuve en el cementerio y…
PASTOR: Yo le diría que aproveiche. Piense que aquí en Buenos Aires los mitrodiligados del subte siempre están en conflicto.
SELMA: Bueno, si usted lo dice. ¿Y qué hago?
PASTOR: Siga hacia la luz, ushted siga siempre hacia la luz, cruza Rivadavia y si la luz se desvía puede agarrar una paralela, Yrigoyen  preferentemente que tiene tránsito rápido (SELMA le da la mano al PASTOR y avanza, dudando) Despidamos con un aplauso a nuestra hermana Selma Parmesani viuda de Barzola, un ser vali-ente, un alma amo-rosa, que parte a la casa de Cristo. ¡Aleluia! ¡Adiós, Selma! ¡Fuerte ese aplauso!
SELMA sale.
Bueno, amigus, ricuerden que el lunes tenemos “el ritual dil corte de las cadenas eshclavi-zantes”, el miércoles “la terapia de amor para madres sholteras” y el viernes el seminario “orando para shalir de la crisis del dólar”. No se atrasen con la cuota de abril, ya estamos atrasados con el alquiler del templo y acabamos de adquirir el nuevo helicóptero. Y ahora vamos a cerrar cantando “Anoichi soñé”, allí tienen la letra impresa si no ricuerdan.
El PASTOR vuelve a ponerse los lentes oscuros, extiende los brazos y canta (1)
APAGÓN


(1)
Anoichi soñé con el día final... 

ese día qui pronto llegara... 
Allí los creyentes shi levantarán al oír la trompeta al sonar. 
Veo en gloria bajando al Salvador... 
los ányeles van anunciando la redención…
siento aligría en mi alma al verme shubi-endo.... 
con los salvados por Cristo a su mansión. 

lunes, 18 de febrero de 2019

Ese deporte de mierda


Dalia está en la cama, interpela a Jorge, que está de pie, con ropa deportiva y sacándose una zapatilla.
Dalia: ¿Sabés?, no puedo creer que te esté diciendo esto. Haceme el favor, volvé a mirarlo.
Ambos miran el brazo izquierdo de Jorge.
Jorge: Estoy cansado, Dalia. Además hicimos tres tries y ganamos, ¿eso para vos no importa?
No, eso para mí no importa. ¡Dale, miralo, te digo!
Ambos vuelven a mirar el brazo de Jorge.
Dalia: ¿Y?
Jorge: ¿Y qué?
Dalia: Qué no es tuyo.
Jorge: ¿Cómo que no es mío?
Dalia: Jorge, ese brazo no es tuyo.
Jorge: Bueno, ¿y qué querés que haga?
Dalia: ¿Qué quiero que hagas? 
¿Qué quiero que hagas? Mínimo, que prestes atención, que cuando vuelvas del rugby traigas todos tus miembros. Ya te lo dije, jugá al tenis, hacé waterpolo. ¡Buscate otro deporte!
Jorge: El rugby es mi vida.
Dalia: No, señor: tu vida soy yo, tu vida es esta familia.
Ambos vuelven a  mirar el brazo.
Dalia: ¿Y sabés de quién es?
Jorge: Bueno…
Dalia: Jorge, ¿de quién?
Jorge: Por ahí es de César.
Dalia: Escuchate, tenés el brazo de otro e ignorás de quién. Yo me voy a volver loca.
Jorge: Dalia, mi vida, estoy casi seguro que es de César, ¿okey?
Dalia: ¿Y cómo sabés?
Jorge: Por el largo, el color de la piel.
Dalia: Jorge, así no podemos seguir. No puede ser que cada domingo de partido llegues en ese estado. Viniste con una fractura de clavícula, viniste con una rotura de ligamentos, viniste sin un diente, pero aparecerte con el brazo de un extraño es demasiado.
Jorge se saca la remera y avanza hacia la cama.
Jorge: Ahora estoy cansado y me duele todo, ¿dale? Te prometo que mañana a la mañana…
Dalia: ¡Ni sueñes que voy a compartir mi cama con eso! (tiempo) Llamalo.
Jorge: ¿A quién?
Dalia: ¡A César, genio!
Jorge: No debe haber llegado, vive en Pilar. Y además me da vergüenza.
Dalia: Vergüenza es robar. ¡No te lo repito: llamalo!
Jorge (saca su celular, llama): Hola, César… dale, dale (a Dalia) Está bajando de la autopista, dice que ahora se estaciona. ¡Sos escandalosa, eh!
Dalia: ¿Ah, yo soy escandalosa?
Jorge (al celular): César, disculpame, fijate por favor si por casualidad no tenés mi brazo izquierdo… Ajá. Son tuyos los dos. Ajá… No, no te jodo más, chau (corta, a Dalia) Dice que no lo tiene, pero que cuando terminamos le pareció que lo tenía Willy.
Dalia: ¡Le pareció que lo tenía Willy! ¡Genial!
Jorge: Si lo tiene Willy vamos a tener que esperar a mañana porque no tengo el celu.
Dalia: ¿Jorge, te das cuenta cómo nos complicás, no? ¿Vos entendés que yo así no voy a poder dormir?
Jorge: Sos escandalosa.
Dalia: Sí, por supuesto, soy escandalosa. Treinta grandulones tirándose unos sobre otros, revolcándose como jabalíes furiosos en un chiquero mientras otros imbéciles los festejan y yo soy escandalosa.
Tiempo, Jorge mira el brazo, mira a Dalia.
Jorge: Si querés puedo probar en el club.
Dalia: Sí, por favor.
Jorge (llama, mientras espera, a Dalia): Espero que esté el cuidador, normalmente a esta hora cierra todo y se va (al celu) Hola Fernandez (a Dalia) El cuidador (al celular) Soy Jorge Matera, Fernandez, escuche ¿hoy después del partido no quedó nada en la cancha?... ¿Nada cómo qué? Como un brazo... Mediano, piel trigueña y con una tirita roja tipo pulserita en la muñeca… Sí, estaba mojada y había mucho barro (a Dalia) Dice que se va a fijar.
Tiempo. Mientras esperan no se miran, Jorge se contempla en el espejo y silba, Dalia se estudia las uñas.
Jorge (al celu): Hola… Ah, gracias, Fernández… No, no se preocupe, lo debe tener alguno de los chicos. Buenas noches.
Dalia: El rugby es un asco.
Jorge: ¡Bueno, che, no es para tanto!
Dalia: Sí es para tanto. Mañana vamos a casa de papá, tiene dos stent, ¿si te ve con el brazo de otro y se shockea?
Jorge: Llevo un pullover.
Dalia: ¿Hace cuarenta grados a la sombra y vas a ir con pullover?
Jorge: Ahora necesito dormir.
Dalia: Yo también necesito dormir. A ver, dejame pensar... Decime, ¿sacaste fotos?
Jorge: ¿Cómo?
Dalia: Si sacaste alguna foto con el celu.
Jorge: No sé, creo que sí.
Jorge se sienta en la cama, juntos buscan en el celular.
Jorge: Hay varias antes de empezar, acá en el vestuario y después saqué algunas al final.
Dalia: ¿Cambiaron las camisetas?
Jorge: Sí, hace como dos años.
Dalia: Estas no me gustan para nada.
Jorge: Bueno, otro día hablamos de las camisetas pero ahora abreviemos, Dalia, ¿qué querés ver?
Dalia: A ver, pará en esta, agrandala.
Jorge agranda la imagen.
Dalia: Ese brazo es de Guido.
Jorge: ¡Qué va a ser de Guido!
Comparan la imagen del celular y el brazo de Jorge.
Dalia: El brazo es de Guido. Mirá.
Jorge: Guido es casi pelirrojo, Dalia, y es más peludo que yo, tiene bello rojo en todo el antebrazo. ¿Sos ciega?
Dalia:¿Y este quién es?
Jorge: Raúl Valerga, juega de hooker, empezó este año.
Dalia (reaccionando, se incorpora de la cama, le saca el celular a Jorge, pasa fotos): ¿Te das cuenta lo que está pasando, Jorge? ¿Te das cuenta? Es la una de la mañana, ¿y de quién es ese puto brazo que trajiste? ¡No es de Javier, no es de César, no es de Willy! ¡Ah, y nos olvidamos de algo: faltan todos los rivales! ¿Contra quién jugaron?
Jorge: San Cirano.
Dalia: ¡San Cirano, perfecto! ¡¿Y vos querés dormir?! (de golpe se tira sobre Jorge y lo atrae hacia sí, histérica) ¡Entonces nos vamos a acostar vos, yo y ese brazo asqueroso de alguien de tu equipo, de alguno de San Cirano o de cualquier otra de las franquicias de la URBA. ¿Qué te parece? ¡Y vamos a tener sexo, sexo grupal, Jorge! ¿Total qué soy yo? ¿La chica fácil, la botinera de la Unión Argentina de Rugby? (lloriquea)
Jorge: ¡Pará, Dalia, pará! Estás histérica, mi amor, estás haciendo un mundo de algo que no lo es (la abraza) Te prometo que mañana a primera hora me levanto y soluciono todo. Si te tranquiliza duermo en el sillón del living.
Dalia: No, está bien (tiempo) Pero si dormís acá separate más.
Jorge: Okey, me separo.
Dalia: Y ni se te ocurra tocarme.
Jorge: No te toco.
Dalia: Y el brazo lo dejás afuera.
Jorge: Lo dejo afuera.
Dalia: Ahora apagá la luz.
Jorge apaga la luz. Una cenital queda resaltando el brazo. Tiempo
Dalia: Jorge
Jorge: Mmmmm.
Dalia: Tenés que dejar ese deporte de mierda.
Jorge: Mmmmm
Dalia: Prometémelo.
Jorge: Mmmmm.
Jorge inmediatamente ronca. Tiempo. Primero de forma imperceptible y luego más abiertamente el brazo comienza a moverse, a continuación repta y se mete dentro de las sábanas.
Apagón.


viernes, 18 de enero de 2019

Son tan lindos

El calor era agobiante y el parque invitaba a refugiarse a la sombra de los plátanos. En la canchita de papi rodeada por el alambrado alto la pelota iba y volvía a ritmo quebrado y cada tanto se escuchaban las protestas y las risas de los contrincantes. Sentadas bajo los  árboles el grupo de mujeres los contemplaba.
- El sol está picante, ¿no les parece que ya es suficiente? –dijo una.
- Dejalos, si no es hoy, pobrecitos, cuándo van a disfrutar.
- Eso es verdad –apoyó otra.
Las plateistas compartían la ronda de mates con la mirada puesta en el juego. Los de casaca roja ocupaban el campo izquierdo y les llevaban dos goles de diferencia a los de camiseta verde.
- Transpirar los serena –dijo una.
- Y cómo les mejora la piel. A Tomi se le fueron esos granos tan feos que tenía.
- Lo mejor es que el mío después duerme como un ángel –celebró otra.
En el grupo se hizo un silencio, hasta que la que cebaba, con tono reflexivo, dijo como hablando para sí:
- Son tan lindos
Como un talismán poderoso y revelador las tres palabras descorrieron las cortinas de la emoción: el mate se paralizó, en todas se dibujó la misma sonrisa de inefable ternura y cada una buscó con la mirada a su héroe.
El que atajaba con los de verde, un gordo pelado, se arremangó el buzo y señaló hacia el grupo debajo de los plátanos:
- ¿Me quieren decir de qué se ríen estas pelotudas?
La respuesta volvió veloz:
- Dale, Koyack, dejá tranquila a tu jermu y concentrate en el juego que ya te comiste cinco.