viernes, 1 de septiembre de 2017

Pensarás que estoy loca

Personajes:
GLORIA

Ambiente único (cocina, comedor, sala de estar) delimitado por un bastidor semicircular del que cuelgan cortinas de plástico, cacharros, perchas con ropa. Todo muy precario. Hay un espejo y una mesita baja en el centro con velas, incensario, piedras energéticas, cera depilatoria, un vaso con cerveza, bloc de hojas y birome. A un costado más cacharros, pilas de revistas, cajas, envases. Gloria, de batón, despeinada, sentada en una banqueta está escribiendo una carta. Tararea una canción de Romeo Santos mientras piensa, luego escribe.

GLORIA: “No te asombres / si una noche / entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía / Bien conoces / mis errores / el egoísmo de ser dueño de tu vida” (escribe) “Vos sabes, las decisiones importantes a mí siempre me costaron, necesito distancia, Gus, de chiquita me pasa así” (piensa) Como cada vez que tenía que elegir el asiento del 95 cuando iba a lo de la tía Zulma. O cuando me escapaba a la heladería y pedía los gustos para combinar en el cucurucho. Jaja. (escribe) “Los gus-tos en el cu-cu-ru-cho”. Eso está bien.

Mira hacia una hoja de periódico con una foto que cuelga de un gancho sobre el lateral izquierdo.

GLORIA: ¡Ay Gus! ¡Muñecote!

Alza el celular de la mesa, pone la misma canción, se incorpora y, mientras canta, baila. Se acerca a la foto, mira la imagen, la seduce.

GLORIA: “Eres mía / mía, mía / no te hagas la loca que eso muy bien yo lo sabía”… ¿Y yo cómo estoy? ¿Cómo me ves? ... ¡Divina! ¿Cómo voy a estar?

Va hasta el espejo, vigila que no le hayan crecido bigotes


GLORIA: Solo necesito tiempo, me faltan unos detalles...

Vuelve a la banqueta, apaga la música del celular y comienza a depilarse una pierna.

GLORIA: Pequeños detalles, pavadas. Un par de retoques con los que la mujer apasionada enloquece a su hombre. Jaja. ¡Los gustos de nuestro cucurucho, Gus, el cucurucho del amor! ¡Estoy tan feliz! ¡Qué loco! La vida es tan rara, ¿no?

De un cuarto, sobre la derecha se escucha la voz de un chico de ocho años, emite sonidos y fraseos extravagantes, que no pertenecen a ningún idioma conocido. Gloria reacciona, se incorpora, va hacia la voz.

GLORIA: ¡Te callas! (más voces del chico) ¡Dije que te callás! ¡Así no! ¿Me escuchaste? ¡Así no! ¿No ves que estoy ocupada? (más voces del chico, va hasta la mesita, alza el recipiente con la cera y amaga a tirárselo) ¡Epa! ¿Te asustaste, putito? ¡Mirá si te voy a tirar con la cera, mi amor! (más voces del chico, va hacia el espejo, se estudia, hace poses) Lo que pasa es que mamá está ocupada, mamá ahora necesita tiempo para ella, tiene que ponerse atractiva, volver a ser esa mujer misteriosa y salvaje. Vos no sabés de qué hablo porque no habías nacido. Jaja. Eras solo aire, como tu hermano. Dos pedacitos de aire con posibilidades de ser (cambiando, en dirección al cuarto) ¡Y para el domingo te adelanto que tenés que decir algo que se entienda!

Va hasta la mesita, alza el vaso de cerveza, que apenas tiene un trago, lo llena de una botella de Quilmes que hay en el piso. Bebe y eructa.

GLORIA: Me estoy desordenando, estoy dispersa y tengo que acelerar. Sino entre que hago la carta, paso y  la dejo, no llego a la terminal (a la foto) Acá no te aceptan reservas telefónicas, sabés, Gus, para Capital sí o sí hay que retirar los pasajes por ventanilla con una semana de anticipación ¿A ver cómo vamos? (alza la carta, camina, mientras la repasa a velocidad toma del vaso) “Hola Muñecote, ¿a que no sabés quién soy? ¿Me reconociste la letra? Soy Gloria, tu Gloria. Te caíste de espalda. ¿Decí que no? ¡Cuánto tiempo!” ¡No! ¡No! (va hasta la mesita, toma la birome y tacha) ¡Es muy común, es chirle! Además no le puedo poner Muñecote así de entrada. Tiene que haber otra cosa. Tengo que hablar de cosas profundas, inteligentes.

Va hasta una pila de revistas y empieza a hojearlas buscando letra, mientras vuelve a tararear.

GLORIA: Ponerle algo inteligente. “No te asombres / si una noche / entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía / Bien conoces / mis errores / el egoísmo de ser dueño de tu vida” (encuentra algo) “El Universo… opera de formas extrañas, y un día el buscador descubre que el camino se abre y revela su sentido oculto”  Ves, esto es algo. (copia el fragmento en la carta, a la imagen) Para que te des cuenta, Gus, para que veas que sigo siendo Gloria (tiempo. Cambiando) ¿Te acordás de la última vez, en el café de la placita Sarratea?  Sabés, yo no me olvido. La mesita a la calle. No parabas de tartamudear. Me pediste que volviera... (se acerca al artículo con la foto) ¿Y vos, cómo estás? Dale, decime con los ojos. ¡Esos ojos, Muñecote! Seguís lindo, eh. Qué tipo lindo que eras. Te hago una confesión: cuando íbamos a algún lado y había gente, a mí a veces me daba no sé qué estar con vos por lo lindo que eras. Eras… cómo decirte, como delicado, entendés, esa carita, las manitos blancas. Y a mí se me mezclaban las sensaciones. Por un lado me producía como un rechazo; no era rechazo, era como cierto asquito y, al mismo tiempo, me llenabas de ternura (se emociona) Mirá lo que me hacés decir. Ya sé, soy una estúpida. ¡Pero me acuerdo tanto, tanto, Gus! (vuelve la voz del chico) ¡Nene, te callás!

Va hasta una caja con juguetes, alza unos cubos de madera, va sobre la derecha y se los comienza a tirar.

GLORIA: “Por favor, mamá, traeme los cubos” ¿Es tan difícil? (voz del chico) A ver, mi amor, mamá te entiende, okey, pero sería mucho, muchísimo mejor si hablaras en argentino. Como tu hermano. Por qué no tomás de ejemplo a tu hermano.

Vuelve a sentarse en la banqueta y sigue depilándose. Le habla al hijo.

GLORIA: Lo hermoso que era tu hermano a tu edad. ¡Era tan desenvuelto, tan gracioso! Un gurrumín así, venía corriendo con esa navaja que le había regalado tu padre -¡que era un peligro!- se paraba con los piecitos separados y decía: “Cuando papá no está, yo te defendo. ‘Yo te defendo’, jaja. Vos no podés acordarte porque eras bebé, ¡pero era tan cómico, tan lindo! (se emociona)  Miralo ahora: un hombrecito. ¡Gustavito! ¡Gustavito! (transición, va hasta la puerta de la habitación)  ¿Dónde está? Mati, te estoy preguntando, ¿dónde está tu hermano? (voz del chico) ¡Entendés, claro, que entendés, sos medio pavote cuando te conviene! Te pregunto dónde está. ¡Soy la madre, tengo derecho y ya sabés lo que pasa si interviene tu padre! (voz del chico) ¡Te callás! Te juro que cuando aparezca me va a escuchar (va hasta la imagen de Gus del artículo y la da vuelta) ¡Pendejo ladrón, falopero! (vuelve al espejo, se controla los bigotes) Entra y sale cuando quiere, saca, vende lo que se le ocurre, como si esto, no sé, fuera una sucursal de Garbarino. ¡Y a vos que no te sale una puta palabra! Ya mismo tengo que hablar con Agatha.

Va hasta la mesa baja, apoya el blog y la birome en el piso. Vuelve hasta la imagen de Gus y la pone del derecho.

GLORIA: Perdóname un segundito, mi amor. Bueno, relax, relax, che…

Respira. Toma del vaso, eructa. Se pone a armar el altar, prende las velas, acomoda las piedras energéticas, alza una estampita y la apoya contra el incensario. Mientras hace todo esto tararea. Se muestra algo borracha.

GLORIA: “Dicen que tu novio es un insípido, aburrido / que eres fogata y el tan frío / No te asombres si una noche / entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía” La aguamarina atrae la claridad de pensamiento, el cuarzo aporta firmeza y seguridad, el ámbar libera a la mente de negatividad. Hay que ponerlas en orden y para que funcionen tienen que estar activadas. ‘Activadas’ ¿Habrá que enchufarlas en algún lado? Jaja. ¿Qué son, a pilas? Jaja. Ya no saben qué inventar (alza la estampita) ¡Ay, que letra de hormiga! (busca unos lentes, se los pone)Virgen Inmaculada, en honor de tu divino hijo nos postramos delante de ti, implorando la misericordia de Dios. No por nuestros méritos, sino por la bondad de tu corazón maternal” Después repetir dos veces más (cierra los ojos y mueve los labios a desgano. Antes de terminar la oración marca en el celular) Hola, Aghata… Amiga, ¿vos me escuchás bien?… Bueno, mirá, conseguí las piedras. Fui a ese lugar, casa Orión. Decime algo, ¿cómo es esto que tienen que estar activadas?... Ajá… Así están más receptivas… Sí, sí, ya sé, para que respondan a lo que una pide. Decime, ¿y vos estás segura, no?... ¡Creo, creo, obvio que creo y hago todo al pie de la letra! Primero me dijiste que tenía poderes, después que era niño índigo. ¡Cualquier cosa me dijiste! Con una mano en el corazón, ¿vos decís para el domingo el pibe me habla normal?... Es que, para serte sincera, yo no veo un puto progreso, no sé, está igual... Sí, sí, claro que tengo fe. ¡Yo siempre tengo fe, Agatha!  Pero, para que te des una idea: el té de ortigas fue imposible dárselo. No lo pasa, se empezó a mover, le quemé toda la boca y el cuello, me lo escupió y al final me cansé. Por ahí tiene razón la piba esta, la asistente social y… ¡No, no, claro!… Sí, tenés razón (va de nuevo hasta el recorte con la foto de Gus, lo pone al revés) Escuchame, también quería consultarte: con respecto a lo otro. ¿Qué viste?... (contrariada) No entiendo… ¡Digo que no entiendo, no capto lo que estás diciendo! ¿Mi destino? ¿Cómo que no es mi destino?... ¡¿Turbio?! ¡Y qué autoridad tenés vos para decir que está turbio! ¡Si está turbio ponele lavandina y aclaralo!…  No, no me enojo, Agatha, no entendés: es que yo lo veo tan claro. Sé que mi vida va a cambiar. Sobre todo por los nenes, como buena madre para mí ante todo están los nenes. Quiero decir, pienso en mí, pero sobre todo pienso en ellos, pobres angelitos de Dios. Es una vida nueva, ¿entendés?… Okey, replanteo… Entiendo, entiendo, querés decir como recoger las barajas, mezclarlas y dar de nuevo, lo que vos digas… Agrego dos velas más…. Amarilla: persuasión y dominio sobre los demás y otra azul… ¿para qué?... Lealtad y buen funcionamiento de bazo y riñones. ¿Y eso que tiene que ver con lo mío?... Ah, okey, okey, no te discuto. Las consigo y las prendo. Y ahora te tengo que cortar, tengo que hacer mil cosas. ¡Me estoy volviendo loca, amiga!... Respiro, respiro (respira fuerte para relajarse) Gracias, te llamo, chau. ¡Si no fuera por vos, Agatha, sabés que te debo un montón! Chau, amiga, chau, gracias (corta la comunicación) ¡Andate bien a la mierda! ¡Te conozco, mascarita! Te morís de envidia. Con Ruben fue calcado. ¡Sos calentona, no te controlás! No es que esté turbio, que esté trabado, sos vos la que me lo quiere trabar para después levantarte a mi tipo. ¡Y yo como una estúpida te di su foto, te dije su fecha de nacimiento! ¡Estúpida, estúpida! Tengo que recuperar esa foto.

Vuele a sentarse en la banqueta y sigue depilándose.

GLORIA: Eso me pasa por confiar en la gente. No hay que confiar en la gente. “El mal…  el mal… (trata de recordar, va hasta la pila de revistas, busca a velocidad, encuentra la frase) “El mal… es todo lo que en el Hombre y su condición existencial es equivocado e impide que sea verdaderamente Hombre” Eso está bien.

Alza el block y la birome del piso y escribe la frase en la carta. Se escucha el ruido de una puerta y los pasos de alguien corriendo. Se incorpora y habla hacia la entrada, ubicada en un punto sobre la platea a la izquierda.

GLORIA: ¡Gustavito! Gustavo Adolfo, ¿te fijaste la hora?

El recién llegado va hacia la habitación donde está su hermano.

GLORIA: ¡Gustavito! ¿Le querés informar a tu madre dónde estabas? ¡Qué hacés! (voz del chico) ¡Dejá en paz a tu hermano! (más voces del chico) ¡Te callás! (a Gustavito) Tratalo con dulzura, ¿tanto te cuesta? Mati es frágil, hay que cuidarlo. ¡Son hermanos, tienen un vínculo, che! (cambiando) ¡Qué lindo que está el nene! Dale, contale a mamá, ¿de dónde sacaste esas zapatillas? ¿Dónde estabas? (ruidos) ¿Qué estás buscando ahí? ¿Qué hacés? ¡No toques…! ¡Mi plancha para el pelo, ni se te ocurra!

Entra al cuarto, se trenza en lucha con su hijo, se escucha el forcejeo junto con las voces del chico.

OFF GLORIA: ¡Soltá! ¡Soltá eso! ¡Dame para acá! ¡Es un regalo de tu tía Gladys! ¡Pendejo de mierda! ¡Tené un respeto!

Vuelve a escena cubriéndose un ojo con la mano, lo sigue con la vista hasta la salida.

GLORIA: ¡A una madre no se le pega, animal! ¡Delante de tu hermano! ¡Sos igual a tu padre! ¡Ya estoy harta! ¡Re mil podrida, estoy! ¡Esto se termina ya!

Va hasta la mesa baja y alza el celular, llama. 

GLORIA: Hola, Seccional… Sí, gracias (a la puerta de salida) ¡Todo tiene un límite! ¡No podés decir que no te lo advertí! (al celular) Hola, sargento… cabo, sí, para hacer una denuncia… Por robo… Gustavo Adolfo Sosa… El nombre del ladrón… ¡Y cómo no voy a saberlo si es mi hijo mayor!…  Sí, teniente… bueno, agente, es mi hijo y estoy segura. ¡Usted me toma la denuncia!... Mil cosas: el ventilador de pie, dos plegadizas, dos celulares, un apoya pava de madera, recuerdo de Monte Hermoso, divino, tres cadenitas de plata, una con la medalla de San Benito. Ahora se me llevó la plancha para el pelo Philips… No señor, estoy tranquilísima, teniente.  Yo hago la denuncia, usted lo busca, lo detiene y le da cinco años de cárcel o lo que sea. Es su trabajo, ¿no?... Por la placita de la vía, o en la estación. Andan siempre por ahí… Bonifacio 448. ¡Necesito una condena, okey!... Por favor, cuanto antes. Gracias, sub comisario, muy amable, gracias, muchas gracias (corta. A la puerta de salida) ¡Ahora vamos a ver cómo te arreglás! ¡Y ni sueñes con que tu padre vaya a buscarte porque no está, se fue de viaje! (se mira en el espejo) ¡Mirá como tengo el ojo! ¡Y justo ahora! Espero que
no se me hinche. Por ahí con un poco de tapa ojeras… (mira el entorno) ¡Qué desastre! ¡Qué desastre! ¿Qué estoy haciendo? (respira) Tengo que relajar, tengo que soltar. Inhalar y soltar, inhalar y soltar…

Pone en el celular el tema de Romeo Santos, va a buscar el artículo con la imagen bailando y lo apoye en la mesa contra el incensario. Toma del vaso de cerveza.

GLORIA: Cuántas interrupciones. Volvamos, Gus, ¿cuánto pasó? ¿Quince años? (escribe en el block) “Quince años” ¿Quince años es mucho o es poco? Jaja. Yo con el asunto del paso del tiempo soy un desastre, no sé, me desorienta, es como que no soy consciente… No, debe ser mucho… ¿Sabes?, yo en estos días estuve pensando, dele que dele, dándole vueltas: Y sí, estuve pésima, estuve re-cruel con vos. Siempre tuve una duda: ¿Vos querías formalizar? ¿No? ¿Qué tu madre conociera a mi familia, que hiciéramos el casamiento por iglesia, una gran fiesta? A mí siempre me gustó pensar eso. Pero yo en ese momento era una inmadura, Gus, tenía la cabeza en cualquier lado. Además, Muñe, estaban todos esos gustos raros tuyos, quiero decir -jaja, todavía hoy me da un poco de pudor- la cuestión íntima-sexual, digo. ¿Sabés a qué me refiero?... Entonces yo lo pensaba, lo pensaba y cada vez tenía más dudas.

Se incorpora, alza el artículo con la foto de Gus y lo vuelve a colgar del gancho. Se sienta en la banqueta y sigue depilándose.

GLORIA: La cuestión es que –como habrás visto- yo maduré, crecí como ser humano, y creo que nos merecemos otra oportunidad. Así como lo escuchás, pensarás que estoy loca, dirás qué hago yo ahora revolviendo en un cajón de cosas olvidadas. Pero “qué es la vida del Hombre… (pausa, lucha por recordar la frase, deja de depilarse, lo recuerda) “qué es la vida del Hombre… sino una sucesión de borradores que en la versión siguiente tratamos de enmendar”, Jorge Bucay.

Escribe la frase. Busca la botella, vuelca lo que queda en el vaso, toma. Cambiando, le habla a la imagen del artículo en un estado embotado, como de aturdimiento.

GLORIA: ¿Qué fue de mi vida durante todo este tiempo? Es necesario que lo sepas, Muñeco, antes de pasar a lo importante. Dos puntos. Cuando me fui de Buenos Aires, estuve un año en Alta Gracia viviendo en casa de mi hermana Luci -vos la conocés, la viste una vez cuando viajó para un recital de Marco Antonio Solís en el Luna Park. Mi hermana en ese momento tenía la peluquería en la casa y mucho lugar libre y a mí se me había ocurrido armar un estudio para enseñar danza árabe. Fue un fracaso. Después hice un curso de cosmetología y depilación definitiva y me salió una posibilidad en Merlo, San Luis, que es la ciudad con mejor calidad ambiental del país y uno de los tres principales microclimas del mundo. Iba a asociarme con un amigo de Luci, que es estilista y abría un local nuevo. Tampoco funcionó. Después viajé a Bolivia y al Perú con un grupo de yoga. Después me vine a Rosario y acá finalmente me quedé. Tengo dos hijos: Matías de ocho y Gustavito de doce -Gustavito te imaginarás en homenaje a quién. Dos hombrecitos preciosos, muy desenvueltos, viste como son los chicos ahora. Cuando llegué acá y encontré alojamiento, decidí volver a mi vocación, la danza. Empecé a bailar en Cream Energy, un pub en la zona del puerto. Hacía lo que hoy es el baile del caño. Ojo, no bailaba en bolas, yo era el número central y solo hacía toples. Era re loco: estaba metida como en una gran pecera que me separaba de los hombres, ¡que se pegaban al vidrio de una forma!... Ahí fue que lo conocí a Ruben, el padre de los nenes. Ruben es ex boxeador, en ese momento era el encargado del local. No paraba de perseguirme y regalarme peluches, a mí me causaba una gracia enorme y al final le dije que sí. Nos juntamos, no te creas que me casé ni nada por el estilo. Ruben no es mala gente, tuvo una infancia difícil, por lo del boxeo y los golpes en la cabeza tiene que tomar una medicación fija y si la mezcla con alcohol se deprime y a veces se pone agresivo. En 2006 nos sortearon y nos vinimos a vivir al Barrio Ludueña, en 2008 me operaron de los ligamentos de la rodilla y se me complicó el tema de la danza. ¡Qué más? Ah, sí, me diplomé en peluquería y estética integral. Y eso es más o menos todo…

Tiempo. De golpe, como si una alarma interna le hubiese develado la verdadera naturaleza de lo que fue su vida, se incorpora y comienza a pasear una mirada aturdida por el entorno. Se mantiene muda, extraviada, las lágrimas comienzan a inundarle los ojos. Tiempo. Otra vez, de forma abrupta, corre hasta el retrato y lo da vuelta. Se seca los ojos, se mira en el espejo, busca recomponerse. Tararea.

GLORIA: : “Eres mía / mía, mía / no te hagas la loca que eso muy bien yo lo sabía”… Pero hablemos de cosas alegres, Muñecote (pone del derecho otra vez el retrato) Cuando el jueves agarro el diario y leo “el Dr. Gustavo Peralta Font, el magistrado más joven en la historia de la Corte, asume hoy” y veo tu foto, pegué semejante alarido. Rubén en ese momento estaba haciendo los ejercicios con las mancuernas en la cocina y dice “¡Avisá, loca, qué te pasa!” Y a mí me salió de adentro: le muestro la página y le digo “¡Aprendé, animal, este es un hombre!”  ¡Lo hubieras visto como se puso, jaja!  Se fue al patio y empezó a pegarle combinaciones de jabs y ganchos de derecha al palo borracho del fondo. Volvió a la cocina con las manos que daban pena (tiempo, cambiando se toca el ojo golpeado) ¡La Corte Suprema de Justicia, Gus, qué tal! Te digo que no me sorprende, vos siempre fuiste un tipo con metas (se emociona) Así es como se concretan los logros en la vida, tener un camino trazado y seguirlo a toda costa (va hasta la mesa baja y escribe en el block) Escribo esto y te juro que se me caen las lágrimas. ¡Vos te merecés eso y mucho, muchísimo más, Muñecote!

Suena el celular. Lo atiende, contrariada.

GLORIA: Hola, sí… Raíz de jengibre fresca, sí, vela blanca, sí. ¿Un pañuelo que use con frecuencia? ¡¿Y de dónde saco un pañuelo que use con frecuencia?! … No, Agatha, no desconfío. Lo que pasa que pedís cada cosa… ¿Quién dice eso?... Envidia, Agatha, envidia.... Porque es una envidiosa, no tiene paz. Ninguna de esas tiene paz, vos las conocés y sabés como es el barrio... Es que vos y yo siempre estuvimos en otro nivel. Es la verdad. Y no te lo perdonan… Decile qué antes de hablar mejor que me devuelva el collar y la calza verde que le presté para la inauguración de la salita... ¡Sí, seguro! ¡Que se anime, vas a ver cómo le arranco todos los pelos oxigenados esos que tiene! Pero nos distraemos en asuntos menores, Agatha. Escuchame, aprovecho para pedirte un favor: si llegas a ver a Gustavito intentando vender algo…  Sí, hoy… La plancha para el pelo Philips y lo denuncié en la Cuarta… Sí, lo denuncié (lloriquea) Me costó pero no daba para más. Es que  vos no sabés lo que es mi sufrimiento de madre, Agatha, a veces siento que no puedo sola… (cambiando)  ¿Te parece? Estoy mal, ¿no? ¿Lo notaste? Qué perceptiva que sos... Exacto, “desbordada”, esa es la palabra. Soy Escorpio, estoy dominada por Marte, Agathita, por eso siempre quiero adelantarme a los problemas, son muy analítica. Por suerte te tengo a vos, amiga (respira) Sí, respiro, me la paso respirando. ¡Me siento pésima! Corto con vos y lo llamo… ¡Y claro que lo amo, es mi hijo! Uno los trae al mundo para que sean felices. Yo por eso estoy haciendo todo esto, ¿o qué te creés? Si lo ves decile que venga, ¿dale? (cambiando) Aprovecho para otra cosa, necesito la foto de Gustavo… La foto que te di. Es que el artículo del diario se me perdió o lo debo haber usado para envolver y esa es la única foto que tengo (le hace señas de complicidad al retrato)… Dale, buscala, porfa, yo después paso… ¡Lo llamo, lo llamo! Y también tengo que terminar la carta… Yo siempre creo. Chau, amiga, chau, Agathita, chau.

Corta, llama a otro número, espera, mientras lo hace va hasta el espejo, se estudia, de perfil, se mira el culo.

GLORIA: ¡Atendé!¡Atendé, hijo!¡Soy una bestia, como voy a hacer algo así! (voz del chico) ¡Te callas! (más voces del chico, va hasta la puerta del cuarto) ¡Por favor, Mati!  Mamá está intentando ubicar a tu hermano para decirle que huya de la policía. ¡Dios, hoy estoy histérica! Vos y tu hermano me sacan de eje. Yo hago todo, los educo, les doy amor, los enfrento a la vida, ¿y ustedes cómo me pagan? (vuelve a marcar) Le dejo un mensaje. “Hola, hiji, soy mamá. ¿Estás bien?  Mirá que es tarde y va a empezar a refrescar. ¿Tenés abrigo? Si te vuelve la tos me vas a escuchar, ¿eh? Amor, ¿comiste? Si ya vendiste mi planchita para el pelo te perdono, pero comprate algo para merendar, ¿dale?, un superpancho, un buen choripán. No andes con el estomago vacío. ¡Te amo, hijo! Vení a casa, o llamame, por favor”

Termina la comunicación. Cambiando, para sí.

GLORIA: Tampoco es para tanto. Si los de la Cuarta lo agarran me hago monja. No tienen ni para la nafta. ¿En qué van a salir a buscarlo? ¿A caballo? Jajaja. ¡A caballo! ¡Como en ‘Bonanza’! ¡Arreee, arreeee! (simula cabalgata) Jajaja. ¡Qué loca! ¡Gloria, vos sí que te divertís fácil!

Se sienta para retomar la carta. Intenta servirse cerveza de la botella pero ya no queda más.

GLORIA (repasa a con la vista lo que lleva escrito): Bla, bla, bla, perfecto. Entonces, retomando, Muñecote, ¿dónde había dejado? Ah, sí, resulta que al día siguiente de ver la noticia en el diario ¿a quién me encuentro en la peatonal? A tu madre, ¿podés creer? Yo iba con Mati a la galería donde trabaja Agatha, que es una amiga que me está ayudando para que el nene empiece a hablar normal. A ‘pronunciar’, quiero decir, a ‘pronunciar’, porque no sé si te conté pero Mati tiene algunos problemas con la pronunciación. Pero me estoy yendo: cuando me la veo a tu madre mirando vidrieras, recordé que ustedes tienen parientes acá (se incorpora y teatraliza el encuentro)  Le digo “¡Mercedes!” Al principio me miraba, me miraba, me di cuenta que no me reconocía: de la época en que bailaba en Cream Energy tengo los contactos verdes; además (mirándose al espejo) –para serte sincera- estoy unos gramitos arriba. Le digo “Mercedes, soy yo, Gloria”  Elegante como siempre tu madre, estaba de punta en blanco. Cuando empezamos a hablar la noté como nerviosa, decía en todo momento que se tenía que tomar un taxi. Ahí fue que me contó que seguías soltero, y que seguís viviendo en el departamentito de calle Agüero (se conmueve) ¡Qué impacto! ¡Nuestro nidito de amor, muñe!... Y bueno, Matías no paraba de tirarle de la pollera y gritarle, parecía un teletubi empastillado, después se meó encima, tu madre se asusto y no pudimos seguirla. “¡Mercedes! ¡Mercedes, espere!” Se fue corriendo, pobre, se ve que estaba con el tiempo justo. ¡Tu madre es tan divina! ¿Sabés?, sos su vivo retrato, Gus, sacaste sus ojos, además sos igual de distinguido, sos así tan controlado, tan formal...

Vuelve a la mesita, escribe en el block unas palabras. De golpe cambia, se acerca a la imagen, retrocede, vuelve, lucha con lo que tiene para decir.

GLORIA: Gus, no sé si a vos te pasa lo mismo, pero yo no recuerdo mal nuestra vida… íntima, quiero decir. Era rara, no te lo voy a negar: con todo ese tema de que vos no querías que nos tocáramos y yo tenía que ponerme los tacos aguja para clavártelos en esa zona, mientras vos cantabas “La dona e mobile”. Era raro pero a mí no me molestaba. Lo que quiero decir, mi amor, es que aunque teníamos que hacer cosas no convencionales para que vos pudieras funcionar, yo la pasaba bien (se emociona con el recuerdo) Una vive, vive y después se da cuenta que lo importante está en las cosas simples (de golpe, cambiando) ¡Ustedes los hombres son incorregibles! ¡Pobre Ruben! Sabés que después de mostrarle lo del diario y curarle las manos, obviamente lo agarré y le hablé de lo nuestro y de mi decisión. Sabés que se armó un bolso y esa misma tarde se tomó el Urquiza para Buenos Aires y te está buscando. Jaja. Igual no te asustes, en el ambiente de allá no tiene contactos y además no sabe dónde vivís. Lo que me preocupa es que no tome la medicación, pobre, con lo del boxeo y los golpes en la cabeza, cuando se saltea los horarios de las pastillas se pierde y empieza a decir boludeces. ¡Ah, tengo tantos, tantos planes, Gus! Pienso retomar la danza, tal vez empiece a estudiar alguna carrera: ¿qué te parece Medicina? La estética integral y la medicina están emparentadas. O no, mejor Abogacía, me podés poner como tu secretaria en la Corte para practicar. Vas a ver que todo va a volver a ser como antes. ¡Quiero saber tantas cosas de vos! Jaja. Estoy ansiosa, como intranquila, transpiro todo el tiempo. Ayer pensaba: no será más prudente esperar a recibir carta tuya, pero me dije: no seas pavota, Gloria, si ya vas a tener todo el tiempo del mundo para ponerte al día personalmente. ¡Y ahora sí, Muñe: la noticia bomba!

Va hasta las otras botellas, en una hay un resto de cerveza, se lo toma. Va hasta el altarcito, enciende un incienso, pone la música en el celular y baila.

GLORIA: Creemos un poco de ambiente. Jaja. ¿Estás listo?  Ahí va: el domingo estoy llegando a Retiro con los chicos. ¿Qué tal? A que te desmayaste. Te caíste de espaldas. ¿No es una idea maravillosa? Sí, yo también estoy ilusionada. El martes te van a llegar los muebles, no son muchos, pero tengo un espejo y un juego de sillones de mimbre que compré de recién llegada a Rosario a los que les tengo cariño. Vamos a construir una hermosa familia, vas a ver, los nenes ya saben que vas a ser su nuevo papá del corazón. ¡Sí, mi amor, sí, muñe, una vida nueva, vos, yo y los nenes!

Se escucha ruido de alguien que entra corriendo, lo ve entrar, va hasta la puerta de la habitación.

GLORIA: ¡Gustavito, Gustavo Adolfo, qué hacés! (voz del chico) ¡Vos callate! (a Gustavito) ¡Me podés decir qué bicho te pico que entrás así! (más voces del chico) ¡No te metas debajo de la cama de tu hermano! ¡Salí de ahí abajo y hablá! ¡Soy tu madre!

Se escucha la sirena de un patrullero, se ve el reflejo de la luz roja intermitente. Barullo de voces. Del cuarto se dirige a platea y habla hacia la puerta de entrada.

GLORIA: ¿Qué pasa? ¿Qué es esto, una reunión de consorcio? ¡Teniente!... Cabo, bueno, ¿qué hace toda esta chusma en la puerta de mi domicilio?… ¡Pero vos callate, ignorante! ¡Lavate la boca antes de hablar de mi hijo! … Sargento, ¿por qué en vez de armar semejante conventillo no sale a buscar a mi hijo?…  ¡Y usted que sabe! Lo están buscando porque está perdido. ¡Sí, perdido, señora!... ¡Eso es resentimiento, es pura envidia, a vos te tengo bien junada, Nélida! Porque aparte de ser un chico hermoso, Gustavito es un emprendedor, tiene su propio negocio… ¿Quién va a incendiar? ¡Animate, dale, vas a ver cómo te arranco todos los pelos, villera, vende paco! (cambiando) ¿Y vos, Agathita? ¿Vos también? ¡No lo puedo creer! Sos acuario, nosotras teníamos una conexión. ¡Qué bajo que caíste! ¡Me rompiste el corazón!... ¡Alcohólica será tu madre, chimpancé operado! Y usted, capitán, ¿va a hablar o no va a hablar? ¿Buscó a mi hijo? ¡Qué va a buscar! Ustedes si no es a cometa no funcionan (adelantándose)  ¡Noooo! ¿Qué hacés? ¡Ni se te ocurra poner ese sucio pie en mi casa porque te clavo un cuchillo! ¡Fuera! ¡Rajen de acá! Se acabó el circo. Solo voy a decir una cosa más (va hasta la pila de revistas, levanta una y la abre en una marca, lee) “Qué es la vida del Hombre… qué es la vida del Hombre sino una sucesión de borradores que en la versión siguiente tratamos de enmendar” No entendiste nada, ¿eh, Nélida?, yo te lo traduzco: ¡Andate a la puta que te parió!

Va hacia la habitación, entra.

OFF GLORIA: ¡Final! ¡Se acabó! ¡Harta! ¡Re podrida, estoy! ¡Y vos, pedazo de pelotudo, salí de abajo de la cama y ayudame a vestir a tu hermano que nos vamos!

Gradualmente se apagan las voces, las luces del patrullero. Vuelve a escena con dos valijas destartaladas, las abre y comienza a tirar adentro, sin orden, las revistas, los envases, los cacharros de cocina, las velas y las piedras del altarcito.

GLORIA: ¡Nos vamos! ¡Se a-ca-bó! (a la imagen de Gus) Cambio de planes, muñe, se adelanta el viaje. Perdón por la escena, pero me tendría que haber ido de acá hace tiempo, ¿sabés? Tratar con semejante gente te intoxica, te entra en la sangre hasta que el aura te queda totalmente opaca. Pero borrón y cuenta nueva. Ya fue. Entró en el pasado, mi amor. Vos y yo vamos a iniciar una nueva etapa, un tiempo dichoso, equilibrado. Como pasa en el reino animal. Vos te fijaste qué sabiduría (señala la valija) Yo acá tengo un artículo que habla de los reptiles cuando cambian de piel. Es alucinante. Unas simples lagartijitas, que caminan, caminan y de golpe se paran, se sacuden y abandonan la piel antigua como si fuera una funda de colchón, o una bolsa de dormir. Y debajo ya asoma la piel nueva, delicada, reluciente. ¡Se te saltan las lágrimas de la emoción! Esa es su forma de crecer, ¿entendés? Vos y yo ahora nos estamos sacando esa piel antigua, muñe, para renacer en nuestro amor… Sacarse la piel antigua: eso está bien.

Va hasta la mesita, anota en la carta y después pone el blog dentro de una de las valijas.

GLORIA: Qué loco, la carta no va a ir por correo sino que te la voy a leer yo en persona. Jajaja. ¡Estoy tan feliz, tan feliz! (cambiando, al hijo) ¡Hijo, terminá de vestir a tu hermano, y después correte hasta lo del gordo Javier y preguntale si nos puede llevar hasta la terminal! (nuevamente a la imagen, mientras cierra las valijas) Yo lo sabía. No lo veía claro, pero yo lo sabía, Gus. Todos estos años, todo este tiempo enredado, lleno de problemas, eran la preparación, la prueba que debía pasar para volver a encontrarte, para recuperar lo que teníamos (va hasta el espejo, se mira) Y acá estoy, ¿cómo me ves? Soy tu Gloria, estoy entera, pasé la prueba, ¿no, mi amor? (alza las valijas y comienza a salir) Y ahora esperame. Estoy llegando, muñe. Esperame que allá voy.

Sale. Bajan gradualmente las luces, se mantiene una luz cenital iluminando el artículo con la imagen de Gustavo.


APAGÓN.

lunes, 10 de julio de 2017

Ansiedad oral

Personajes:
Cárpena
Soldati
Guardia



ESCENA I
Patio de recreo de cárcel de máxima seguridad, entra un guardia transportando a CÁRPENA, lo lleva en un carro, va atado con cadenas con pasadores en tobillos y muñecas, un bozal enrejado le cubre la mitad inferior de la cara. El guardia lo deja parado sobre el carro en mitad de la escena y sale.
APAGÓN


ESCENA II
Vuelve el guardia trayendo a SOLDATI en otro carro, encadenado y con su bozal, lo coloca junto a CÁRPENA y sale. Ambos quedan de frente al público. Debido a la posición de los carros y a las ataduras, en los diálogos van a tener dificultades para mirarse. Largo silencio.
SOLDATI: Calor.
CÁRPENA: …
SODATI: Esta vez se adelantó, ¿no?
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡Mi Dios, y lo que va a ser enero!
CÁRPENA: …
SOLDATI: Es el tema este de la capa de ozono.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Parece que los gases que largan las fábricas suben y hacen como una costra que no deja pasar el aire.
CÁRPENA: …
SOLDATI: A mí este año no me joden: me voy los tres meses al mar.
SOLDATI lo espía, CÁRPENA, sin poder evitarlo, se sonríe.
SOLDATI: ¡Bien! ¡Ve que no es tan difícil!
CÁRPENA: ¿Cómo dice?
SODATI: Que se relaje un poco, hombre. Tiene que cortarla con la mufa.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Más ahora que nos vamos.
CÁRPENA: Le pido que no vuelva con eso.
SOLDATI: ¿Por qué? Sería negar la realidad.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Si nos vamos, nos vamos.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Córdoba en esta época es ideal: nos instalamos en Alpacorral, conseguimos una cabañita en medio de las sierras, hacemos una huerta, fabricamos dulces, algo así de pantalla, y a la tardecita bajamos al pueblo. ¿Qué me dice?
CÁRPENA: …
SOLDATI: Con el turismo, las caminatas y los paseos a caballo nos mimetizamos, como quien dice, con el paisaje.
CÁRPENA: Anteayer había dicho Santa Teresita.
SOLDATI: Cambio de planes, Cárpena. La costa atlántica con el Operativo Sol está jodida (pausita, observa al otro) ¿A usted le pasa algo?
CÁRPENA: No. ¿Por qué lo dice?
SOLDATI: No sé, lo veo lánguido.
CÁRPENA: …
SODALTI: Cuente, che, para eso están los amigos.
CÁRPENA: ¡USTED NO ES MI AMIGO!
SOLDATI: ¡Bueno, no es para que se ponga así!
CÁRPENA (cambiando): Disculpe.
Pausita.
CÁRPENA: Es un tema familiar, no viene al caso.
SOLDATI: Y cuente, che, por ahí le doy una mano.
CÁRPENA: Olvídelo.
SOLDATI: Dele, afloje, Cárpena.
CÁRPENA: Mi nena…
SOLDATI: A ver, ¿cómo es eso?
CÁRPENA: Hoy me va a venir a visitar con un chico. Mi mujer la quiere casar, le llenó la cabeza y ella, pobre, se pone de novio y –como siempre fuimos muy pegados- se siente en la obligación de presentarme a los candidatos.
SOLDATI: Me imagino.
CÁRPENA: Siempre la misma historia: no se anima a advertirles, los trae, los pobres muchachos me ven, se les baja la presión y se van dando tumbos. Lógicamente, después no les ve más el pelo.
SOLDATI: Me imagino. ¡Qué barbaridad! ¿Y cuántos van?
CÁRPENA: ¿Desde que estoy acá?
SOLDATI: Ajá.
SOLDATI: Seis.
SOLDATI (reflexivo): Más este: siete. ¡Qué barbaridad!
CÁRPENA (se remueve, le pica la espalda): ¡Aaaay!
SOLDATI: ¿Le volvió?
CÁRPENA: ¡Y A USTED QUÉ LE PARECE! ¡Aaaaaay! (se rasca contorsionando el cuerpo)
SOLDATI: Utilice la inteligencia. Cada vez que le pique fije en la memoria el lugar preciso, después en la celda se rasca todo junto.
CÁRPENA: ¡No diga boludeces!
SOLDATI: Es lo que hago yo. Escuche, volviendo a lo de su nena, si quiere podemos hacer algo: cuando lo vengan a ver intercambiamos carretilla y me hago pasar por usted.
CÁRPENA: ¿Y para qué quiere hacer eso?
SOLDATI: Una mano lava a la otra: yo le hago un favor a usted y usted me hace otro a mí.
CÁRPENA: Explíquese.
SOLDATI: Pido que me dejen a solas con el chico, no sé, para decirle algo de hombre a hombre, para darle algunos consejos antes del casamiento y entonces...
CÁRPENA: ¿Entonces?
SOLDATI: ¡¿Usted es o se hace?! ¿Qué le parece? (hace algún gesto con la boca que signifique comer)
CÁRPENA (espantado): ¿Quiere decir para… que usted se lo?...
SOLDATI: Correcto.
CÁRPENA: ¡No diga disparates!
SOLDATI: ¿Qué tiene? Si con estos bozales ni se nos ven las jetas. Plan por demás plausible, Cárpena.
CÁRPENA: ¡CÁLLESE!
Pausita.
CÁRPENA: Usted de veras que está enfermo.
SOLDATI: ¡Ay, mire quien habla: míster equilibrio!
VOZ EN OFF: Interno 4811, interno 4811 tiene visita…
SOLDATI, da un salto de su carro. Atado, va como puede hasta CÀRPENA
SOLDATI: Ahí están, dele, mueva las cachas antes de que vengan a buscarlo.
Trata de sacarlo de su carro.
CÁRPENA: ¡Salga de ahí, suelte!
SOLDATI: ¡No se retobe, vamos!
CÁRPENA: ¡Le dije que salga!
APAGON


ESCENA III
Siempre en el patio de la cárcel  y sobre los carros, CÁRPENA y SOLDATI  están inclinados boca arriba tomando sol.  Aunque con cadenas, no llevan los bozales y están con el torso desnudo. SOLDATI tiene puestos lentes oscuros (para conseguir el ángulo apropiado los carros pueden estar apoyados en el extremo superior en una banqueta, tarima o símil)
SOLDATI: Un buen baño de sol. Hay que sacarse el tono verdoso, Cárpena, tener aspecto saludable.
CÁRPENA: ¡Déjese de joder!
SOLDATI: La imagen es importante, vende a la persona. Más cuando uno llega a un lugar donde no lo conocen.
CÁRPENA: ¿Sabe que existe algo llamado cáncer de piel?
SOLDATI: ¡Ay, córtela con la mala onda! Usted es imposible.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Hágalo por la patrona y por la nena, entonces.
CÁRPENA: ¡Le dije que no vuelva a mencionar a mi familia!
SOLDATI: Para que lo vean mejor, digo. Obsérveme a mí, me afeito cada mañana, relojée los abdominales. Doscientas lagartijas diarias. Encadenado y todo cumplo con la rutina (hace distintos movimientos, limitado por las cadenas) fuerza de brazos, deltoides, cuádriceps, trote. Contemple.
CÁRPENA: Veo, veo. ¡Atropellado por los éxitos!
SOLDATI (tocado): No sé si atropellado por los éxitos pero se nota la diferencia.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Es una cuestión de actitud.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Qué poca iniciativa, hubiera sido tan sencillo. Usted me decepciona.
CÁRPENA: ¿De qué habla?
SOLDATI: Lo de su futuro yerno: me lo almorzaba antes de que pudiera decir pío. Incluso le hubiera dejado la bolsita con la achuras para que trabajara en lo suyo.
CÁRPENA (impactado): ¿P-perdón?
SOLDATI: “En lo suyo”, en su vicio, quiero decir…
CÁRPENA (temblando de la furia): ¡NO LE PERMITO! ¡USTED QUÉ SABE! ¡CÁLLESE!
SOLDATI: Bueno, bueno, hombre, no se ponga así (pausita) Si no quiere hablar, no hable. Pero, para que lo sepa, yo no vivo en un tarrito de azafrán.
CÁRPENA: …
SOLDATI: Cuando estaba afuera leía los diarios.
CÁRPENA: …
SOLDATI (conciliador): Vamos, sólo intento crear un vínculo, yo le cuento de lo mío, usted me cuenta de lo suyo y así nos vamos conociendo.
CÁRPENA: ¿Y quién dijo que yo quiero conocerlo?
SOLDATI: Okey, como guste.
SOLDATI cierra los ojos, se abstrae en el baño de sol. Canta.
SOLDATI: “Quieren matar al ladrón / que se robó a una mujer / quieren, quieren / quieren saber donde está / nunca lo van a saber / yo sé porque, yo sé porqueeeee”… Lo que no entiendo es cómo se las arreglaba para la conservación sin frío.
CÁRPENA: Usted no se cansa nunca.
SOLDATI (embalado): Ese era mi problema, sabe, probé de todo: barras de hielo, un esplit frío-calor, la heladera familiar. Pero vio que si no es desmembrado el cuerpo no le entra…
CÁRPENA: No voy a hablar. No lo escucho.
SOLDATI: Y si me subía la heladera de la carnicería, que tiene más espacio, podía levantar la perdiz. Sabe, cuando seguían su caso por la tele no daban detalles y yo me decía “Este sabe lo que hace”…
CÁRPENA: ¡No-lo-escucho-no-lo-escucho!
SOLDATI: Los somete a algún proceso raro de estos con químicos para evitar la pudrición. ¡Y ahora está acá, Cárpena, estamos juntos, lo tengo para que me cuente todo en detalle! ¿No es increíble?
CÁRPENA: ¡NO LO ESCUCHOOOOO!
APAGÓN


ESCENA IV
Están otra vez verticales en sendos carros y con los bozales puestos. A CÁRPENA le falta la mitad del brazo derecho, tiene un muñón vendado a la altura del codo. SOLDATI lo observa con culpa.
SOLDATI: Quiero… (carraspea) quiero pedirle disculpas, Cárpena.
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡Dele, hombre!
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡Afloje, parece una mina, che!
CÁRPENA: ...
SOLDATI: Está bien, si le sirve siga enculado.
SOLDATI, se distrae, canta.
SOLDATI: “Yo soy ladrón porque Dios quiso / que en mi camino te cruzaras /  y que a pesar de tener novio / que yo de ti me enamorara”… Es que últimamente, no sé, estoy como ansioso, vio. Siento un hormigueo, no sé, un vacío, una cosa por acá. Como una angustia y a la vez como algo que tengo que llenar.
CÁRPENA: ...
SOLDATI: Claro que igual eso no justifica que....
CÁRPENA: ...
SOLDATI: Lo que quiero expresarle es que no fue a propósito, Cárpena.
CÁRPENA: Voy a pedir el cambio de celda.
SOLDATI: ¡Uy, bueno, no exageremos, che!
CÁRPENA: ¿NO EXAGEREMOS? ¿LE PARECE QUE EXAGERO? ¡MIRE! ¿LE PARECE QUE EXAGERO? ¡USTED ES INIMPUTABLE, NO TIENE CURA, USTED EN VEZ DE MEJORAR ESTÁ CADA VEZ PEOR! ¡TENDRÍAN QUE SACRIFICARLO COMO A UN PERRO! ¡ANIMAL!
SOLDATI: …
Pausita.
CÁRPENA (para sí): De todas formas está bien.
SOLDATI: ¿Qué dijo?
CÁRPENA: ¿Cómo?
SOLDATI: No sé, lo escuché decir algo.
CÁRPENA: Asunto mío.
SOLDATI: Uy, dele, che, había empezado a hablar. ¿Por qué no sigue? ¡Qué tipo egoísta!
CÁRPENA: Que de todas formas está bien, que lo tengo merecido. Que todo se paga en esta vida.
SODATI: ¡No, Cárpena, por favor, no me salga con esto ahora, usted es un tipo inteligente, una persona preparada!
CÁRPENA: No pienso escucharlo más.
SOLDATI: Por lo del brazo le expreso mis más sinceras disculpas, fue un accidente desafortunado. Ahora, no me venga con esto de la culpa, le pido por favor.
CÁRPENA: No insista, no voy a entrar en diálogo.
SOLDATI: Hay que aceptarse, mi viejo, quererse como uno es, aprender –cómo se dice- ‘a convivir’ con las debilidades. Vea: míreme a mí.
CÁRPENA: Usted está completamente loco, por lo tanto no tiene conciencia de sus actos.
SOLDATI: ¿Que yo no tengo conciencia de mis actos? ¿Le parece que yo no tengo conciencia de mis actos?
CÁRPENA: Sí
SOLDATI busca palabras que no encuentra.
SOLDATI: ¿S-si yo no tuviera conciencia de mis actos cree que yo… mejor dicho cree que usted y yo?... ¡Mire, mejor déjela ahí! (cambiando abruptamente, divertido) Escuche, escuche:iglesia abandonada”.
CÁRPENA: ¿Qué?
SOLDATI: Recién dijo que no tengo cura. Iglesia abandonada: no tiene cura. ¡Juá, juá! No tiene cura, ¿entiende?
CÁRPENA: …
SOLDATI: Relájese: un chiste. Un poco pelotudo, pero algo para distender, Cárpena, créame, con lo de la culpa la embarra. ¿Sabe lo que le pasa a usted? También está ansioso, eso le pasa. Y es comprensible: se acerca el momento de rajar y eso lo altera, lo pone nervioso. Le pido que deposite su confianza en mí.
CÁRPENA (señalándose con la vista el muñón): ¡Sí, justo!
SOLDATI (sin acusar recibo): Ya está todo encaminado: mi gente nos va a conseguir DNI falsos, algo de ropa y dos pasajes en la Chevallier: directo a Tafi del Valle, turistas ingleses y alemanes, clima seco, sol, y a faenar de lo lindo. ¿Qué me dice?
CÁRPENA: …
SOLDATI: Habrá notado que el Morocho está totalmente controlado: nos saca los bozales para tomar sol, me consigue el Sapolán…
CÁRPENA: Algo le habrá hecho.
SOLDATI sonríe entre dientes.
CÁRPENA: ¡Ya sabía yo! ¿Qué hizo? ¿Amenazó a su familia?
SOLDATI: Hermosa mujer y tres niños en edad escolar.
CÁRPENA: Era cantado.
SOLDATI: No es maldad, Cárpena, es una cuestión puramente práctica: él va a ser nuestro nexo, ¿entiende?, y llegado el momento el encargado de “abrir la puerta para ir a jugar”. ¿Qué le parece?
CÁRPENA: …
SOLDATI: No hay caso, sigue con esa jeta de amargado. Vamos con el juego de las escupidas, entonces (escupe a distancia) Dele, su turno.
CÁRPENA: ¡Déjeme en paz!
A CÁRPENA le vuelve la picazón, se retuerce:
SOLDATI: ¡Ahí lo tiene, le volvió, por ingrato!
Vigilando que no lo estén mirando SOLDATI se sale de su carro, atado, circula por la escena con mucha dificultad, a los saltitos y a punto de caerse.
SOLDATI: ¡Ah, no hay como estirar un rato las piernas! (observa a CÁRPENA que no para de retorcerse) ¿Probó lo que le dije?
CÁRPENA: Sí
SOLDATI: ¿Y?
CÁRPENA: Otro de sus disparates. No sé para qué lo escucho.
CÁRPENA se retuerce un rato más, SOLDATI hace unas torsiones de cintura, se detiene, contempla al otro desilusionado. Pausita. A CÁRPENA se le va pasando la picazón, al mismo tiempo comienza a cambiar, por primera vez algo parece rescatarlo del malhumor, huele con fuerza.
CÁRPENA: Snif, snif.
SOLDATI: ¿Qué pasa?
CÁRPENA: Snif, snif.
SOLDATI (a la defensiva): Snif, snif. ¿Qué huele? ¿Huele algo? Sí está insinuado que tuve algún tipo de escape…
CÁRPENA: ¡Cállese! Snif, snif (sonríe) Puedo oler los cuerpos, la ropa...
SOLDATI: ¿De quién?
SOLDATI: Snif, snif. La gente que espera.
SOLDATI: ¿En la parada del 38, del otro lado del muro? Snif, snif. ¡No joda, che!
CÁRPENA (transportado): Snif. El moho de ese viejo paredón descascarado y lleno de inscripciones, las cortezas, las hojas de los plátanos.
SOLDATI mira la copas de los árboles que asoman por encima de la muralla, maravillado.
CÁRPENA: Siento con nitidez el olor dulzón del césped de los jardines, el agua de las veredas baldeadas que se evapora con el primer sol de la mañana.
SOLDATI: Lo que está diciendo es muy bello, Cárpena. ¡Atiendanmeló: así que también había resultado medio poeta!
CÁRPENA: Y la fragancia más exuberante e inolvidable: el olor salvaje del río. La vida es misteriosa, la gente asiste a toda una serie de milagros menores sin comprenderlo (pausita, cambiando) Menos usted y yo.
SOLDATI: ¿Por qué dice eso?
CÁRPENA: Nos habita el mal.
SOLDATI: ¡Uy, vuelta con lo mismo, afloje, che! (a los saltitos vuelve a su carro, se acomoda y cierra los ojos) Siga con los olores, dele, no arruine el momento.
CÁRPENA: Y ya no hay paz para el Hombre que levanta su mano contra el Hombre (gradual, cada vez con más sentimiento) Madre de Dios, consoladora de los que sufren, intercede ante tu hijo divino....
SOLDATI: ¿Qué hace? ¿Está rezando?
CÁRPENA: A ti te llamamos los desterrados hijos de Eva. A ti, suspirando, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas…
SOLDATI (inquieto): ¡Cárpena! ¡Está rezando!
CÁRPENA: Vuelve a nosotros, esos, tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús…
SOLDATI: ¡CÁRPENA! ¡EY! (hace algún ruido con la boca o silba) ¡REACCIONE, HOMBRE! ¡ESTÁ REZANDO!
APAGÓN


ESCENA V
Cuando vuelve la luz, CÁRPENA  está ubicado en su carro, de perfil, con una toalla en la cabeza para evitar el sol. SOLDATI, de frente, con el torso desnudo, tiene una rodaja de pepino en cada ojo y la nariz cubierta de Sapolán. Está descalzo, el guardia, inclinado, le corta las uñas de los pies. 
CÁRPENA: La temperatura ambiente tiene más efecto en el proceso de descomposición que el tiempo transcurrido desde el momento de la muerte…
SOLDATI: Ajá…
CÁRPENA: Si uno no es cuidadoso, las bacterias anaeróbicas se apoderan del proceso convirtiendo el cadáver en… ya sabe. Entonces hay que actuar con rapidez: se taponan la tráquea y la garganta con algodón, una vez extraído el intestino grueso y el hígado, mientras se completa la evisceración ya se comienzan a drenar la sangre y la orina, se ubican las arterias principales y se incorpora al sistema circulatorio aceite de maíz…
SOLDATI: ¿Aceite de maíz? ¿Usted quiere decir el de cocinar, aceite Patito?
CÁRPENA: Exacto. Yo descubrí que el aceite de maíz, más que la solución de formol, permite que músculos y tendones conserven la flexibilidad. Eso evita el rigor mortis, entonces no se complica tanto llegado el momento del traslado del cuerpo.
SOLDATI: ¡Increíble! ¿Y por qué lo del gusto distinto?
CÁRPENA: ¿Cómo?
SOLDATI gira la cabeza en dirección a CÁRPENA, las rodajas de pepino caen al piso.
SOLDATI: Lo del gusto distinto. La carne de mujer, ¿por qué tiene gusto distinto?
CÁRPENA: Ah, es por el ADN y los ácidos grasos. Por una cuestión hormonal. Usted no lo entendería…
SOLDATI: Trate.
CÁRPENA: El sistema glandular femenino en el momento de la muerte libera a nivel del endotelio una gran dosis de óxido nítrico para contrarrestar la interrupción del oxígeno en sangre…
SOLDATI: Óxido nítrico, claro, ¿por eso tiene ese sabor metálico?
CÁRPENA (sorprendido): Exacto.
SOLDATI: ¡Cárpena, usted es un genio!
CÁRPENA (molesto): Le dije que habláramos de otra cosa. No sé para qué le hago caso.
SOLDATI: Está, está, no se chive. Sólo una cosita más: cuando pasaban lo de su juicio por la tele usted en un momento dijo que se ayudaba con unos libros.
CÁRPENA: “Anatomía comparada” de Shackelford y “Atlas de la Cirugía de Duodeno” de Williams Gray
SOLDATI (al guardia): ¿Morocho, escuchás? (a CÁRPENA) Después pásele los nombres a este para que los consiga (pausita, SOLDATI lloriquea) La pucha…
CÁRPENA gira la cabeza, lo mira intrigado.
CÁRPENA: ¿Qué le pasa?
SOLDATI: No me haga caso (el guardia saca de su bolsillo un pañuelo, le suena la nariz) Gracias (a CÁRPENA) Mi familia siempre fue gente de trabajo, sabe, yo ni siquiera terminé la escuela, toda mi vida trabajé en la carnicería del viejo: descargar, cortar, destazar, ‘El vicio’ para mí fue como una extensión del trabajo. Usted en cambio… (vuelve a lloriquear) ¡USTED ES UN ARTISTA!
CÁRPENA (entre molesto y abrumado): Escuche, Soldati...
SOLDATI: ¡No déjeme! Le voy a confesar algo: yo antes de caer, guardaba detrás de una cajonera para que el viejo no lo encontrara, un cuaderno con sus recortes (impostando voz de locutor de Crónica) “¡Parecía viva! El cadáver de la joven cajera, desprovisto de sus órganos internos, fue descubierto por una clienta en su puesto de trabajo. Otra víctima del Cirujano de Villa Madero”…
CÁRPENA (levantando presión): Le agradezco, pero no insista...
SOLDATI: ¡El Cirujano de Villa Madero, Cárpena! ¡Usted era el Cirujano de Villa Madero! Le canto su campaña: 1995, Marincovich, Eduarda, vedette retirada, barrio de Núñez, vaciada y embalsamada; 1998, Salcedo, Rubén, concejal justicialista de Tres de Febrero, también vaciado; 1999, Caprisi, Selma, ama de casa, Barracas, único descuartizamiento; 2001, Quiroga, Remigio, guardabarreras línea Sarmiento, destazado y colgado por partes del monumento a los…
CÁRPENA (estallando): ¡BASTA! ¡CÁLLESE! ¡CIERRE ESA BOCA! ¿NO ENTIENDE QUE ES ALGO QUE QUIERO BORRARME DE LA CABEZA? ¡Y USTED INSISTE, INSISTE, METE EL DEDO EN LA LLAGA! ¿QUÉ BUSCA?
SOLDATI: Lo que yo digo es que lo suyo es un don, Cárpena, tendría que estar agradecido. ¿Se da cuenta lo que podemos llegar a hacer juntos? Usted el cerebro, yo el brazo ejecutor (vuelve a lloriquear) El destino nos ha regalado un milagro. ¿No lo ve? ¡Somos el dream team!
CÁRPENA: ¡GUARDIA! ¡SÁQUEME DE ACÁ! AL LADO DE ESTE ENFERMO MI VIDA CORRE PELIGRO. ¿QUÉ PASA CON EL CAMBIO DE CELDA? ¿NADIE SE OCUPA? ¿EN ESTA CÁRCEL SON TODOS INFRADOTADOS? ¡CONTESTE, INÚTIL, LE ESTOY HABLANDO!
El guardia cruza una mirada con SOLDATI.
SOLDATI: Él no puede decirle nada, Cárpena, no está autorizado. Dele no se chive, le prometo que enmudezco, no hablo más.
CÁRPENA: …
Pausa tensa, SOLDATI, incómodo, trata de desviar la atención.
SOLDATI: ¡Y su juicio! ¡Qué injusticia su juicio, Cárpena!
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡Los testigos! ¡Daban vergüenza ajena!
CÁRPENA: …
SOLDATI: Con esas caritas de víctimas. En todo caso si alguna víctima había eran los fiambres. ¿No? Y sobre todo usted, que de ahí en más ya no podría seguir ejerciendo… (CÁRPENA no hace un gesto, cambiando) Hagamos algo: dejemos el plan para más adelante, ¿qué le parece? Total hay tiempo. Si quiere ahora podemos jugar un rato a ‘piedra papel o tijera’. Claro que va a tener que usar la zurda (culpable) No sé si… Digo, usted era diestro, ¿no? ¿Se podrá arreglar?
CÁRPENA: …
SOLDATI (previendo otro estallido): ¡Okey! ¿Qué hora será? ¡Uy, mi sesión de masajes! (al guardia) Morocho, llevame. Desde ayer que tengo un dolor que me va de acá al cuello. Debe ser la gimnasia, debo estar sobre-entrenando (el guardia comienza a salir con el carro llevando a SOLDATI) Ah, Cárpena, después hágame acordar que le cuente el del domador y el paralítico, juá, juá, es buenísimo.
SOLDATI y el guardia salen.
CÁRPENA: Tiempo. El tiempo se alarga, se estira. Las horas se estiran. Esperar, respirar, agonizar dentro de este caparazón. Embrutecido, anulado. ¡Qué importa! Pienso, domestico al pensamiento, tengo que estar sereno, hay una parte de mí que nadie conoce, sólo yo puedo ver. Pienso, domestico al pensamiento. Es la parte sana, es la parte limpia que trata de ver una salida… que trata de imaginar un mañana. Es necesario creer (solloza) ¡No! No hay solución humana cuando los detalles del problema son inhumanos. ¿Cuándo? ¿Cuál fue el momento preciso en que me perdí? (vuelve a sollozar,  se reprime, con desesperación) ¡Tengo que dominarlo! Domestico al pensamiento Oler. Sí, oler, ¿qué huelo?, huelo un campo. Snif, snif. Huelo un camino perdiéndose en un mar de espigas. Es un campo. Trigo, tierra negra. Snif. Trigo dulce entibiándose al sol, un olor cargado, un poco ácido. Snif. Tierra virgen, fragante a raíz, a mineral...
Hay un cambio de luces que denota la presencia de algo, CÁRPENA se sobresalta.
CÁRPENA: ¿Qué hay?
APAGÓN MUY BREVE


ESCENA VI
Cuando vuelve la luz, por medio de efectos de luces y sonido, asistimos a una escena cargada de horror: CÁRPENA es acosado por los fantasmas de sus víctimas. Desesperado por librarse de las  ataduras, trata con ojos alucinados de esquivar y sacarse de encima a una jauría de almas en pena que lo acosan, se le abalanzan, lo hostigan.
CÁRPENA: ¡Noooo! ¡Noooo! ¡Basta! ¡Por favor, nooooo! ¡Guardia! ¡Guardia, por favor! ¡Basta! ¡Noooo!
APAGÓN


ESCENA VII
En el patio, SOLDATI y CÁRPENA verticales sobre los carros, a CÁRPENA ahora le falta la parte inferior de la pierna derecha, tiene otro muñón vendado a la altura de la rodilla. La luz los  sorprende en un silencio tenso en medio de una fuerte discusión.
SOLDATI: ¿Y entonces por qué me contradijo?
CÁRPENA: ¡PORQUE ESTÁBAMOS DISCUTIENDO! ¡ANIMAL! ¡‘Discusión’: esgrimir razones contra el parecer del otro!
SOLDATI: De acuerdo, pero si mientras discutíamos hubiera evitado contradecirme…
CÁRPENA: ¿Es infradotado? ¡Se discute para eso: si los que discuten están de acuerdo la discusión no existe!
SOLDATI: Ok, póngale que estábamos discutiendo, se lo concedo. Ahora, usted conociendo –digamos- ‘esta tendencia’ mía, me contradice y encima por semejante gansada.
CÁRPENA: ¡No era una gansada!
SOLDATI: La receta del matambre a la leche, Cárpena. ¿No le parece una gansada?
CÁRPENA: Para un tipo que sabe de cocina lo que usted dijo es una afrenta.
SOLDATI: Hay tantas recetas como cocineros.
CÁRPENA: ¡No señor! El matambre a la leche es un plato tradicional de la cocina uruguaya, soy nacido y criado en el Uruguay: cuando la carne se introduce en el horno este tiene que estar precalentado a 250 grados y ‘nunca’ existe un tiempo fijo de cocción.
SOLDATI: Volvemos a lo mismo: depende.
CÁRPENA: ¿Depende de qué?
SOLDATI: De si a uno le gusta o no que se le haga esa costra dorada cuando se evapora la leche.
CÁRPENA: ¡Cállese! Cuando la leche empieza a secarse se le agrega más, porque de lo contrario se corre el riesgo de que el matambre no termine de cocinarse. Y cuando está casi hecho se le agrega sal y se tira en una asadera con una buena cantidad de vinagre para que la leche se coagule.
SOLDATI: Usted perdone pero sigo teniendo una duda: ¿de qué carne estamos hablando?
CÁRPENA: ¡DE VACA! ¿DE QUE CARNE CREE QUE ESTAMOS HABLANDO?
SOLDATI: ¡Bueno! ¿Por qué se pone así?
CÁRPENA: …
SOLDATI: Puede que lo del matambre sea como dice, se lo concedo (señalándole el muñón) Ahora, ¿le parece que teníamos que llegar a esto?
CÁRPENA (sacado): ¡POR SUPUESTO QUE NO ME PARECE! ¡Y CLARO QUE NO ME PARECE! APROVECHÓ LA EXCUSA DE LA DISCUSIÓN PARA VOLVER A ATACARME. ME CORTÓ LA PIERNA.
SOLDATI: No se la corté, se la comí.
CÁRPENA: ¡ME CAGO EN LA DIFERENCIA!
Pausa.
SOLDATI (de golpe, convencido): Es lo que yo digo.
CÁRPENA: ¿Qué es lo que usted dice?
SOLDATI: Una discusión estúpida en la que encima usted me contradijo.
CÁRPENA (resignado): No hay dudas, aparte de psicópata usted es oligofrénico.
SOLDATI: Soy un tipo simple, Cárpena, siempre fui así, transparente, digo todo lo que me pasa. Es usted el que la complica (cambiando) Además, basta de agredir, viejo, que yo también tengo mi orgullo, eh. Si tanto le jodo por qué no se cambia de celda, digo yo.
CÁRPENA (nuevamente sacado): Y CLARO QUE VOY CAMBIARME, ES LO QUE MÁS DESEO EN ESTE MUNDO. ¿QUÉ SE CREE, QUE SOY MASOQUISTA? ¡PERO LA CARPETA, EL EXPEDIENTE, EL PUTO PEDIDO FORMAL NUNCA AVANZA!
Pausita.
SOLDATI (arrepentido): Sé que sirve de poco, pero le reitero mis disculpas. Sabe, cuando me agarran estos arranques me viene como una sudoración, se me llena de saliva la boca. ¡Algo tan desagradable! Se me pone una cosa acá, vio, de agitación y al mismo tiempo como de algo que no puede esperar. ¿Usted qué cree que sea?
CÁRPENA empieza a agitarse, de golpe por la expresión de la cara vemos que sufre un dolor agudo en el pecho y pierde el conocimiento.
SOLDATI: ¡MOROCHO, MOROCHO!
Entra el guardia.
SOLDATI: Le dio un bobazo, dale en el pecho (el guardia duda) ¡Dale en el pecho, te digo, no ves que se le paró el corazón!
El guardia le pega un par de veces, CÁRPENA no reacciona.
SOLDATI: Pegale más fuerte, haceme caso.
El guardia obedece, CÁRPENA finalmente  reacciona. Pausita.
SOLDATI: Uf, lo sacamos, Cárpena. Qué susto nos dio.
El guardia lo apantalla con un pañuelo, a continuación le toma el pulso y mira su reloj.
SOLDATI: ¿Se siente mejor? También usted. ¿Registró o no registró que con lo de la gamba perdió un montón de sangre? No entiendo cómo se le ocurre salir al patio.
CÁRPENA (al guardia): Estoy bien, déjeme en paz.
El guardia sale. Pausita. CÁRPENA mantiene un silencio hosco. SOLDATI vuelve a saltar del  carro, mira que no lo vigilen  y con extrema dificultad, ya que las cadenas se lo impiden, remeda la acción de practicar ‘marcha’. Da un giro completo en torno a CÁRPENA, mientras marca el compás con la respiración.
SOLDATI: “Mens sana in corpore sano”, como decía Mario Sokolinsky, el doctor ese de la tele. Sabe, leí que la marcha es el ejercicio aeróbico más adecuado para la gente de nuestra edad. Por la cuestión articular, vio, hay menos rebote, los tobillos y las rodillas no sufren.
CÁRPENA: …
SOLDATI (se debate, hasta que se anima a hablar): Cárpena, quiero preguntarle algo.
CÁRPENA: No vuelva con lo del matambre a la leche, por favor.
SOLDATI: No, es otra cosa. Ayer, cuando el Morocho lo trajo a la celda, le pasaba algo, ¿no?
CÁRPENA ¿Quién dice eso?
SOLDATI: Soy un tipo observador, aparte estaba pálido como un fiambre. Cuente, che, somos amigos. ¿La nena de nuevo?
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡No, ahora caigo: la patrona! (CÁRPENA no lo escucha, su cara se va descomponiendo en una mueca de miedo. SOLDATI no lo percibe) La patrona, claro, por eso no viene a visitarlo. ¿Qué, tiene otro? Y, es comprensible, Cárpena, el cuerpo tiene sus necesidades, tanto tiempo sin -como se dice- ‘practicar el acto marital’, la pobre ha tenido que salir a practicarlo afuera (finalmente repara en la expresión del otro) ¿Qué le pasa, otro ataque?
CÁRPENA: Se presentan.
SOLDATI: ¿Qué dice?
CÁRPENA: Que se presentan, se aparecen...
SOLDATI: ¿Quiénes?
CÁRPENA: Usted sabe.
SOLDATI: ¡No, por favor! Se está volviendo un obsesivo. Mejor huélase algo, dele. Si quiere yo también pruebo: snif, snif.
CÁRPENA (afiebrado): Al principio sólo eran voces, repetían “por qué, por qué”. Unas pocas, después se fueron sumando más: “por qué, por qué, por qué”. Hasta que se hicieron un clamor intolerable (cierra los ojos con fuerza)
SOLDATI: Quédese tranqui o le va a dar otro patatus.
CÁRPENA: Pero ahora es peor, mucho peor (solloza) Me tocan.
SOLDATI: ¿Qué dice? ¡Ah, la puta! ¿Cómo que lo tocan?
CÁRPENA: ¡Sí, ahora pasan y me tocan! Yo trato de sacármelas, pero con estas cadenas no puedo. De pronto ya no están, no las veo pero sé que siguen en algún lado, al acecho. Y de golpe vuelven a lanzarse (se retuerce con asco, solloza) Un contacto frío, viscoso, la sensación más espantosa que se pueda imaginar. Dios está detrás de todo esto (alucinado, comienza a rezar en ritmo creciente) Que tu espíritu sea mi fe y todo el que a mi lado estuviere, encuentre la fuerza que necesita mi materia…
SOLDATI: Cárpena, está rezando de nuevo.
CÁRPENA: Para poder llevar las pruebas del planeta en que habitamos. Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo…
SOLDATI (inquieto): ¡Cárpena!
CÁRPENA: Defiéndenos en la lucha, que Dios manifieste sobre ti su poder, es nuestra humilde súplica…
SOLDATI: ¡CÁRPENA, BASTA! ¿QUÉ QUIERE, TERMINAR EN EL PABELLÓN DE LOS EVANGELISTAS?
CÁRPENA: Usted no entiende. Ellos rogaban...
SOLDATI: ¡Córtela!
CÁRPENA: Suplicaban por sus vidas y yo no los escuché.  
SOLDATI: ¡No señor! Usted los escuchó. Usted es un ser humano como cualquier hijo de vecino. Usted tiene su familia, tiene su trabajo y por otro lado tiene el ‘vicio’. ¿Cuál es el problema? Permítame, porque yo esto lo he pensado mucho: no hay contradicción, Cárpena. ¿Quién puede decir lo que está bien y lo que está mal? La vida es un amasijo confuso, algo que está más allá de lo que usted y yo podamos entender. Aunque usted sea más inteligente y preparado, en esto está en bolas y a los gritos igual que yo. “No era yo cuando lo hacía, tenía el Demonio en el cuerpo” ¡Mire qué fácil! ¡No viejo, era usted mismo y también era yo! Cárpena, ¿sabe cuál es la diferencia entre nosotros? Usted piensa que hay un barbudo que lo vigilantea marcándole lo que está bien y lo que está mal, yo en cambio sólo pienso en mí, en lo que está bien y lo que está mal para mí. Mi viejo, un burro de carga como yo, se murió sin enterarse de nada de lo que hacía, pero ¿sabe qué creo? Que si lo hubiera sabido, lo entendería. En el mundo hay de todo como en botica: empanadas de carne y de humita, gente como nosotros y Ceferino Namuncurá, y todos conviviendo como se pueda. ¿O se cree que somos los únicos que carneamos? Mire a los yanquis que tienen a todos esos encerrados en la cárcel esa de Cuba, ¿sabe lo qué les hacen?; mire a esos hombres-bomba que se mezclan en una feria y masacran a mujeres, ancianos y chicos. ¿No le convence? Busquemos en otras especies, entonces, mire un simple animalito de granja como el chancho, ¿las chanchas acaso no se almuerzan a las crías? ¿Las arañas hembra no eliminan a sus machos?  Contemple la mitad llena del vaso y déjese de embromar, Cárpena. Su esposa y su hija están vivitas y coleando, ¿eso no es algo meritorio de su parte?
CÁRPENA (abrumado): Sí, puede ser (pausita) Sabe, hasta no hace mucho yo tenía un grupo de amigos.
SOLDATI: Ve, ahí tiene, piense en su grupo de amigos.
CÁRPENA: Éramos una especie de grupo científico literario, leíamos cosas, nos reuníamos una vez a la semana.
SOLDATI: Mire que lindo. ¿En Villa Madero?
CÁRPENA: Sí. A algunos los conocía desde la infancia. Pero fue pasando el tiempo y cada vez fuimos quedando menos.
SOLDATI: Suele pasar, hoy vio al ritmo que se vive, a la gente le cuesta socializar.
CÁRPENA: No, al contrario, nosotros nos reuníamos religiosamente todos los jueves.
SOLDATI: ¿Y entonces?
CÁRPENA solloza.
SOLDATI: Ah, quiere decir... (comprende que CÁRPENA los pasó por el cuchillo)  ¡Cuánto lo lamento, Cárpena! Pero, dígame, ¿esta era toda gente de su barrio? Porque en la lista que yo tengo....
CÁRPENA (grave): Eran mis amigos.
SOLDATI: Ah, por supuesto, hizo muy bien, para qué amargar a las familias. (con curiosidad) ¿Y cómo…?
CÁRPENA: Ácido clorhídrico.
SOLDATI: Claro (pausita, cambiando) ¡La mierda, usted también no dejó títere con cabeza!
CÁRPENA vuelve a sollozar, lentamente se va calmando. De golpe se le repite la picazón, se retuerce desesperadamente.
CÁRDENAS: Le dije que su sistema contra la picazón era una mierda, ¿no?
SOLDATI: Sí, gracias.
CÁRDENAS: ¿Por qué agradece? ¿Se está burlando?
SOLDATI: No me burlo, sólo trato de crear un clima positivo.
CÁRPENA: ¡Sabe, sus ‘climas positivos’ me tienen las bolas al plato! Contésteme algo, ¿cuál es su condena?
SOLDATI: ¿Por qué quiere saber?
CÁRPENA: Usted conteste.
SOLDATI (hace cuentas): Setecientos sesenta y cinco años y dos meses.
CÁRPENA: Setecientos sesenta y cinco años y dos meses ¿Y qué le ve de positivo al hecho de estar encerrado setecientos setenta  cinco años y dos meses en un lugar como este y en mi compañía?
SOLDATI: Encontrando un motivo puede sentirse bien.
CÁRPENA: ¿Un motivo?
SOLDATI: Ajá.
CÁRPENA: ¿Cualquiera?
SOLDATI: Uno que le sirva.
CÁRPENA: ¿Cuál es el suyo?
SOLDATI: Rajarme de acá y trabajar con usted.
CÁRPENA: Encuéntreme uno a mí.
SOLDATI: Déjeme ver (piensa) Ya está: agarre, por ejemplo, esa picazón. El primer sistema que le di me dice que no le sirvió y que le sigue picando.
CÁRPENA: Sí, ¿y?
SOLDATI: El segundo es algo más trabajoso, pero la cosa mejora. ¡Ahí tiene su motivo!
CÁRPENA: No entiendo.
SOLDATI: ¡Está lento, lento, Cárpena! Que gracias a mí ahora cuenta con una gamba y un brazo menos. Menos para que le pique.
CÁRPENA: … 
SOLDATI: Un chiste, che.
CÁRPENA: ¡Váyase a la puta que lo parió!
APAGÓN MUY BREVE


ESCENA VIII 
Es el atardecer, SOLDATI y CÁRPENA están en la misma posición que la escena anterior. SOLDATI  ronca con la boca abierta y los lentes para sol puestos, a CÁRPENA se le aparecen las almas de sus víctimas, lo torturan, se debate.
CÁRPENA: ¡Noooo! ¡Noooo! ¡Basta! ¡Por favor, nooooo! ¡Basta! ¡Noooo!
APAGÓN


ESCENA IX
Cuando vuelve la  luz a CÁRPENA le falta el otro brazo. Atado a uno de los laterales del carro se eleva  una vara con un gancho del que cuelga un sachet de suero, a su derecha hay un aparato para medir la frecuencia cardíaca del que salen cables que se conectan a su pecho. Está débil y tiene muy mal aspecto. SOLDATI, siempre encadenado, está parado a su izquierda.
SOLDATI: Función de circo, ¿sí?, la carpa llena de público y en la primera fila, en su sillita de ruedas, un paralítico. Comienza el espectáculo: pasan los payasos, hacen su número, se pegan bifes, pasan los equilibristas, caminan por el alambre, y llega el turno del domador y los leones. Entonces vienen los que arman, ponen las rejas, entra el domador con el látigo, sueltan a los leones y estos empiezan con las pruebas: se suben a una tarima, el domador les pone el aro prendido fuego, pega con el látigo ¡Chassss! Y los leones saltan por el aro. El público aplaude entusiasmado. Pero en un momento uno de los leones va hacia las rejas, se apoya con las tremendas manazas y ¡paf!, las rejas que caen y los tres leones hambrientos que encaran para el lado del público. ¡Tremenda escena de pánico! La gente que se da vuelta y empieza a correr despavorida hacia la salida, y el paralítico que, último, gira con su sillita y también empieza a salir. Entonces el domador desde el medio de la pista que ve que el primero de los leones ya tiene su tremenda bocaza en la nuca del paralítico y grita: “¡EL PARALÍTICO, EL PARALÍTICO!” Y el paralítico que se da vuelta y le dice: “¡HIJO DE PUTA, DEJÁ QUE ELIJAN LOS LEONES!” CÁRPENA: …
SOLDATI: ¡Juá, juá! “¡Hijo de puta, dejá que elijan los leones!”¿No es genial?
CÁRPENA: …
SOLDATI (ante la inexpresividad del otro): ¡Afloje, che, no me haga sentir más mal de lo que me siento! (Cárpena se mantiene inmutable, con nerviosismo señalándole la nueva herida) ¿Le duele mucho? (Cárpena ídem) Ah, Cárpena, me olvidaba, tengo una sorpresa para usted, esto le va a encantar (llama) ¡MOROCHO!
Entra el guardia trayendo un sobre floreado con un moño.
SOLDATI: Acá al Morocho le pareció un detalle envolverlo para regalo.
El guardia le alcanza a CÁRPENA el sobre, pero este,  lógicamente, no puede recibirlo.
SOLDATI: ¡ABRÍSELO, ANIMAL!
El guardia abre el sobre, saca un folio escrito, sellado y firmado  y se la acerca a CÁRPENA para que lea.
SOLDATI: La aceptación para su cambio de celda. Fíjese qué detalle: firmada por el personal de guardia completo y todos los internos del pabellón especial. ¿Vio cómo finalmente llegó?
CÁRPENA: …
SOLDATI: ¿No va a decir nada?
CÁRPENA (con debilidad): ¡Guárdesela!
SOLDATI: ¿Cómo?
CÁRPENA: ¿Es sordo? Que se la guarde, no la quiero.
Pausita, SOLDATI pasa del desconcierto a la emoción, lloriquea, CÁRPENA lo mira con curiosidad.
SOLDATI: ¡Discúlpeme! No sé qué me pasa, últimamente lloro por todo. Sabe qué, yo lo sabía, estaba seguro que la iba a rechazar. Aunque usted no quiera reconocerlo, entre nosotros… (lloriquea) se ha creado un vínculo, Cárpena, algo muy fuerte, algo –como se dice- ‘indisoluble’. Ya tengo la confirmación, sabe, nuestro destino al final es Sierra de la Ventana. Se atrasó un poco porque se nos coló un buchón, hubo un allanamiento, cayeron dos de mis contactos, en fin, una historia fea. Pero ya está cerrado, ahora sólo hay que esperar el...
CÁRPENA (interrumpiéndolo): Me retumba la cabeza, le molestaría mucho quedarse un rato en silencio.
SOLDATI: No para nada, es más, voy a aprovechar porque me quedaron por hacer dos series de treinta abdominales…
SOLDATI vuelve a su carro, se acomoda  y se las arregla para hacer algo parecido a abdominales, que acompaña con la respiración.
SOLDATI: 8, 9, 10, 11…
CÁRPENA: Hasta acá llegué.
SOLDATI: ¿Qué dice?
CÁRPENA: Nada que le importe.
SOLDATI: No, dele, dijo algo.
CÁRPENA: Que no puedo más.
SOLDATI: Juá, juá. ¿Yo hago los ejercicios y usted se cansa?
CÁRPENA: Me quiero morir.
SOLDATI: No diga disparates, si está entero, Cárpena.
CÁRPENA: Mire, no pienso gastar aliento con usted. Tiene que hacerme dos favores. El primero es que termine con lo que empezó.
SOLDATI: ¿Qué quiere decir?
CÁRPENA: Que termine con la faena (pausita, SOLDATI lo mira sin entender) ¡Que me coma, hombre!
SOLDATI: ¡Avise, che! Pero mire las cosas que se le ocurren. Que yo lo coma.
CÁRPENA: Está todo muy claro, Soldati, no se crea que le guardo rencor. Además no se de mucha importancia, usted es apenas un instrumento, está acá para cumplir con una misión.
SOLDATI: ¡Qué misión ni ocho cuartos, a mí déjeme de joder con esas pavadas! Usted además de mi amigo es mi socio, en un par de días tenemos mucho trabajo por hacer.
CÁRPENA (afiebrado): ¡Oh, muerte esquiva dónde está tu aguijón! (se entreduerme)
SOLDATI: ¡Ey!
CÁRPENA (reaccionando a medias): ¿Qué quiere?
SOLDATI: Recién habló de dos favores, ¿cuál es el otro?
CÁRPENA: Ah, nada, olvídelo…
SLDATI: No, dele, no me deje con la intriga.
CÁRPENA: Como usted no los aprovecha, le pensaba pedir que informara que quiero donar mis órganos.
SOLDATI: Basta, le pido por favor, me va a hacer chivar en serio. Usted está hecho un pibe. Hágase unos ejercicios, dele.
CÁRPENA de golpe se tienta.
SOLDATI: ¿De qué se ríe?
CÁRPENA: Esas flexiones que usted hace.
SOLDATI: ¿Qué tienen?
CÁRPENA: No creo que yo vaya a poder.
SOLDATI: ¿Por?
CÁRPENA: Me puede agarrar un calambre.
Los dos estallan en una carcajada.
SOLDATI: ¡Un calambre! (no pueden parar de reír) ¡Un calambre! ¡Me jodió! Vio que se puede.
Paran de reír. Pausita.
CÁRPENA (desfalleciente): Me-mue-ro (se entreduerme, reacciona) Snif, snif.
SOLDATI: Eso. Si no quiere hacer ejercicios, por lo menos huélase algo. Dele.
CÁRPENA: Snif.
SOLDATI (entusiasmado): Cuente, ¿qué huele, Cárpena?
CÁRPENA: Mierda.
SOLDATI: ¿Mierda? ¿Cómo mierda?
CÁRPENA (casi sin aliento): Lo huelo a usted, todo usted es un gran pedazo de mierda, Soldati.
SOLDATI: ¿Por qué me habla así?
CÁRPENA: Porque es la verdad, usted es un psicópata que está podrido por fuera y por dentro.
SOLDATI: No me trate así (lloriquea) Yo no le diría nunca una cosa así a un amigo.
CÁRPENA: ¿Un amigo? Lo último que haría en la vida es ser su amigo. Usted es una comadreja, una triste bestia carroñera.
SOLDATI (lloriqueando): ¡Cállese! Sabe que no puedo discutir.
CALLESE: Aparte, sépalo: también le faltan algunos fósforos en la caja. ¡Triste carnicero! ¡Haga lo único que sabe hacer! ¡Chacal!
SOLDATI: Yo nunca le falté el respeto, Cárpena, todo este tiempo para mí ha sido como un maestro, usted es mi ejemplo a seguir.
CÁRPENA: Cortar, destazar y comer. ¡Alimaña! Acaba con la vida de alguien y ni siquiera se da cuenta.
SOLDATI: ¡Mentira! Compartimos la celda. ¿Quién lo viste, quién le ayuda a orinar ahora que no tiene manos? Usted es mi único amigo.
CÁRPENA: Los desquiciados como usted no tienen amigos. ¡TERMINE LO QUE EMPEZÓ!
SOLDATI: ¡Cállese! (lloriquea) No me humille.
CÁRPENA: ¡CÓMAME! ¡BESTIA, BUITRE CARROÑERO, LE DIJE QUE ME COMA! ¡CÓMAME! ¡CÓMAME!
SOLDATI: ¡BAS-TA!
SOLDATI  salta de su carro, con un aullido animal va hasta CÁRPENA, le clava un tarascón en el cuello. CÁRPENA lanza un grito agónico.
APAGÓN


ESCENA X
Cuando vuelve la luz  SOLDATI está solo,  con el carro inclinado tomando sol. Tiene la boca y la barbilla manchadas con sangre. Está relajado, canta.
SOLDATI: “Quieren matar al ladrón / qué se robó a una mujer, quieren, quieren / Quieren saber dónde está / nunca lo van a saber / yo sé porque, yo se porqueeee”… (llama) ¡MOROCHO! ¡MOROCHO!
Entra el guardia, se acerca a SOLDATI, saca un pañuelo y le limpia la boca.
SOLDATI: Llevate el Sapolán y dejámelo en la repisa. Fijate que la ropa para el lavadero está debajo de la litera. Limpiá bien y todo lo que no sea mío tiralo.
El guardia alza el pote de bronceador y sale. SOLDATI vuelve a cantar.
SOLDATI: “Yo soy ladrón porque Dios quiso / que en mi camino se cruzara / y que a pesar de tener novio / que ella de mí se enamorara”…
Efecto de luces muy leve (el mismo que se producía cuando CÁRPENA era torturado por sus fantasmas) SOLDATI se interrumpe, vigila el entorno, pero enseguida vuelve a lo suyo.
SOLDATI:Yo soy ladrón porque en tus ojos / brillo la luz de una esperanza /
y no pensé en las consecuencias / sólo pensé en llevarte a casa”…
Vuelve a producirse el cambio de luces, esta vez más marcado. SOLDATI ahora se interrumpe, con inquietud busca, husmea el aire.
SOLDATI: ¿Cárpena?... ¿Cárpena? ¿Es usted? (cambiando, le da gracia su ocurrencia) Juá, juá. ¡Qué estupidez! “Quieren matar al ladrón, que se robo una mujer / quieren, quieren / Quieren saber dónde está / nunca lo van a saber / yo sé porque, yo se porqueeee”…
La luz comienza a bajar. Mientras SOLDATI sigue cantando, regresa  el guardia trayendo en un carro a otro preso con bozal y grilletes, lo coloca a su lado, SOLDATI deja de cantar y mira hacia el recién llegado.
SOLDATI: Calor, ¿no?

APAGÓN FINAL